Zapatero: "Cataluña tiene identidad nacional y ello es perfectamente compatible con la Constitución"

· El presidente dijo en el Congreso que "sí al Estatuto y sí a su plena adecuación a la Constitución"
· ZP asume el compromiso de que el Estatut se atendrá a los conceptos de libertad, igualdad y solidaridad


"Pensando en España, subo a esta tribuna"
. Con esa fórmula, que recuerda vagamente antiguos -y no siempre positivos- usos dialécticos, el presidente Rodríguez Zapatero inició a las 16.00 horas su discurso en apoyo de la reforma del Estatuto de Cataluña remitido por el Parlament. Un discurso de indudable calado político en el que el jefe del Ejecutivo ha dibujado una España que 'va tan bien' como no han visto nunca los siglos. Un importante discurso, pues, en el que el presidente ha marcado las líneas por las que va a ir la reforma de la reforma del Estatut, pero en el que ha dejado claro que "Cataluña tiene identidad nacional", que ello es perfectamente compatible con la Constitución y que la definición sobre Cataluña que hace la propuesta del Parlament "es impecable". Pero lo que ha dicho el Parlament es que Cataluña es una 'Nación'.

02/11/2005
Manuel Ángel Menéndez (Madrid)

José Luis Rodríguez Zapatero no ha dejado lugar a dudas, si es que había alguna: el Ejecutivo que él preside apoyará pase lo que pase la reforma del Estatuto remitido por el Parlamento catalán. Aunque eso sí, con algunos mínimos retoques en materias sensibles como financiación, conservación de la caja única de la Seguridad Social, de la Justicia o en la unidad tributaria. Unas reformas que en sus labios parecieron mínimas, pero que Rodríguez Zapatero consideró necesarias para adecuar el nuevo Estatut a la Constitución, aunque sobre las que no dijo por dónde iría exactamente la posición gubernamental. En realidad, Zapatero hizo un discurso contemporizador con sus 'socios' del tripartito catalán y con CiU, pero tremendamente combativo con el PP, partido que ya ha anunciado hasta la saciedad su oposición a que se debata 'este' Estatuto llegado de Cataluña.

Las claves de esas reformas contenidas en el discurso presidencial podrían encuadrarse, grosso modo, en las siguientes: "Cataluña tiene identidad nacional", lo cual es compatible con la Constitución, lo que implica que la definición de "Cataluña es una Nación" será trocado en la reforma de la reforma por el de "identidad nacional"; la financiación debe ser conciliable con el artículo 157.3 de la Constitución, con lo que el Estado deberá mantener el IRPF, el IVA y el impuesto de sociedades; en materia de Justicia, son necesarios cambios a nivel estatal, pero la reforma de la ley orgánica debe ser en las Cortes y no en un Estatuto de Autonomía, y, finalmente, el concepto de bilateralidad puede ser bueno entre Administraciones, pero la propuesta no se debe imponer al Estado, por un lado, y, por otro, no se debe suprimir en ningún caso el concepto de multilateralidad.

Antes de llegar a esas especificaciones, Rodríguez Zapatero trasladó desde el inicio de su discurso un mensaje importante, adelantándose a lo que luego diría Rajoy: que el debate que se abre en las Cortes Generales "no es sobre la reforma de la Constitución, sino sobre el valor de la Constitución". Es decir, que se trata de un debate "sobre la fuerza de la democracia", porque se abre "desde la acreditada madurez de las fuerzas políticas de este país", con la misma con la que se habría construido España desde hace 25 años. Importante especificación, porque venía a decir que con esta propuesta de reforma nadie se está saltando el consenso constitucional, sino que "poseemos unas condiciones inmejorables para hacer frente a todos los objetivos que nos propongamos".

No obstante, en el relato de esas 'condiciones inmejorables' es en lo que a Rodríguez Zapatero se le notó más exultante que nunca, lo que luego daría pie a una durísima réplica -y lógica, además- por parte de Mariano Rajoy. Ésta es la España que ha pintado Zapatero para justificar el momento oportuno de recalcar el nacionalismo catalán: España crece el triple que la Unión Europea, creamos más puestos de trabajo que nunca y la tasa de paro se ha situado por debajo de la media comunitaria; la seguridad social dispone del mayor número de afiliados desde su creación y de un fondo de reserva de 27.000 euros.; se ha aumentado la inversión en sanidad, en infraestructuras, en educación... y uno de cada cuatro jóvenes es universitario, tasa que supera a Francia y Alemania; frente a los siete millones de españoles que tuvieron que emigrar durante el franquismo "huyendo de la pobreza", hoy son ya tres millones de emigrantes los que hay en España...

Unos logros que, según reconoció Zapatero, "son de todos, de la democracia española" en su conjunto y que nos permitirían comprobar que España gana en fortaleza internacional y en recobrar las señas de identidad de todos su pueblos. Ahí es donde "gana en fuerza, en vida, en dinamismo". Y por esa razón, se preguntó "¿quién está empeñado en sembrar dudas sobre su capacidad y su empuje?, ¿quién y por qué tiene miedo al debate planteado?". Porque "el Gobierno no teme ni al debate ni a las reformas", y por ello "afirmo rotundamente que vamos a apoyar la toma en consideración de la propuesta de reforma", ya que no se puede responder "con un portazo" a la demanda que ha trasladado Cataluña.

