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18/04/2005
Un parlamento sin horizonte definido
Editorial de GARA, diario abertzale
Las elecciones autonómicas celebradas en la jornada
de ayer en los territorios de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa
arrojan unos resultados sensiblemente diferentes a
los que ofrecían los sondeos publicados en los últimos
días, en especial en lo que se refiere al número de
votos y diputados obtenido por la coalición PNV-EA
y a la brillante entrada de EHAK. En cuanto a la primera
cuestión, la apuesta de Juan Jose Ibarretxe por
superar en escaños a la suma de los partidos constitucionalistas
PSOE y PP ha resultado una quimera, por lo que la
repetición de la fórmula del Gobierno tripartito se
antoja, en principio, harto complicada. Sin embargo,
el revés sufrido por las listas de PNV-EA no cambia
un hecho político fundamental, como es que la dirección
del Partido Nacionalista Vasco tendrá en los próximos
días sobre la mesa una disyuntiva estratégica determinante.
O bien opta por profundizar en la dinámica soberanista,
lo que pasa de forma ineludible por entablar un diálogo
sincero con la izquierda abertzale, que sale muy reforzada
de los comicios, o por el contrario renuncia a ese
camino de esperanza para este pueblo y vuelve a intentar
fórmulas ya conocidas en la etapa Ardanza,
alcanzando nuevos acuerdos autonomistas con el PSOE.
Cuando en las decisiones estratégicas pesan más las
cuentas de los escaños parlamentarios de una parte
del país, no lo olvidemos y las correspondientes
opciones de formar gobierno y mantenerse en el poder,
sobre una mirada nacional, lo más probable es que
la segunda opción sea la ganadora en la encrucijada
jeltzale. De todos modos, es aún temprano para adelantar
acontecimientos y habrá que esperar los próximos movimientos
de todos los agentes implicados, no sólo los del PNV,
para valorar esas circunstancias.
Los datos, por otra parte, confirman que el partido
que gobierna en Madrid obtiene una renta electoral
considerable en este tipo de elecciones, lo que ha
dado la vuelta a la relación de fuerzas entre PSOE
y PP, ahora a favor del primero. La candidatura de
Patxi López queda lejos de la victoria, pero
lidera ahora el bloque estatalista y puede aspirar
a un mayor protagonismo que el mostrado en años anteriores.
Ezker Batua, por el contrario, no cumple con sus expectativas
tras cuatro años pisando poder autonómico en el Gobierno
de Lakua y repite escaños, mientras que Aralar se
estrena en el Parlamento de Gasteiz con un simbólico
escaño por Gipuzkoa y un porcentaje de votos por debajo
del 3% en el cómputo global.
Pero por encima de los cálculos de todo esos partidos
se sitúa la irrupción en la cámara de Gasteiz de Euskal
Herrialdeetako Alderdi Komunista (EHAK), una formación
que ha recogido en sus candidaturas la demanda de
democracia y de paz presentada en el velódromo de
Anoeta por la izquierda abertzale el pasado 14 de
noviembre. En una condiciones absolutamente antidemocráticas,
con las listas de Batasuna y Aukera Guztiak ilegalizadas
y con la espada de Damocles de la Fiscalía española
sobre la propia EHAK, el resultado obtenido por esta
formación es espectacular, con alrededor de 150.000
apoyos populares. Todos los portavoces del tripartito
que han intentado socavar la posición de EHAK, hablando
incluso de pactos secretos con el PSOE, deberán ahora
contar con un grupo parlamentario que será la llave
de cualquier fórmula de solución y, asimismo, una
barricada parlamentaria para impedir volver a pactos
que pretendan restaurar un estatutismo ya fenecido.
Si se une al déficit democrático en que se han realizado
las votaciones la complicada matemática parlamentaria
resultante de las mismas, parece evidente que de no
darse un pacto soberanista de largo recorrido o un
acuerdo PNV-PSOE, nos encontramos ante un parlamento
con clara vocación de provisionalidad.
