El portavoz de CiU en el Congreso, Josep Antoni
Duran i Lleida, admitió este miércoles que
las Cortes Generales pueden modificar el proyecto
de reforma del Estatuto de Cataluña, pero advirtió
de que si se frustran o amputan sus principios generales,
"las consecuencias serán imprevisibles".
En su opinión, es momento de vencer con pedagogía
y menos gasolina la "demagogia" que rodea
el debate del Estatut y de la que responsabilizó
principalmente al PP.
02/11/2005
Diariocrítico/Agencias (Madrid)

Tras repasar el papel clave de Cataluña y de CiU
en la vida política española desde la gestación
de la Constitución, Duran explicó que
"ha llegado
la hora de que en España se desenmascare a quienes,
por puro interés partidista y electoralista, presentan
la realidad según les convenga". Según dijo,
CiU puede mirar al PSOE y al PP recordando que ha
estado
"a las duras y a las maduras" y que
nunca ha situado los intereses de partido por encima
de los del Estado.
Duran dedicó buena parte de su discurso a hacer
"pedagogía" sobre los contenidos del Estatut,
sobre los que se han escrito
"horrorosas infamias"
y hasta
"insensateces" como la supuesta alegría
de ETA por la evolución del proyecto.
"¿Qué sentido
tiene hablar del Estatut como exponente de la decadencia
moral de Cataluña sino el de la manipulación ruin
e intencionada?", se preguntó.
Conciliar los sentimientos de nación
Destacó su defensa del término 'nación', que considera
tan legítimo como el sentimiento de quienes entienden
que su nación es la española. En su opinión, el
"reto" es conciliar ambos sentimientos, porque
enfrentarlos
"es tanto como utilizar la Constitución
como arma de una parte de los españoles contra la
libertad y voluntad política de los otros".
También justificó el
"blindaje" de competencias
asegurando que
"l experiencia del desarrollo
del Estado autonómico obliga al legislador catalán
a ponerse la venda antes que la herida, sabiendo
como sabe que el vigente Estatuto está lleno de
cicatrices provocadas por los tijeretazos que ha
recibido de los distintos gobiernos y/o legisladores".
Igualmente, avaló el modelo de financiación plasmado
en el Estatut recalcando que
"la solidaridad
no puede ser ilimitada, ni en el tiempo, ni en sus
contenidos", y que es momento de revisar un
sistema que es
"injusto" para Cataluña.
Encontronazo con el PP
Nada más subir a la tribuna, Duran ya protagonizó
un 'encontronazo' con el Grupo Popular al recordar
que el presidente de honor del PP no apoyó la Constitución,
lo que desató sonoras protestas de los diputados
del PP. El dirigente de CiU recalcó que no se refería
a Manuel Fraga, sino a
José María Aznar,
lo que no calmó a la bancada popular, por lo que
insistió en que no es mentira afirmar que Fraga
votó en contra de Título VIII de la Constitución.
Dado que no paraban los murmullos, tuvo que intervenir
el presidente del Congreso, Manuel Marín, para pedir
al PP
"el mismo respeto y la misma libertad"
que se había concedido al líder del PP,
Mariano
Rajoy. Duran cerró este capítulo dejando claro
que CiU mantuvo siempre una
"actitud inequívoca"
en apoyo de la Constitución y que
"no todos los
de estos bancos pueden decir exactamente lo mismo".
A lo largo de su discurso, el secretario general
de CiU dedicó más críticas al PP, dejando clara
desde el principio que no comparte sus opiniones
sobre la inconstitucionalidad de la propuesta, ni
sobre la innecesidad de la reforma.
"No se entiende,
sino es por el ánimo de confundir y engañar a la
opinión pública, la pretensión del PP de tramitar
el texto como reforma constitucional", dijo.
Igualmente, recalcó que el PP
"se equivoca" pensando
que el Estatut es un problema del PSOE que han generado
"cuatro radicales", ya que
"Cataluña no
es antiespañola y no es irresponsable". "
Este
no es un proyecto de Estatuto que pretenda la segregación
de Cataluña, ni es el primer paso hacia la independencia",
enfatizó.
Se quejó también del clima político y aconsejó evitar
el
"inmenso error que significaría dejarse arrastrar
por quienes crean confrontación entre Cataluña y
el resto de los pueblos de España".
"Hay
excitación, crispación, en esta Cámara y en la sociedad
--comentó--. Es la demagogia la que hace decir a
determinados dirigentes que estamos al borde del
abismo, pero la radicalización no se calma con mayor
dosis de gasolina, sino con el agua de la comprensión
y del afecto".
La iglesia debe deshacerse de mercenarios
En ese contexto, y como católico y líder de un partido
democristiano (UDC), reprochó la intervención de
dirigentes de la Iglesia en contra del Estatut,
recordando que Juan Pablo II ya dijo en 1995 que
la lengua y la cultura son la base de una nación.
Pero además, extendió sus reproches a la COPE:
"La
Iglesia no puede permitirse ni un día más que desde
algunos de sus medios de comunicación y por algunos
de sus profesionales se siembre a diario el insulto,
el odio y la confrontación --proclamó--. Obligación
de la Iglesia es deshacerse de mercenarios y nutrirse
se buenos pastores. Modestamente, pero enérgicamente,
debo pronunciar un respetuoso y sereno ¡Basta ya!".
No ocultó
"alguna responsabilidad" para las
fuerzas políticas catalanas, a las que achacó una
"excesiva euforia" por las primeras palabras
de Rodríguez Zapatero prometiendo asumir la propuesta
que saliera del Parlament.
"Compromiso sustituido
ahora por la tan poca laicista afirmación de que
va a dejar el Estatuto limpio como una patena",
agregó, sin esconder su crítica al presidente
del Gobierno.
La demagogia revive fantasmas
A su juicio,
"hoy más que nunca" se necesita
moderar y serenar el clima político y social, para
lo cual reclamó, además de pedagogía,
"juicio,
palabras y actitudes distintas". "Por el camino
de las falsedades, la demagogia y la confrontación
no conseguiremos otro resultado que el de revivir
los fantasmas que creíamos superados", advirtió.
Por todo ello, animó a volcarse en el proceso de
tramitación en las Cortes de la propuesta catalana
con el objetivo de lograr
"un final feliz". "Es
probable que el Estatuto no se apruebe sin cambios
--admitió, pero si estos frustraran o amputaran
la reforma del Estatuto, las consecuencias serían
imprevisibles en el orden político y electoral".
Por último, aseveró que nadie puede permitirse que
este proceso se dilapide:
"Ahora toca hablar,
negociar, comprender, razonar --adujo--. Ninguno
de nosotros podemos permitirnos que en esta hora
de España sea el fracaso el que resulte vencedor".