- Envió mensajes a los catalanes para contentarlos sobre financiación
Zapatero ha propuesto (ver discurso íntegro) incrementar la cooperación interterritorial, potenciar la Conferencia de Presidentes mediante un "gran Acuerdo" entre el Estado y las Comunidades Autónomas, reformar la financiación autonómica, potenciar la cooperación local y reformar el Senado. Pero el presidente no ha especificado ni con qué medios se hará, ni cuál será el método, ni tampoco fijó un plazo para lograrlo, pese a que pronunció un larguísimo discurso de 55 minutos. Eso sí, criticó la paralización de estos debates autonómicos impuesta por el Gobierno de Aznar, al que atacó varias veces sin nombrarlo expresamente, y elogió la trayectoria propia hasta ahora, con el conocido ‘talante’ optimista y la falta de autocrítica que le conocemos. Para aliviar tensiones dijo expresamente que “el camino que emprendemos, con las reformas estatutarias en marcha, con la reforma del Senado planteada, con los avances decididos en la cooperación, no es otro que el camino que marca la Constitución”.
07/11/2005
Manuel Ángel Menéndez/Madrid
La verdad es que quienes esperaban una verdadera sorpresa institucional en este discurso inaugural de José Luis Rodríguez Zapatero se equivocaron plenamente. Los propios presidentes socialistas, reunidos la noche del domingo al lunes en la sede socialista de la calle Gobelas con la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega y con Pérez Rubalcaba y José Blanco, creían que Zapatero iba a decir más de lo que ha dicho en la apertura del Debate sobre el Estado de las Autonomías iniciado este lunes en el Senado. Los senadores populares, como es lógico, criticaron el tenor de lo dicho y los nacionalistas se han reservado para sus discursos.
El presidente sí fue, sin embargo, explícito en un tema de máxima preocupación social: la posibilidad de que la reforma estatutaria planteada por Cataluña sea, en realidad y tal como afirma el PP, una ‘reforma encubierta de la Constitución’. Hubo que llegar al final del discurso para escucharle decir que “el camino que emprendemos, con las reformas estatutarias en marcha, con la reforma del Senado planteada, con los avances decididos en la cooperación, no es otro que el camino que marca la Constitución. No cambiamos el rumbo, no variamos la dirección. Avanzamos un trecho aún inexplorado, pero del que sabemos a ciencia cierta que lo tenemos que cubrir, porque es la etapa lógica y necesaria si no queremos estancarnos y malgastar muchas potencialidades”.
Una nueva etapa en la que, según Zapatero, “tenemos que integrar mejor a España, respetar su diversidad, incrementar la libertad de sus ciudadanos, atender con igualdad a sus necesidades, gestionar más eficientemente desde todas las administraciones y potenciar la solidaridad”. Pero, como decimos, sin exponer en sus apretados 16 folios de discurso ni siquiera un método para lograr estos fines.
Porque, en definitiva, Zapatero pasó como sobre ascuas por la reforma de los estatutos de autonomía, de la que, en su línea habitual, se mostró partidario, siempre que se atengan a la Constitución. Tampoco detalló cómo sería la reforma constitucional en lo referente al Senado -qué artículos habría que tocar, si se cambiaría el sistema electoral, etcétera-, ni dónde se incluirían los nombres de las diecisiete comunidades autónomas en la ley de leyes, que es, como se sabe, otra de las reformas constitucionales propuestas por los socialistas.
Críticas a su antecesor Aznar
En lo que sí abundó Zapatero fue en la crítica a su predecesor, José María Aznar, al que, sin embargo, no citó directamente a lo largo de todo su discurso, por diversos motivos: el parón en este tipo de debates después del último, celebrado en 1997, la falta de ‘talante’ para gobernar buscando acuerdos con las Comunidades Autónomas, o el grado de enfrenamiento al que se llegó en la etapa del PP con los poderes periféricos, o, en fin, el bloqueo del Gobierno Aznar a la reforma del Senado después de su victoria electoral de 1996, y ello pese a que todos los partidos la llevaban incluida en su programa electoral.
