En la Galicia profunda, con un posible sucesor de Fraga
Palas de Rei, donde 'Pepiño' no es profeta

Fernando Pensado, alcalde de Palas de Rei, Lugo, cinco mil habitantes, ganó dos veces la confrontación al sillón municipal al socialista José Blanco, hoy 'número dos' del PSOE tras Zapatero. A 'Pepiño' no le han perdonado su éxito político inesperado -lo dicen aquí, en Palas, la localidad natal de Pensado y de Blanco- y no dejan de atacarle en los mítines del mayoritario Partido Popular. Sobre todo, cuando viene de mítin Xosé Manuel Barreiro, el vicepresidente segundo de la Xunta y candidato más probable a sustituir a Fraga, suponiendo que Fraga ganase las elecciones del domingo, claro.

12/06/2005
Fernando Jáuregui/Palas de Rei, Lugo

Quien suscribe se adentró en la Galicia profunda, en la terra cha lucense, en la ribeira sacra, y comprobó que aquí, en el interior, Fraga sigue ganando. Aunque sea ese Fraga que habla de las mujeres que se acuestan con hombres a los que no cuantifican, frase que ha caído como una bomba en la campaña del PP. Pero aquí, en el interior, Don Manuel es una especie de dios, y sus validos, como el presidente de la Diputación Francisco Cacharro, son intocables. Por el momento, claro. Porque una victoria del conglomerado PSdeG-BNG acabaría con todo un estado de cosas en esta zona de la Galicia interior, la Galicia profunda. Y en el resto de esa Galicia fraguistizada.

Lo que ocurre es que el candidato número uno por Lugo, Xosé Manuel Barreiro, que es vicepresidentre segundo de la Xunta -atención a este nombre-, catedrático de Economía por Santiago, tiene poco que ver con esta Galicia profunda, representada por hombres como Cacharro o el presidente de la Diputación de Orense, José Luis Baltar, dos auténticos caciques provinciales, Y menos aún tiene que ver con Xosé Cuiña, que iba para delfín de Fraga antes de resbalar en turbias cuestiones económicas y que ahora debe conformarse con el número cinco en la lista por Pontevedra. Pero a Barreiro, uno de los suyos, uno de los de la 'boina', aunque él esté lejos de llevarla, le apoyan todas estas fuerzas del pasado, a él, que es hombre de futuro. Le apoya también el alcalde de Lalín, que es quien coordina la campaña y que tampoco está lejos de Cuiña. Le quieren en su Lugo natal. Y en Orense. Y, aunque algo menos, en Pontevedra. Y poco en Coruña, y en Vigo, donde el hombre es Alberto Núñez Feijoo, vicepresidente primero de la Xunta, hombre bienquisto en la calle madrileña de Génova, o sea, bienquisto por Rajoy. Lástima que Rajoy, que vale tanto, tenga tan poco peso entre los de la boina, que el mismísimo día 20 de junio, o sea, el lunes de la próxima semana, van a declarar la guerra a Núñez Feijoo, el hombre de Rajoy, a quien aquí se acepta, pero no se ama precisamente.

Suponiendo, claro, que gane Fraga, y que, al cabo de pocos meses, se retire para dejar paso a un congreso que elegirá entre Núñez y Barreiro, a ver cuál de los dos se queda con la presidencia del PP gallego, una jaula de grillos, y de la Xunta. Ocurre que las encuestas de este domingo, que se equivocan bastante, decían que Don Manuel no logrará la mayoría absoluta, o sea, que pierde todo.

Así están las cosas. Este fin de semana, quien suscribe asistió, en Palas de Rei, la localidad que se ha hecho famosa por haber alumbrado, por así decir, a Pepiño, a un mítin de Barreiro, apoyado por el alcalde local, el ya mentado Fernando Pensado, médico local que lleva veinte años liderando la política de Palas, y por el no menos mentado Cacharro, cacique por méritos propios de la provincia lucense. PP en estado puro, aunque el entusiasmo hacia Rajoy sea bastante descriptible. A Barreiro, los que le quieren -y en esta provincia son muchos- dicen que será el presidente de la Xunta. En la costa dicen que quien sucederá a Fraga será Alberto Núñez Feijoo, el candidato de Rajoy. Otros aseguran que, como Fraga no va a ganar, será Touriño -quién sabe si teniendo a Anxo Quintana, del Bloque, como vicepresidente- quien le suceda en el sillón de la Xunta. Hay que esperar. Las encuestas no son demasiado concluyentes y, en todo caso, no se ha computado el veredicto de la inmigración, tan cuidada por Don Manuel, en las encuestas, del CIS y subsiguientes, que hoy recorren Galicia como caballos desbocados, o quién sabe si como jinetes del Apocalipsis.

Y aquí, en Palas, cinco mil habitantes, el sentimiento popular está con Don Manuel y con cuanto él represente. Por supuesto, con este joven -relativamente: tiene 47 años-, simpático y realista candidato que es Barreiro. Cuenta con los de la boina, aunque él es más bien de birrete. Aquí está Cacharro, el senador más antiguo, el presidente de Diputación más veterano, que ha acudido, en su Jaguar verde, bien conocido en estos pagos, a apoyar la lista que encabeza Barreiro; ni una hoja se mueve sin que Cacharro lo sepa. Este Cacharro con quien, tras el mítin he compartido un par de vasos de peleón Ribeiro tinto -él no bebe más que agua- y unos trozos de pulpo a feira, que ha venido hasta Palas a dar su respaldo al vicepresidente de la Xunta y a decir a los trescientos congregados locales que España vive "un momento extraordinariamente delicado" porque Zapatero corre el riesgo de romperla. No sé si quienes le escuchan, gente casi toda ella mayor o muy mayor, muchos de ellos del campo, entienden en su totalidad el apocalíptico mensaje, pero le aplauden. Aquí siempre se ha aplaudido a Don Francisco, por cierto extraordinario orador, y así va a seguir siendo.

Barreiro es otra cosa. Es el futuro de un PP más dialogante, más cercano a la gente. Lástima que se tenga que pelear con Alberto Núñez Feijoo para ver quién se queda con el legado de Fraga, se ganen o se pierdan las elecciones del domingo. Lo que pasa es que al catedrático Barreiro, buena gente, no le cuadran las encuestas. Está haciendo un esfuerzo sobrehumano, cree -me parece a mí- que el cartel electoral de un Fraga en solitario está equivocado (hay que ver cómo es el cartel superretocado de Don Manuel- , y tiende la mano al centro todo lo que puede. Galicia es mucha Galicia, Don Manuel el octogenario, aunque nadie lo diría, es mucho Don Manuel y el 'efecto Zapatero', aunque los aliados del Bloque estén ahí, dispersos y buenos gestores municipales, es mucho efecto Zapatero. La madre de todas las batallas está servida.

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