- “Hemos pasado de estar a las puertas del G-8 a vagabundear por el mundo haciendo de comparsas de dictadores como Chávez”
- ‘Tocó’ tan fuerte a ZP, que motivó su réplica inmediata
De irónica, ácida y hasta de ‘sobrada' puede calificarse la intervención de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, en el Debate sobre el Estado de las Autonomías, en la que anunció que Madrid no estará en la próxima Conferencia de Presidentes autonómicos en tanto y cuanto el jefe del Ejecutivo no aclare el método a seguir. La suya era una de las intervenciones más esperadas, y no defraudó: dijo que Zapatero “no está en sus cabales” por querer “cambiar la alineación, cuando el equipo lleva tiempo ganando todos los partidos”. Y una acusación mucho más grave: “Hemos pasado de estar a las puertas del G-8 a vagabundear por el mundo haciendo de comparsas de dictadores como el señor Chavez y otros”. Aguirre motivó una respuesta inmediata de Zapatero, que no esperó a la réplica final. Realmente, Aguirre le consiguió sacar de sus casillas.
06/11/2005
Manuel Ángel Menéndez/Madrid
Lo anunció casi al inicio de su intervención: “Váyase preparando, porque la afición no está porque usted descalifique a todos los que le critican”. Esperanza Aguirre entró en el debate sobre el estado autonómico como un tornado, con tono agradable y hasta simpático, pero como un misil, sin dejar títere con cabeza. Ha sido la suya la horma del zapato de Zapatero, quien la noche anterior, apocalíptico y terrible, había “reñido” a todos los presidentes autonómicos del PP por no pensar como él y hasta había vaticinado que el PP podría romperse en tres partes como ocurrió en 1979 con la antigua Coalición Democrática, de donde surgió la formación que ahora dirige Mariano Rajoy.
Aguirre se permitió un símil para demostrar que Zapatero “no está en sus cabales”: lo comparó con un entrenado que quiere “cambiar la alineación, cuando el equipo lleva tiempo ganando todos los partidos”, y que, además, cuando le llueven las críticas, lo que hace “es enfadarse y reñir a los críticos” porque no le gusta lo que oye.
No dudó del ‘talante' o ‘simpatía' del presidente Zapatero, porque dio fe de que las dos entrevistas que con él mantuvo en Moncloa fueron cordiales: “El presidente del Gobierno fue simpático, yo también”. Pero después su afilado aguijón: le había prometido Zapatero en su segunda entrevista que el Gobierno garantizaría el suministro de agua en Madrid y, sin embargo, “Madrid está hoy con restricciones de agua”. Todo se trataba en realidad de una parábola para demostrar que el presidente del Gobierno o no cumple su palabra o es de esas personas de carácter débil, o facilón, que es distinto, que a todos les dice sí.
Y un anunció que molestó sobremanera a ZP: Madrid no participará en la próxima Conferencia de Presidentes en tanto que no se diga quién puede convocar y no se especifique un método que impida que ocurra lo que ocurrió en la última Conferencia, el pasado septiembre, que el Gobierno hizo su propuesta casi al cierre de la misma. “Asistí a la segunda [Conferencia] porque nos dijeron que quien no asistiera podría perder el dinero para financiar la Sanidad en sus comunidades autónomas”. Claridad absoluta. Y claridad por claridad, pregunta terrible que molestó profundamente a ZA: “¿Qué tenemos que hacer para que se hable del agua en la Conferencia de Presidentes?”.
Y la tercera, en el pecho: si los gobiernos del PP no avanzaron en la reforma del Senado, fue, según Aguirre, exclusivamente porque el PP no llevaba en su programa electoral el cambio del Senado. “No se pique usted, no me riña, no se enfade”, le dijo Aguirre burlona al presidente ZP, para cantarle seguidamente las cuarenta, denunciando las políticas socialistas que tienen consecuencias negativas para España y para Madrid, según ella, claro está: “Hemos pasado de estar a las puertas del G-8 a vagabundear por el mundo haciendo de comparsas de dictadores como el señor Chavez y otros.
En este punto, otra gracieta de Aguirre que hizo enarcar de nuevo las cejas a Zapatero: “Con la riña que nos echó ayer noche no nos van a quedar ganas de tener otro debate”. Es decir, de volver al Senado para debatir con las Autonomías. Y acto seguido, una larga lista reivindicativa en la que Aguirre no se olvidó de la “rebaja de las inversiones del Estado en la Comunidad de Madrid”, el que el Gobierno “no avalara ante Bruselas” la ampliación del Metro en la capital o el “recorte” en más de 300 millones de euros en los impuestos cedidos... Y suma y sigue.
En fin, la última de Aguirre fue de las que duelen: si el sistema que propone el tripartito sobre financiación se aplicara a todos, Madrid tendría que reclamar 23.760 millones de euros adicionales al Estado, que sumados a los más de 19.000 de Cataluña, “harían inviable el Estado solidario”. Así de concluyente.
Al final de su intervención, en vez de subir a la tribuna el presidente de la Junta de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, el presidente Rodríguez Zapatero hizo uso del derecho que asiste al Gobierno a hacer uso de la palabra en cualquier momento. Y subió a la tribuna con uno de los gestos más amargados que se le recuerdan en años. Realmente, Aguirre le había tocado la fibra.
En esta réplica, Zapatero, que pidió la palabra con una “invocación al rigor”, defendió el hecho de haber pedido informe al Consejo de Estado sobre la reforma del Senado para buscar el máximo consenso (Aguirre le había criticado también por ahí), ya que la misma, según él, sólo se producirá si hay acuerdo entre las dos fuerzas mayoritarias en este país. Y “sólo tendrá remisión a la Cámara si existe el consenso previo entre las dos fuerzas políticas, como es lógico y natural”.
También dijo Zapatero, entre otras cosas, que “es inaceptable que se diga que porque un partido en la oposición se oponga, se diga que con eso se incumple el pacto constitucional”, en referencia al Estatuto de Autonomía de Cataluña, a la reforma del Senado y a otros cambios institucionales que quiere llevar a cabo el Ejecutivo.
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