De lo negativo a la positivo, y Zapatero puso de relieve el nuevo tiempo que se abre para afrontar sin más dilaciones la reforma del Estado de las Autonomías, pero, como decimos, dentro de una óptica abierta y voluntarista, pero sin concretar instrumentos adecuados para la misma. Reforma que se Hace posible por esa ‘nueva forma’ de gobernar, con reuniones periódicas del presidente del Gboierno con todos los autonómicos, Conferencia de Presidentes institucionalizada y normalizada o presencia de presidentes autonómicos en reuniones internacionales bilaterales. Es decir, que ahora, 25 años después de ponerse en marcha el Estado Autonómico, “se ha robustecido España, ha progresado toda la sociedad y ha avanzado en su seno la solidaridad”.
Citó como ejemplo del ‘magnífico’ momento que vivimos para emprender reformas hechos como que a través de la fuerte descentralización alcanzada, se han reducido en un 34 % las diferencias territoriales en renta per cápita (Extremadura ha pasado del 54 % de media en 1980 al 72 % actual, según la cita textual de Zapatero, que mantuvo su discurso en este punto pese a que no asistía el presidente autonómico, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, ingresado en la madrugada por infarto), o que 7 de cada 10 españoles piensan que el Estado de las Autonomías “es positivo para España” o que 6 de cada 10 estén satisfechos con el funcionamiento de su propia Comunidad.
De ahí colige el presidente que sea preciso reformar los Estatutos de Autonomía, porque, “hay razones objetivas que subyacen al proceso reformista”, un proceso que ha aflorado ahora con fuerza porque con Aznar “se recortó el espacio de autogobierno, se debilitó el diálogo, escaseó el respeto institucional, aumentó la desconfianza y creció la litigiosidad”. Ahora se abre un tiempo nuevo en el que “la cohesión, la integración de España exige una comprensión positiva de su pluralidad constitutiva” y “el Gobierno debía hacer un permanente esfuerzo de integración de la diversidad en la unida, respetando siempre las singularidades que nuestro ordenamiento constitucional garantiza y preserva”.
Cómo organizar la cooperación
Como señalamos, Zapatero no fue explícito, precisamente, en informar a sus señorías de la Comisión de las Comunidades Autónomas del Senado, en la que se celebra el debate, sobre mecanismos y calendarios, pero sí lo fue, en cambio, en filosofía política al respecto. En este capítulo, por ejemplo, de cooperación, no dudó en ofrecer un “balance positivo de las Conferencias Sectoriales” institucionalizadas por su propio Gobierno, porque “no es sensato, en un país con nuestro grado de descentralización, imponer políticas unilaterales en ámbitos en los que las Comunidades tienen amplios intereses y competencias”.
O de calificar también como positivas las Comisiones Bilaterales de Cooperación, que habrían posibilitado “la mayor reducción de la conflictividad en la historia del Estado autonómico”, con 89 desestimientos, 30 por parte del Estado y hasta 59 por las Comunidades Autónomas. Ello frente “al alto grado de conflictividad que se había gestado en la etapa inmediatamente anterior”, claro está.
En todo caso, Zapatero ofreció una idea de la filosofía que van a presidir los cambios estatutarios: la concurrencia concreta de competencias hace que nos movamos en “compartimentos en exceso estancos”, lo que se ha evidenciado este verano en la lucha contra los desastres naturales. De ahí que Zapatero haya lanzado un aviso a los presidentes autonómicos: “El Estado debe velar porque la transferencia de funciones y competencias no disminuya la eficacia de la gestión, no derive en disfunciones y no le impida ejercer sus propias competencias”.
“Quiero invitarles a un esfuerzo común de construcción de un auténtico sistema general de articulación entre todos nosotros”, les dijo, comprometiéndose personalmente a asumir “algunas obligaciones mutuas de actuación”, como la red de cooperación, que deberá contar con una instancia de impulso y ordenación general, y “el único órgano que puede asumir esa función en nuestro sistema actualmente es la Conferencia de Presidentes”. Es decir, que Zapatero propuso como medida concreta esa potenciación de la Conferencia, para que se constituya en un órgano político “de impulso y desbloqueo de conflictos enquistados”.
