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· El arzobispo castrense quiso hacer
de su homilía "un canto a la vida" y destacó la valentía
de las víctimas y su labor en favor de la paz
Los funerales de Estado por los 17 militares españoles
de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad
(ISAF) en Afganistán que murieron el martes al estrellarse
su helicóptero se celebraron este sábado en Madrid,
en presencia de la Familia Real y del presidente del
Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, entre otras
autoridades. Un millar de personas, entre ellas 200
familiares de las víctimas, se reunieron en el cuartel
general del Ejército de Tierra, en pleno centro de
Madrid, en una ceremonia militar y religiosa.
20/08/2005
Diariocrítico/Agencias/Madrid
Los Reyes de España, los Príncipes de Asturias, el
presidente del Gobierno y representantes de la clase
política y militar despidieron este sábado
a los 17 soldados muertos el pasado martes en la localidad
afgana de Herat durante una ceremonia solemne y de
tintes patrióticos en la que no faltaron las muestras
de dolor de los familiares y de los más allegadas
a los fallecidos.
El acto tuvo lugar en el Patio de Armas del Palacio
de Buenavista, sede del Cuartel General del Ejército
de Tierra, entre fuertes medidas de seguridad y una
abundante presencia militar, entre ellos algunos de
los compañeros de los fallecidos y del otro helicóptero
español que se vio obligado a efectuar un aterrizaje
de emergencia y en el que resultaron heridos varios
soldados españoles.
Tras la misa oficiada por el arzobispo castrense,
Francisco Pérez, los 17 militares muertos en el accidente
de helicóptero recibieron, a título póstumo, la Cruz
del Mérito Militar con distintivo amarillo, colocada
sobre los féretros por el propio Rey. Entre las autoridades
que asistieron a este funeral de Estado se encontraba
el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez
Zapatero, la vicepresidenta primera, María
Teresa Fernández de la Vega, los ministros de
Defensa, Justicia y Exteriores, José Bono,
Juan Fernando López Aguilar y Miguel Ángel
Moratinos, y los presidentes de las comunidades
autónomas de los acuartelamientos a los que pertenecían
los fallecidos: Esperanza Aguirre (Madrid),
Emilio Pérez Touriño (Galicia) y Manuel
Chaves (Andalucía).
Por parte del PP acudió su presidente, Mariano
Rajoy, acompañado por el secretario general del
partido, Angel Acebes y por el portavoz parlamentario,
Eduardo Zaplana. La delegación socialista estuvo
encabezada por José Blanco y Alfredo Pérez
Rubalcaba y de IU asistió su coordinador general,
Gaspar LLamazares. También hubo representantes
de otras formaciones políticas, como Luis Mardones,
de Coalición Canaria, y Joan Puig, de ERC.
La cercanía de los Reyes
Sobre las 9.15 de la mañana comenzaron a llegar al
Cuartel los coches fúnebres con los restos mortales
de los 17 militares fallecidos en Afganistán. En el
patio del Palacio de Buenavista, presidido por los
emblemas de las armas del Ejército de Tierra, estaba
toda preparado para el funeral. Hacia las 9.30 horas
hizo aparición en el patio el Regimiento Inmemorial
del Rey Número Uno, que portaba la bandera española.
Poco después comenzaron a llegar los familiares, con
el dolor marcado en sus rostros.
Se calcula que asistieron unas 200 personas allegadas
a las 17 víctimas del siniestro y, aunque había numerosas
sillas dispuestas para que siguieran la ceremonia,
fue necesario sacar algunas más. Las autoridades invitadas
al funeral hicieron acto de presencia de forma escalonada.
Uno de los primeros en llegar fue el alcalde de Madrid,
Alberto Ruiz Gallardón. Con casi todo dispuesto
ya en el patio del Palacio, y entre un fuerte viento
y un silencio absoluto, sólo se esperaba la llegada
de los miembros de la Corona, del presidente del Gobierno
y del ministro Bono para dar comienzo al solemne funeral.
Pasadas las diez, hora prevista para el comienzo de
la ceremonia, entraron en el patio el Rey y el Príncipe
Felipe, ambos vestidos de militar, junto a la
Reina Sofía y la Princesa de Asturias, las
dos de riguroso luto. Los cuatro intercambiaron abrazos
y palabras con los familiares de las víctimas antes
de tomar asiento a uno de los lados del altar que
se había dispuesto para oficiar la ceremonia religiosa.
Minutos después, con la marcha fúnebre resonando en
el Palacio de Buenavista, hacían aparición los féretros
de los 17 militares fallecidos, sostenidos por sus
compañeros y con la bandera española cubriendólos
casi por completo. Tras colocarlos en el centro del
patio, dio comienzo el oficio religioso con la lectura
de un mensaje del Papa Benedicto XVI, en el
que expresaba su dolor por la muerte de los soldados
españoles y transmitía palabras de consuelo a los
familiares.
"Vigilantes de la paz"
El arzobispo castrense, Francisco Pérez, tomó
entonces la palabra, destacando la "valentía" de
los soldados muertos y su trabajo en favor de la paz.
"Han sabido entregar su vida como vigilantes de la
paz", aseguró. Pérez quiso que su homilía fuera
un "canto de agradecimiento a la vida" y no
dudó en citar las palabras que uno de los fallecidos
le dijo a su madre para animar a los familiares allí
congregados: "Si aguna vez muero, no te apenes
y sigue siendo feliz".
Durante la misa, se leyeron dos veces los nombres
de los militares muertos, un momento de especial dolor
para los familiares. Hacia las 11.00 concluía la ceremonia
religiosa y comenzaba el acto de imposición de medallas.
El Rey fue el encargado de colocar la Cruz al Mérito
Militar con Distintivo Amarillo sobre los féretros
de los fallecidos. Tras la entrega de condecoraciones
se celebró un breve acto de homenaje a todos los que
han dado su vida por España.
Se entonó entonces "La muerte no es el final",
la canción fúnebre militar por excelencia, que concluyó
con una salva de disparos de algunos miembros del
Regimiento Inmemorial. Después se interpretó el himno
nacional y una nueva marcha fúnebre acompañó la salida
de los féretros del patio del Palacio. Una vez concluido
el acto, los Reyes, los Príncipes de Asturias y el
presidente del Gobierno abandonaron la sede del Cuartel
del Ejército de Tierra.
Poco después lo hicieron los familiares, que recibieron
el aplauso de los militares presentes en la ceremonia.
En la calle, en la entrada que el Cuartel tiene en
Alcalá, numerosos curiosos, algunos portando la bandera
de España con crespones negros, se congrebaron para
recibir, entre aplausos, a los militares que habían
participado en el funeral.
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