El PSOE quiere pactar una resolución que inste al Gobierno a explorar caminos para alcanzar la paz

· El debate sobre el estado de la Nación se salda con la ruptura total entre el PP y el PSOE

Una vez cerrado el debate sobre el estado de la Nación tal y como empezó, con dura polémica, se ha abierto ahora el plazo para la presentación de las resoluciones que serán votadas el próximo martes. No habrá acuerdo con el PP -que insistirá, en solitario, en la ilegalización de EHAK-PCTV-, entre otras cosas porque el PSOE quiere negociar con el resto de los grupos políticos una resolución que inste al Gobierno a explorar todos los caminos posibles para acabar con el terrorismo. En esa misma línea, IU va a pedir la apertura de un foro de debate multilateral para buscar la paz. ERC ha renunciado a presentar iniciativas sobre la superación del Pacto Antiterrorista y la derogación de la Ley de Partidos, papel que dejará al PNV.

12/05/2005
M. Á. Menéndez/C. Moraga/Madrid

En general, todos los grupos parlamentarios, salvo el PP, están de acuerdo que tras los resultados de las elecciones del 17-A se ha abierto un nuevo escenario político en Euskadi que aconseja, igualmente, nuevas acciones políticas encaminadas a buscar el final de la violencia. Los socialistas quieren abanderar ese proceso de paz que, "dado el caso", no excluirá la posibilidad de negociar con ETA. También, y de cara a la votación del próximo martes, los 'socios' del Gobierno -ERC e IU- pactarán con el PSOE un paquete de resoluciones de fuerte contenido social.

Las conversaciones, que se iniciarán en la mañana de este viernes, serán llevadas fundamente por Teresa Cunillera, secretaria adjunta del Grupo Parlamentario Socialista. La primera reunión la tendrá con Joan Tardá, de ERC, y Joan Herrera, de IC-IV.

Esas resoluciones pondrán el broche final al debate sobre el estado de la Nación. Un debate en cuyo cierre, en la noche de este jueves, Rodríguez Zapatero apeló a "la unidad democrática" en contra del terrorismo después de 20 horas de debate efectivo en el que Rajoy y Zapatero plantearon un duelo dialéctico que tendrá inmediatas consecuencias políticas. En un gesto para rebajar la tensión, Zapatero 'perdonó las palabras de Rajoy, que le acusó el miércoles de "traicionar a los muertos": "Para mí, ya están retiradas, nunca se han dicho, están olvidadas". Pero ese 'perdón' no ha servido para templar los ánimos: llegó después de una durísima intervención del portavoz socialista, Pérez Rubalcaba, que tildó el discurso popular de "duro, descalificador, insidioso, injusto y desleal". Con ese antecedente, fue inevitable el choque con el portavoz popular, Eduardo Zaplana. Ahora se abre el plazo para presentar las resoluciones que serán votadas el próximo martes.

Un tenso debate

Pasadas las 20.30 horas, la vicepresidenta primera del Congreso, Carme Chacón, en funciones de presidenta -Manuel Marín se tuvo que retirar por la mañana por una fuerte afección gripal- levantaba la sesión y daba por cerrado el debate sobre el estado de la Nación hasta el próximo martes, cuando se votarán las resoluciones. Pero la polémica con que se abrió el debate un día antes estuvo presente hasta el final: al portavoz popular, Eduardo Zaplana, le fue negada la palabra cuando, apelando al artículo 71.1 del Reglamento, quería 'lavar el honor' del anterior Gobierno del PP, al que, según él, el portavoz socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, había lesionado con "afirmaciones despreciables".

Chacón interpretó que no había tal ofensa y no concedió el turno de réplica solicitado. Además, el jefe de filas del PP, Mariano Rajoy, ni había asistido a la sesión de la tarde ni se encontraba, lógicamente, en ese momento en su escaño. El incidente se saldó con una declaración de Zaplana a la prensa tras levantarse la sesión, en la que anunció que presentará todos los recursos necesarios hasta que se les reconozca su derecho a la réplica por el 'decoro y honor' de su grupo.

El incidente se produjo inmediatamente después de intervenir el portavoz del Grupo Socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, e inmediatamente antes de la réplica por parte del presidente Rodríguez Zapatero, quien cerraría el debate. La réplica de Zapatero fue muy breve, como era de esperar, y sólo para hacer una llamada a la "unidad democrática" en contra del terrorismo y para perdonar a Rajoy, quien le había acusado de "traicionar los muertos", pese a que el jefe de la oposición no había retirado sus palabras y éstas siguen constando en el acta de la sesión: "Para mí, ya están retirada, nunca se han dicho, están olvidadas", dijo Zapatero, quien, no obstante, fracasó en su intento de mediación.