En segundo lugar, señaló que se necesita igualmente un foro preparatorio de reunión más frecuente y ágil y conjunto de Estado y Comunidades Autónomas que realice el seguimiento de las decisiones adoptadas. Y esa función podría ser asumida por el Senado, pero, claro, en un futuro no especificado.
Financiación autonómica
Zapatero reasumió en su discurso la reforma del sistema de financiación autonómica, resaltando el logro obtenido, según él, respecto a la financiación de la asistencia sanitaria, o al compromiso del Gobierno de cara a la financiación de la educación infantil, y anunciando que el Gobierno “avanzará fórmulas destinadas a corregir las disfunciones que padecen en cuanto a la disponibilidad efectiva de sus recursos”. Pero, claro, tampoco concretó esas fórmulas.
En definitiva, sobre financiación se limitó a señalar que el sistema debe garantizar “la suficiencia financiera de las Comunidades y del Estado”, para lo que es necesario “que las Comunidades aumenten sus facultades, normativas y de gestión, sobre los impuestos pagados por sus ciudadanos. Pero también anunció que “consideramos irrenunciable que el Estado mantenga como propios aquellos impuestos que constituyan el tronco común de nuestro sistema fiscal y garanticen las unidad de nuestra economía y de nuestras responsabilidades y deberes como ciudadanos”.
Una idea central en esta parte del discurso es que “como presidente de un Gobierno socialista tengo que asegurar que el sistema garantice que todos los ciudadanos, independientemente de su Comunidad de residencia, podrán exigir a su Comunidad un nivel similar de servicios”, para que “que todas las Comunidades estén en condición de prestar ese nivel mínimo, con independencia de su capacidad fiscal”. Si bien, el nuevo sistema debe evitar “penalizar a las Comunidades que realicen un mayor esfuerzo fiscal”.
Reforma del Senado
En cuanto a la reforma de la Cámara Alta, tampoco Zapatero ofreció propuestas concretas. Se limitó a señalar que el Gobierno y el Grupo Socialista “pretende impulsar la creación de una ponencia a la que el Gobierno pueda inmediatamente remitir la consulta del Consejo de Estado para que proceda a su estudio”. Esa ponencia deberá contar no sólo con los grupos parlamentarios, sino que, a través de la Comisión General de las Comunidades Autónomas, sirva también como “canal de integración de las posiciones que las diversas Comunidades Autónomas quieran presentar para una reforma que pretende mejorar sus posibilidades participación”.
Con esas aportaciones, Zapatero se ha comprometido a que su Gobierno presentará un proyecto consensuado de reforma.
Reformas estatutarias constitucionales
Como señalábamos al inicio de esta crónica, Zapatero sólo transmitió un mensaje digamos ‘de tranquilidad’ ante la crispación política que se vive con la tramitación por el Congreso de los Diputados de la reforma del Estatuto de Cataluña. Para tranquilizar, dijo, textualmente: “El camino que emprendemos, con las reformas estatutarias en marcha, con la reforma del Senado planteada, con los avances decididos en la cooperación, no es otro que el camino que marca la Constitución. No cambiamos el rumbo, no variamos la dirección. Avanzamos un trecho aún inexplorado, pero del que sabemos a ciencia cierta que lo tenemos que cubrir, porque es la etapa lógica y necesaria si no queremos estancarnos y malgastar muchas potencialidades”.
En fin, que se abre una nueva etapa en la que “tenemos que integrar mejor a España, respetar su diversidad, incrementar la libertad de sus ciudadanos, atender con igualdad a sus necesidades, gestionar más eficientemente desde todas las administraciones y potenciar la solidaridad”.
Previamente había intervenido el presidente del Senado, Javier Rojo, quien, en un discurso protocolario, destacó que la Cámara Alta “quiere recobrar su vitalidad”, que “hemos conseguido dar un paso decisivo para la normalización del uso de las lenguas autonómicas” –de hecho, Maragall hablaría luego en catalán en la mayor parte y Touriño lo haría en gallego- y que la reforma del Senado para que juegue el papel que le otorga la Constitución como Cámara territorial del Estado “es un desafío” al que hay que hacer frente.
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