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Plan fracasado
Editorial de El Correo vasco
Las elecciones al Parlamento vasco ofrecieron ayer
un resultado que demuestra el fracaso del plan Ibarretxe
como elemento de enganche del nacionalismo gobernante,
dispersa el voto abertzale y permite recuperar posiciones
a las formaciones no-nacionalistas. El panorama resultante
obliga al entendimiento pero, al mismo tiempo, complica
la gobernabilidad del país. Frente a la excepcional
participación de 2001, la menor afluencia de los electores
ayer acabó favoreciendo a una izquierda abertzale
revitalizada con la aparición de las siglas EHAK.
El convocante de las elecciones, el lehendakari Ibarretxe,
disolvió la Cámara vasca tras recibir la rotunda negativa
de las Cortes Generales a la tramitación de su plan.
Es cierto que durante la campaña, Ibarretxe
y su partido han mantenido el proyecto de nuevo estatuto
para Euskadi en un segundo plano de su mensaje, oculto
tras su llamamiento a reunir los votos suficientes
para obligar a negociar a Rodríguez Zapatero
y a Rajoy. Pero de igual forma que la victoria
de 2001 le permitió a Ibarretxe interpretarla como
un mandato para la elaboración y tramitación de su
plan, parece evidente que los resultados de ayer desautorizan
lo anunciado por Ibarretxe respecto a sus propósitos
inmediatos. El hecho de que tras forzar al límite
los esfuerzos por sacar adelante el plan, Ibarretxe
haya obtenido tan exigua renta es el reflejo de dos
hechos evidentes: dentro de la comunidad nacionalista
han sido las posturas más independentistas las que
han capitalizado la efervescencia soberanista, mientras
que la actitud supuestamente negociadora del lehendakari
no ha cuajado ni un ápice entre los electores no nacionalistas.
La fingida centralidad de la que el lehendakari Ibarretxe
ha venido haciendo gala ha mostrado su fragilidad,
hasta el punto de que resultaría absurdo que él y
su partido se empecinaran en amarrarse a un proyecto
naufragado por miedo al vacío.
El panorama político resultante se atomiza en la medida
en que a las seis opciones electorales que logran
representación, y a la luz del propio resultado obtenido,
habría que sumarle la actitud que vaya a mantener
Eusko Alkartasuna. Pero, además, la decepción que
el escrutinio ha debido suscitar en el seno del PNV
reabrirá el debate interno sobre la orientación que
la política jeltzale ha de adoptar en adelante. En
2001 la coalición PNV-EA optó por un compañero -Ezker
Batua- conformando una alianza tripartita que el propio
lehendakari Ibarretxe convirtió en su opción de futuro.
Esa opción, que a lo largo de la pasada legislatura
y con 36 escaños, resultó insuficiente para garantizar
una gobernabilidad estable ha pasado a sumar 32, convirtiéndose
en una solución caótica para el gobierno de Euskadi.
Ibarretxe, como candidato a lehendakari de la primera
fuerza política, deberá asumir el cometido de entablar
las negociaciones para la formación del próximo gobierno.
Pero el escenario de esa negociación es tan distinto
al que él se imaginaba previamente que incluso ha
podido erosionar su liderazgo respecto a su partido
y a la coalición con EA.
La irrupción de la izquierda abertzale en el Parlamento
vasco mediante un procedimiento que sortea los requisitos
de la Ley de Partidos constituye una noticia dolorosa,
especialmente para quienes de forma más directa han
sufrido y continúan padeciendo los efectos del acoso
terrorista, e implica un motivo de preocupación en
lo que puede representar un factor de recuperación
anímica de la trama que rodea al terrorismo etarra.
Sin embargo, todo ello no puede negar la otra evidencia:
la existencia en Euskadi de 150.000 personas dispuestas
a secundar el discurso de la izquierda abertzale,
mientras se muestran entre satisfechas e indiferentes
respecto al daño que en vidas y en libertad viene
causando ETA.
La sociedad vasca y el conjunto de la sociedad española
necesitan que las instituciones de Euskadi regresen
a la normalidad. Es imprescindible que el País Vasco
se dote de una mayoría de gobierno suficiente que
cuente con el respaldo necesario para administrar
los recursos legales y materiales de la autonomía.
