Crónica secreta de la campaña de Fraga
Don Manuel, un lastre para Rajoy
Para nadie es un secreto que las gentes de Génova, el cuartel general del PP, de ninguna manera querían que Manuel Fraga volviese a presentarse a las elecciones gallegas. El propio Rajoy, en su estilo dubitativo y muy poco de mando, acudió a sugerírselo, lo mismo que Federico Trillo, buen amigo del 'patrón' y de casi todos en el PP. Pero a ver quién es el guapo que le dice a Fraga que no. Y así, julio de 2004, quedó consumado el desmán: Fraga había decidido volver a presentarse. Para ello, se aliaba con los caciques gallegos, como Baltar, o personajes no muy claros, como el ex 'delfín' Xosé Cuiña, que se hallaban algo amotinados, pensando que perdían el control del partido a manos de los 'enviados de Madrid', es decir, de los enviados de Rajoy.
18/06/2005
Fernando JÁUREGUI/Santiago de Compostela
No mucho antes, en su mejor estilo,
Fraga
había sugerido que se retiraba. Y aún antes, había prometido no presentarse a estas elecciones. Pero, claro, no era la primera vez que Don Manuel hacía algo semejante; de hecho, lo había hecho hasta quince veces, así que a nadie le pilló demasiado por sorpresa.
¿Por qué lo hacía? En alguna de sus múltiples entrevistas de los últimos días de campaña, Fraga lo ha medio sugerido: se aburre sin el poder. Se aburre si no puede reunir a las ocho de la mañana a sus colaboradores
"con la prensa ya leída"
, recorrer Galicia de cabo a rabo en viajes incesantes y, muchos, perfectamente innecesarios, recibir a cuantos se lo pidan en la Xunta, estrechar manos hasta de maniquís en las calles, ir a almuerzos oficiales, cenas oficiales, desayunos de trabajo, que lo llamen presidente, Don Manuel, Manolo --eso, reservado para sus paisanos 'los de la boina'--, que lo aplaudan, que las señoras del campo y las ciudades le besen.
No hay más justificación. No hay justificación política. Ni es válida --ni cierta-- la razón oficiosa de que así se evitaba la ruptura del PP en Galicia. Ese riesgo existe, pero agudizado con la presencia en las elecciones de un Fraga que incluso mantenía dos vicepresidentes de la Xunta,
Alberto Núñez Feijoo
--el enviado de Rajoy-- y Xosé Manuel Barreiro, para evitar tener un sucesor claro. Como siempre. Por no haber, no hubo ni fotografía con los dos vicepresidentes y posibles futuros contendientes por la sucesión. Todo Fraga, con ese horrible cartel electoral en el que el rostro de Don Manuel está tan retocado que parece una máscara. Y las tremendas corbatas color naranja:
"Me obligan con esta gilipollez de las corbatas"
, ha comentado.
La recta final de la campaña ha tenido algo de desastre. Don Manuel hacía declaraciones inconvenientes, volvió a filtrarse un vídeo --era la tercera vez-- que mostraba los ademanes despóticos del presidente de la Xunta, su carácter empeoraba. Era él, su protagonismo, su ego, quien lo acaparaba todo, hasta el punto de vetar una aparición de Núñez Feijoo en televisión el último día de campaña para ser sustituido... por Fraga, claro. Mariano Rajoy, que acudió de eficaz apagafuegos a la campaña, ha tenido que tragar no poco: le han sentado junto a Cuiña, con quien no se habla, ha tenido que soportar los alfilerazos que, desde FAES, la fundación de Aznar --con quien tampoco se habla--, han ido lanzando acá y acullá, advirtiendo de que, si Fraga no ganaba, Rajoy
"tendrá mucho que explicar"
. Y el mismísimo Fraga, con cierta deslealtad que se le desconocía, ha repetido a quien quisiera oírlo que el futuro del PP como alternativa estaba ligado a su victoria, la de él mismo, en Galicia.
Y Rajoy, que el jueves será padre por segunda vez, poniendo cara de circunstancias, sonriendo como nunca en su vida, templando gaitas, enviando a su fiel y eficaz
Ana Pastor
a la manifestación de los obispos contra el matrimonio homosexual, junto con Acebes --firme y sólido, le han tildado injustamente de ultraderechista-- y
Zaplana
--foco de polémica en Génova: ¿le es del todo leal a Rajoy o guarda aún nostalgias de
Aznar
?--. Una manifestación que a Rajoy le gustaba más bien poco apadrinar, pero no quedaba otro remedio,
"es mucha gente nuestra que quiere que vayamos"
. El, gallego a tope, por si acaso no fue. Tampoco se quedó en Galicia --ay, la comunicación en el PP-- en la jornada electoral y se fue a Génova, su sede, con cara de esperar noticias solamente regulares.
De Don Manuel se supo poco. Que pasó la jornada de reflexión con los amigos, y el domingo también, en Villalba, jugando al dominó con
Carlos Pardo
. No estaba para chistes Don Manuel a medida que se iban conociendo los sondeos a pie de urna encargados por
Antena 3
-
Onda Cero
,
TVE
,
La Voz de Galicia
, las autonómicas, la
SER
... Los teléfonos echaban humo. Hay quien asegura --yo no pude llegar a comprobarlo-- haber visto a mucha gente salir de dependencias oficiales, quién sabe si llevando maletines con papeles. Fue, en suma, un domingo de nervios, de muchísimos nervios. Tengo para mí que el más tranquilo era Rajoy, que sabía que, pasase lo que pasase, él tendría que seguir con los suyo, ahora con un lastre menos: Fraga, un peso pesado.
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