Zapatero sugiere la posibilidad de negociar con ETA en una exposición parlamentaria de autocomplacencia
Excesivamente larga y triunfalista la exposición de José Luis Rodríguez Zapatero en el primer Debate sobre el Estado de la Nación que afronta como presidente del Gobierno: noventa y cinco minutos de lectura ininterrumpida de los 21 apretados folios que le han preparado sus asesores y en los que ha abordado todos los aspectos de la política nacional e internacional española, pero dejándose deliberadamente en el tintero datos esenciales sobre la nueva configuración que pretende para España y en los que, desde luego, no ha habido ni una sola palabra de autocrítica. Sí hizo, sin embargo, Zapatero un importante anuncio al inicio de su exposición inicial: ha sugerido la posibilidad de abrir un proceso de negociación política con ETA y se ha comprometido a acudir al Parlamento para analizar con todos los grupos políticos los pasos a dar y cómo para, entre todos, poner fin al terrorismo en España.
11/05/2005
Manuel Ángel MENÉNDEZ/Madrid
Rodríguez Zapatero
hizo lo que a todas luces parece un anuncio con dos frases muy crípticas que han levantado ampollas. Primera frase:
"Hoy reitero ante la Cámara que el fin de la violencia no tiene precio político, pero la política puede contribuir al fin de la violencia"
. ¿Sugiere el presidente del Gobierno que está dispuesto a negociar con ETA? Para algunos, ésa sería la lectura correcta, si tenemos en cuenta que su partenaire
Josep Lluís Carod-Rovira
acaba de decir que en dos años se acaba con la violencia de ETA y que se están haciendo muchas cosas y que van muy avanzadas.
Segunda frase, que corresponde, en realidad, a un globo sonda a la espera de las reacciones que se producirán a lo largo del debate:
"Si se diera el caso, me comprometo formalmente a acudir ante esta Cámara para explicar los pasos a dar [para alcanzar el fin de la violencia] y para solicitar el respaldo de todos los grupos políticos al logro de la gran aspiración poner fin al terrorismo en España"
. Pero ni una palabra a su entrevista con Juan José Ibarretxe y a lo pactado para formar Gobierno en Euskadi. Ni una palabra sobre los 'contactos informales' con Batasuna, ni una palabra sobre la posible ilegalización de PCTV-EAHK.
Desde luego, Zapatero ha desmentido a los apocalípticos mediáticos que vaticinaban que el presidente daría por muerto el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo firmado con el PP. Nada de eso: Zapatero ha exigido una vez más
"olvidar la confrontación partidaria en la lucha contraterrorista"
y le ha recordado a
Mariano Rajoy
que
"el Pacto obliga cuando se está en el Gobierno y también cuando se está en la oposición: cuando se está en el Gobierno se agradece el apoyo y cuando se está en la oposición hay que dar el apoyo"
. Es decir, la reafirmación de que el Pacto con el PP sigue vivo, pero la exposición de la necesidad de que hay que ampliar acuerdo con todas las fuerzas políticas para conseguir el fin de la violencia en España:
"ETA sólo tiene un camino: disolverse y deponer las armas"
. Pero
"no a cualquier precio"
, según le gritaban algunos diputados del PP desde sus escaños en el hemiciclo.
De sus casi dos horas de exposición inicial, Rodríguez Zapatero dedicó diez minutos a hablar sobre terrorismo y política antiterrorista con una técnica que recuerda a aquella máxima sobre que la mejor defensa es un buen ataque: lo primero, el recuerdo para todas las víctimas del terrorismo -no sólo del 11-M, Zapatero quiere evitar susceptibilidades-, su compromiso económico con las mismas (1.250 personas indemnizadas por su Gobierno, 415 pensiones concedidas, etcétera), los esfuerzos en política antiterrorista desarrollados por Interior (creación del CNA, mando único, 700 efectivos en total más para lucha contra el islamismo radical...) y los éxitos de su ministro Alonso contra ETA (175 detenidos en sólo un año). Eran dignos de verse los gestos del ex ministro de Interior con
Aznar
,
Ángel Acebes
, desde su escaño.
Y una advertencia final antes de entrar en materia:
"Violencia y política no deben cruzarse. Por eso he querido hablar primero del terrorismo, por eso he querido hablar primero de la vida y la libertad de los ciudadanos"
para, una vez hecho el paréntesis,
"hablar de nuestras distintas opiniones"
.
El resto del discurso no ha aportado apenas novedades a lo ya conocido: ha sido un discurso-recordatorio de logros en un sólo año, construido con tal triunfalismo que ha merecido los reproches entre bastidores de hasta su 'socio' parlamentario
Gaspar Llamazares
. Y no digamos de la oposición.