En la segunda y última sesión del debate sobre el estado de la Nación se ha podido constatar que la paz no es posible entre los grupos mayoritarios de la Cámara, PP y PSOE, pero, también, que los populares se encuentran en la más absoluta soledad parlamentaria, como se encargó de arrojárselo a la cara Pérez Rubalcaba: "Piensen, ¿con quién pueden ustedes pactar aquí?... Con nadie".

Efectivamente, en esta segunda sesión se ha constatado que, en mayor o menor medida, todos los grupos parlamentarios, menos el PP, han brindado su apoyo al Gobierno, tanto el PNV, cuyo portavoz, Josu Erkoreka, abrió la sesión de este viernes, como el resto de los intervinientes: Gaspar Llamazares, de IU; Paulino Rivero, de Coalición Canaria, y todo el Grupo Mixto -Begoña Lasagabaster, de EA; José Antonio Labordeta, de la Chunta Aragonesista; Uxue Barkos, de Nafarroa Bai, y Francisco Rodríguez, del BNG.

La dureza de Rubalcaba

Con la fuerza que da el saberse con tanto respaldo parlamentario, Alfredo Pérez Rubalcaba devolvió, en una larga intervención de 50 minutos, todos los palos que Rajoy había dado al Gobierno socialista en la apertura del debate. Acusó a Rajoy de decir "barbaridades injustas" y tildó su discurso de "duro, descalificador, insidioso, injusto y desleal". Fue demoledor contra el Gobierno de José María Aznar, al que devolvió la pelota sobre las negociaciones con ETA -que también negó Rubalcaba, como antes había negado el propio Zapatero- señalando que quien sí abrió dos "mesas negociadoras" fue el Gobierno del PP, que aprovechó la tregua de ETA tras el Pacto de Estella (1998) para negociar con la banda terrorista.

Rubalcaba respondió con contundencia a la acusación de que el PSOE llegó al poder por la matanza del 11-M: "Ustedes están ahí [en la oposición] por el decretazo, por la contrarreforma educativa, por el Prestige, por el Yak-42, por la guerra de Irak y por las mentiras que dijeron entre el 11 y el 14 de marzo". Otra frase cruel fue que "ustedes quieren tanto a España que la quieren sólo para ustedes y nosotros la queremos compartir". Pero el remate fue que "los españoles no nos merecemos la oposición que ustedes nos hacen". Todo ello, claro, después de calificar la intervención de Rajoy un día antes como "la infamia más grande que he oído jamás en este Parlamento democrático".

En el plano más político, Rubalcaba pidió al PP que no rompiera el Pacto Antiterrorista, pacto que, en cualquier caso, el PSOE va a respetar, según dijo. Incluso indicó su fecha de caducidad: "Cuando ETA deje de matar".

Anteriormente, en una de su múltiples réplicas, el presidente Zapatero aprovechó su respuesta al líder de Coalición Canaria, Paulino Rivero, para lanzar una oferta de paz al PP y "olvidar" sus palabras sobre ETA si "reflexionaba" sobre las mismas. Pero Rajoy y su grupo la rechazaron insistiendo que ellos no se han movido, y que debía ser Zapatero el que rectificara. Rivero había lamentado los enfrentamientos en la lucha contra del terrorismo y había pedido "la unidad de los demócratas", como luego haría el propio Zapatero cerrando el debate.

Tras levantarse la sesión se ha abierto un plazo hasta las 20.00 horas del viernes para que los grupos presenten sus resoluciones, a las que se podrá enmendar hasta las 14.00 horas del próximo lunes. Las resoluciones serán votadas en la sesión del martes.

Aunque las resoluciones no se habían terminado de redactar esta noche, sí se puede constatar que se mantienen profundas diferencias y que el debate sobre el estado de la Nación no ha servido para unificar políticas en aspectos tan básicos como la lucha contra el terrorismo, las reformas constitucional y estatutarias e incluso de financiación territorial, sino para abrir un abismo aún mayor entre el PP y el PSOE. En realidad, entre el PP y el resto de los grupos parlamentarios.

Después de este debate, nadie duda que el pacto por las Libertades y contra el Terrorismo ha quedado definitivamente finiquitado, pero ninguna de las dos partes firmantes ha querido extender el certificado que acredita su final.

Otra consecuencia negativa del debate es que se ha producido un punto de inflexión en el que la política que hará a partir de ahora el PP va a ser aún mucho más agresiva contra el Gobierno socialista. Los populares van a estar muy atentos a que no se produzca ninguna aproximación a ETA y, en este sentido, van a llevar la lucha antiterrorista al duelo político diario. Al decir de algunos, se avecina un periodo muy caliente.

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