Aunque, eso sí, reafirmando que lo que conviene a España y a Cataluña es que el Estatuto reformado responda a los valores constitucionales: "Sí al Estatuto y sí a su plena adecuación a la Constitución". Porque, según Zapatero, la reforma "robustecerá nuestra convivencia", ya que, tras su paso por las Cortes, se ajustará a los conceptos de libertad, igualdad y solidaridad. Libertad, para vivir sin imposiciones; igualdad, porque todos los españoles "disfrutan y disfrutarán siempre de los mismo derechos básicos" y solidaridad porque todas las Comunidades "contribuyen y contribuirán siempre a la coherencia social". Tres principios a los que se atendrá el nuevo Estatut que salga de las Cortes, según el compromiso adquirido por el propio Zapatero.

Las reformas necesarias

No fue la suya una intervención exhaustiva sobre las reformas necesarias para que el Estatut que ha llegado salga de las Cortes dentro del marco pleno de la Constitución, pero sí ofreció algunas ideas de por donde irán las enmiendas del Grupo Socialista. La primera, parece que no gustará al PP: "Cataluña tiene identidad nacional y ello es perfectamente compatible con la Constitución", y la fórmula que se ha utilizado en el Estatut, pues, "es impecable" [más tarde, a Mariano Rajoy le causaría risa, además de un primer estupor, esa afirmación de Zapatero: "Lo último que me faltaba por oír era esto del independentismo constitucional", diría Rajoy en su intervención posterior].

Aunque el presidente señaló que la propuesta persigue más "autogobierno dentro de la Constitución" y un "autogobierno de más calidad", no dejó de reconocer que la misma incurre en excesos "en la dirección contraria al centralismo" secular español en cuanto al 'blindaje de competencias', al menos en las que son exclusivas del Estado. En las "competencias compartidas", Zapatero dijo que hay más margen de negociación. Es más, avanzó que el Gobierno no se niega a discutir la posibilidad de utilizar el artículo 150.2 de la Constitución para ceder algunas 'competencias exclusivas', pero ello deberá ser en el ámbito negociador específico y no en el Estatuto de Autonomía.

Otros problemas serían la reforma judicial, a la que ya hemos aludido, o la base de la bilateralidad para definir el marco relacional. En este punto, Zapatero respondió a la propuesta catalana que nuestro sistema "exige bilateralidad y multilateralidad", necesarios para la cooperación y colaboración entre administraciones, y que, aunque la propuesta crea un órgano ad hoc que nos parece "muy razonable", es necesario proceder a algunas modificaciones: bilateralidad en cuanto a lo específico a Cataluña como lengua, cultura, etcétera, pero multilateralidad en todo lo relativo a su relación con el Estado para asegurar "los derechos de los ciudadanos en condiciones de igualdad".

Como ejemplo de lo bueno que ha sido para España y sus regiones el Estado autonómico, Zapatero no dudó en utilizar a Extremadura, que ha ganado, según él, casi 20 puntos en los últimos 20 años, mientras que en España se han eliminado el 30 por ciento de las diferencias en rentas per cápita. "Son aspectos positivos de la cohesión interterritorial": mayor eficiencia en educación, en índices universitarios, en índices sanitarios... "el Estado de las Autonomías ha producido más cohesión, más igualdad entre españoles y también más eficiencia", diría Zapatero.

En este sentido, Zapatero insistió en que "Cataluña es clave para el desarrollo económico de España" porque contribuye al crecimiento de la economía, realiza un "importante esfuerzo de solidaridad" y "es demagógico e injusto acusar a Cataluña de insolidaria". Así reconoció que el capítulo de financiación tiene que contener algo más que 'principios' en un nuevo Estatuto, pero que también es necesario que esos contenidos nuevos y concretos sean conciliable con el artículo 157.3 de la Constitución en el sentido de: mantener en el sistema fiscal un tronco común; las Comunidades Autónomas podrán tener más capacidad de decisión en los impuestos pagados de sus ciudadanos; el Estado ha de tener impuestos propios, especialmente a los que afectan a la unidad de mercado, y la solidaridad entre Comunidades debe fijar que todas puedan prestar niveles similares de servicios, sin perjuicio de que algunas realicen más esfuerzo fiscal.

En definitiva, Zapatero recalcó, dirigiéndose a Rajoy, que la toma en consideración de la reforma del Estatut llegada de Cataluña "responde a mis convicciones democráticas y al respeto al Parlamento de Cataluña, que es un Parlamento nuestro". Y dirigiéndose a los tres representantes catalanes que han presentado la propuesta en el Pleno del Congreso, añadió después: "Sepan que este presidente les respeta y respeta la misión que les trae aquí".

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