Era evidente que Zapatero se sentía a gusto y apoyado desde la tribuna de invitados por su mujer,
Sonsoles Espinosa
, su padre y su hermano, por un lado, las personas que más pesan que en su vida personal y política, y, por otro, por el secretario general de los socialistas vascos y candidato a
lehendakari
,
Patxi López
, por el presidente del Senado,
Javier Rojo
, y por el presidente de Aragón, Marcelino Iglesias, que no se pierde una. Pero las tribunas de invitados estaban semivacías -no estaban, desde luego, ni Chaves ni Rodríguez Ibarra, ni muchísimo menos
Pasqual Maragall
-, lo que demuestra el poco entusiasmo entre dirigentes políticos y/o autonómicos que ha despertado este primer debate de Zapatero ya como presidente del Gobierno.
El discurso de Zapatero ha sido completísimo en la forma -ha adolecido, como decimos, de un excesivo metraje-, pero casi vacío en el fondo, porque los asesores presidenciales se han limitado a escribirle un discurso en forma de compendio autolaudatorio de
"todo"
lo que se ha hecho en
"sólo"
un año de Gobierno. Ha hablado de vivienda, ha dicho que se han liberado cinco millones de metros cuadrados para pisos de interés social, pero ni siquiera ha mencionado los 'nichitos de soltero' de 30 metros cuadrados que propone su ministra
Trujillo
. Y mucho menos ha reconocido que las 180.000 nuevas viviendas para menos favorecidos -gran promesa electoral que recuerda a los 800.000 empleos que se prometieron en las elecciones de 1982- han pasado dormir el sueño de los justos.
En política de Interior ha destacado la ampliación de plantillas en Policía y Guardia Civil, pero ha obviado que esa ampliación es insuficiente -se pierden aún puestos al año que los que se ganan, contando incluso con la ampliación proyectada- y desde luego no ha dicho una palabra sobre el carácter que le quiere imprimir a la Guardia Civil o el sistema resultante después de los repliegues que se tienen que establecer, por ejemplo, en Cataluña.
En economía, el presidente no ha sido autoadulatorio: ha sido, simplemente, lo más parecido a un dios con una formulación que ha recordado al
"váyase, señor González"
(crítica acerada al fallo que, según él, han tenido los populares en sus predicciones en ésta y otras materias) y al
"España va más que bien"
de un presidente pretérito al que los mismos socialistas calificaban de 'endiosado' y falto de autocrítica. La economía, según el presidente, crece más que nunca y si hemos terminado 2004 con déficit es porque el Estado ha tenido que asumir la deuda que dejaron 'los otros': lino, Izar, Renfe, RTVE... En definitiva, una frase que lo explica todo:
"Crecemos más, crecemos más en empleo y encima no trucamos las cifras"
.
En política exterior, la consabida retahíla de que hemos vuelto al seno de Europa, mejorada relaciones con el Magreb y en el Mediterráneo, estrechado más lazos con América Latina... pero ni una referencia a que
George Bush
no se le pone siquiera al teléfono o a la venta de armas al venezolano
Chávez
o, en fin, la política seguida con Cuba que es por donde Rajoy quiere pillarle. Sí ha habido en este punto -extraño ha sido, en verdad- el reconocimiento de una dificultad, que ha sonado más bien a una petición de excusas anticipadas: la
"negociación difícil"
que habrá que llevar con Bruselas para los futuros fondos que provengan de Europa.
Educación cooperación internacional, asuntos sociales han sido otros tantos temas de parabienes para sí mismo: más y mejores becas, concertación, acuerdo, talante y conquista de derechos sociales a sectores marginados -matrimonio homosexual, nuevas leyes de divorcio, etc-, pero ni una palabra a los conflictos con la Iglesia y otros sectores sociales, ni un mínimo desarrollo de los nuevos planes de educación...
Y finalmente, el tema más esperado: el Estado autonómico. Zapatero ha repetido mucha doctrina, pero pocas concreciones: ni una referencia explícita a los Estatutos de Euskadi o Cataluña, a sus planes sobre qué modelo autonómico quiere o a los plazos para la reforma constitucional. Sí ha reconocido que es necesaria una revisión del actual sistema de financiación autonómica, y ha 'reanunciado' lo que ya se anunció hace ocho meses: que en la próxima Conferencia de presidente autonómicos se abordará la mejora de la financiación sanitaria y las bases para una nueva financiación autonómica. Pero, ¿qué opina de la propuesta catalana de recaudar sus impuestos y ceder sólo el 50 % como máximo y siempre y cuando el 18 % le reviertan en infraestructuras? Silencio presidencial.
Ha sido, en definitiva, una exposición antológica, porque puede ganar un puesto en el libro de los récords en cuanto a autocomplacencia, triunfalismo y encantamiento por haberse conocido.
Por lo demás, la exposición presidencial ha contado con una 'cierta' cortesía parlamentaria: Marín ha hecho gala de que, cuando quiere, tiene cintura política y ni una vez ha utilizado el micrófono para reñir a sus señorías. Y eso que desde el Grupo Popular se le decían al presidente lindezas como
"¡Pinocho!"
.
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