Junto a ello, los resultados invitan y obligan a restablecer
cauces de entendimiento y consenso que, desde la renuncia
a posiciones unilaterales y a la amortización soberanista
del Estatuto, exploten las potencialidades que encierra
éste. El PNV ha salido de las urnas como el partido
llamado a iniciar las gestiones que garanticen la
gobernabilidad de Euskadi. Pero es evidente que el
escrutinio le obliga a revisar y corregir el rumbo
que adoptó hace ya siete años. La opinión pública
vasca y el resto de las fuerzas democráticas pueden
respetar un tiempo de 'impasse' para ver hacia dónde
encamina sus pasos el PNV. Pero el partido de Imaz
e Ibarretxe, de Egibar y Arzalluz no podrá
esperar comprensión alguna si trata de soslayar las
evidencias electorales y continúa por la vía del soberanismo
como si aquí no hubiese pasado nada.
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Los vascos piden diálogo
Editorial de Deia
LAS ELECCIONES CELEBRADAS ayer en la CAV han diseñado
un Parlamento que no puede reflejar con mayor fidelidad
la pluralidad de una sociedad. Quien quiera gobernar
está obligado a pactar y con más de un socio. El tripartito
que ha venido gobernando con treinta y seis escaños,
suma ahora treinta y dos, uno menos que los que acumularían
juntos el PSE y el PP, en el improbable caso de que
unieran sus fuerzas después de la reacción de ayer
de Acebes acusando a Zapatero nada menos que
de haber salvado a ETA. El actual tripartito podría
incluso empatar mediante algún tipo de acuerdo con
Aralar, que se convierte en fuerza parlamentaria también
en la CAV, gracias al escaño obtenido en Gipuzkoa.
LAS NOCHES ELECTORALES suelen ser pródigas en tópicos,
como ése que asegura que todos los partidos se sienten
ganadores. Las elecciones de ayer las ha ganado la
coalición PNV-EA, que ha obtenido nueve escaños y
dieciséis puntos porcentuales más que el segundo.
Los casi ciento cincuenta mil votos perdidos desde
la última cita habrá que endosarlos a los votantes
de la izquierda abertzale que entonces decidieron
prestárselos y ahora no, y a la abstención, que, en
apariencia, ha castigado más que a nadie a la coalición.
Le tocará por lo tanto a su candidato, el ahora lehendakari
en funciones Ibarretxe, iniciar los movimientos
para sumar las fuerzas necesarias que le permitan
formar gobierno.
Ha sido el PSE de Patxi López quien más ha
subido en escaños, cinco, gracias a cosechar apenas
diecinueve mil votos más que en 2001, y a costa fundamentalmente
de los cuatro que pierde el PP de María San Gil,
además de algún capricho de la Ley D`Hont. El efecto
funicular en el lado de obediencia españolista, tiene
su contrapartida en la parte abertzale del Parlamento.
PNV-EA pierde cuatro escaños, tres de los cuales van
a parar a EHAK y Aralar para conformar una Cámara
más abertzale que la recién disuelta en términos
de porcentaje de voto. Un dato que el PSOE haría bien
en tener en cuenta antes de proclamar la 'muerte'
del llamado Plan Ibarretxe.
El rotundo fracaso de la ley
de partidos
Editorial de Deia
AL MARGEN DEL ANÁLISIS DE LOS datos, hay otra lectura
que conviene hacer de estas elecciones: la del fracaso
rotundo de la Ley de Partidos. El PSOE y el PP, sus
únicos muñidores y valedores, pueden apuntarse el
tanto de haber propiciado el reforzamiento electoral
de la izquierda abertzale que pretendían borrar del
mapa político. Los siete escaños que obtuvo SA hace
cuatro años se han convertido ahora en los nueve con
los que irrumpirá EHAK en el Parlamento de Gasteiz.
Bien es cierto que aunque la mejoría es sustancial,
la izquierda abertzale está más cerca de su suelo
electoral de los siete escaños de 2001, que del techo
de catorce que obtuvo en 1998, en plena tregua, dato
que tampoco ETA debería echar en saco roto. Los ciento
cincuenta mil ciudadanos a los que pretendieron dejar
sin voz, estarán numerosamente representados en Gasteiz.
EHAK llega a la Cámara convertido en una fuerza que
probablemente será más decisiva que el PP a la hora
de propiciar la gobernabilidad. Así se entiende la
grave acusación de Acebes a Zapatero. La voluntad
manifestada por Otegi de buscar y propiciar
negociaciones multilaterales, dibuja un nuevo escenario.
Si EHAK es un partido legal a todos los efectos, habrá
que ser consciente de su peso parlamentario.
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A la búsqueda de nuevas
alianzas
Editorial de El Diario de noticias de Álava
CADA fuerza política de las que han competido en las
elecciones de la CAV, como suele ser habitual, hará
su particular lectura pública del resultado, por supuesto
en clave de satisfacción. Otra cosa será la reflexión
interna, posiblemente para algunos más severa si se
hace con la necesaria honestidad. Si algo ha quedado
claro tras el 17-A es que, por más que se hayan producido
trasvases de votos y movimientos internos entre los
partidos, las dos grandes concepciones sociopolíticas
de la realidad vasca permanecen prácticamente invariadas
o con cambios no significativos. La sociedad vasca
sigue definiéndose como una foto fija, en la que todavía
los partidarios de la autodeterminación son algo más
del 60%, mientras que el resto de los ciudadanos prefiere
mantener el actual marco jurídico.
Por más vueltas que se le quiera dar, ni los primeros
están en disposición de integrar un Gobierno en mayoría,
ni los segundos tienen posibilidad alguna de formar
mayoría. Esta circunstancia, la imposibilidad de formar
mayorías por parte de cada uno de los bloques, es
quizá la más interesante consecuencia del resultado
electoral. La reedición del tripartito PNV-EA-EB implicaría
repetir el bloqueo parlamentario de la legislatura
anterior, con lo que ello supone de desgaste, de inoperancia
y de frustración para la sociedad vasca, cansada ya
de soportar la antinatural coincidencia de PSE, PP
y Batasuna en cualquiera de sus variantes para impedir
cualquier iniciativa del tripartito que no les gustase.
Con estos resultados, es el momento de que los partidos
escuchen la clarísima voz de la sociedad vasca y atiendan
su clamor de integración, de transversalidad, de nuevas
alianzas que propicien el avance de una sociedad plural,
muy plural, que desea desesperadamente la paz. Y sólo
desde la transversalidad parece que puedan darse pasos
firmes en esa dirección. Esta constatación, la necesidad
de todos para la normalización y para la pacificación,
debe ser asumida sobre todo por las dos fuerzas políticas
que en la legislatura anterior se situaron al margen
y que en esta nueva etapa debieran participar, el
PSE y quienes han cedido su voz a Batasuna, el PCTV-EHAK.
Es precisamente este partido, el pintoresco EHAK,
el que con su irrupción vigorosa en el Parlamento
ha constituido la mayor sorpresa en los resultados
electorales. Sus 9 escaños, en principio inquietantes
por desconocerse su futura actividad política, incluso
su futuro propiamente dicho, serían la clave para
la formación de mayorías si su presencia parlamentaria
fuera la habitual. Son una incógnita, pero de su éxito
innegable pueden deducirse importantes reflexiones.
En primer lugar, y sobre todo, que, trampeando o no,
han logrado que todas las voces puedan ser escuchadas
en la Cámara vasca. Además, con su importante presencia
parlamentaria se ha vuelto a comprobar que ni por
la vía de la represión ni por la de la legislación
especial pueden solucionarse fenómenos sociales como
esa izquierda abertzale histórica, por más
que algunos sigan empeñados en protestar absurdamente
porque siguen convencidos de que ETA está presente
en el Parlamento. El numeroso voto a EHAK ha demostrado
que 150.000 vascos han estado dispuestos a hacerle
un corte de mangas al sistema, 150.000 votos de protesta
porque al 99,9% de quienes han votado esa opción muy
probablemente les tiene sin cuidado el anacrónico
programa del Partido Comunista de las Tierras Vascas.
Pasó el 17-A, y pasó con una abstención que puede
considerarse normal porque lo de 2001 fue irrepetible
y, además, todos los partidos contendientes se han
preocupado de no repetir aquella insoportable crispación,
aquella irreconciliable polarización que tanto daño
ha hecho a Euskadi.
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