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La genialidad de Revilla

Genial es la palabra, porque genial, en el buen sentido, claro, estuvo el presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, cuya intervención de réplica en el Debate sobre el Estado de las Autonomías fue tan hilarante, que quitó el hierro que pudiera haber habido en el debate, el que hubiera en ese momento y el que pudiera haber en semanas sucesivas. Literalmente, presidentes y senadores se tronchaban de risa con una intervención que, teniendo un fondo político, se efectuó con tal desenfado, con tal campechanismo -habrá quien diga que 'pueblerismo' del sano- que hasta Rodríguez Zapatero y su vicepresidenta De la Vega, siempre tan hierática, se partieron literalmente de risa en su escaño.

08/11/2005
Manuel Ángel Menéndez (Madrid)

He aquí algunas de las píldoras de una intervención en verdad genial: "A mi, oír la palabra Cantabria me pone, señorías, que me pone, me pone... pero también me pone oír la palabra español", risotada general, incluso del siempre serio Pasqual Maragall.

Segunda verdad del barquero, al estilo Revilla: "Aquí todos han venido a vender su libro, sí, sí, a vender su libro... a echar la llorada". Nadie se molestó, porque las mayores verdades dichas desde los labios de Revilla no parecen provocar enfado, sino hilaridad.

A Esperanza Aguirre: "Le voy a decir una cosa, presidenta: ¡Madrid somos todos!", risotada general, teniendo en cuenta que Revilla es y ejerce de cántabro en su Cantabria natal. Pero todo tiene una explicación: "El 85 % de los gastos por transporte y protocolo se hacen en Madrid... ¡y eso que vengo en taxi!". Los senadores y demás presidentes se creían morir: "No se ría", le dijo a Aguirre, pero eso antes reprocharle que "y eso que usted antes veraneaba en Cantabria y ahora lo hace en Asturias".

Para los que se pelean por el agua: el agua del Ebro está en Cantabria, y Revilla se siente orgulloso de ser solidario con Cataluña, con Aragón y con quien sea...

Y, por fin, la 'llorada', porque Revilla, según reconoció explícitamente, también tiene derecho: habló de falta de proyectos en infraestructuras, de cómo el Estado no cumple con planes de carreteras, de comunicaciones, pero en su forma 'revillesca'. Así, por ejemplo, se refirió a un trozo de carretera que llevan 36 meses para hacerla: "Yo que he sido consejero de Obras Públicas de Cantabria, una carretera como ésa la hago yo en 40 días...", se da cuenta de la boutade, y añade: "bueno, yo no, pero yo doy orden de que se haga en 40 días". Y siguió aún impertérrito: "36 meses, para hacer una carretera de 10 kilómetros... tienes un peón con una pala, otro con un rastrillo y un buldózer".

En su 'llorada', Revilla pidió la realización de la "Autovía dos mares", cien kilómetros que serán "desarrollo para todos, y de peaje, señor presidente, y de peaje. Así somos los cántabros".

La penúltima píldora, que casi acaba con sus señorías: "Nos llaman cucos. El cuco es un pájaro, en el norte de España... bueno supongo que en el sur también, si hay cucos. Bien, pues el cuco es un pájaro que el muy puñetero pone los huevos en el nido de otro y éste se los cría". ¿A qué venía la historia?, pues, bueno, a recordar que en los tiempos antiguos los vascos estaban eximidos de la mili -y de la guerra, según Revilla- y "nuestras abuelas iban a parir a Barakaldo, al País Vasco, para librar a sus hijos de la guerra". Con esta parábola a lo Revilla quiso decir que lo que los cántabros no quieren son desigualdades.

Y la prometida píldora final: "¡Ojalá que el Senado fuera siempre así, todas las semanas, qué maravilla!", pero con un gesto de lucidez añadió: "¡Bueno, al presidente del Gobierno le traeríamos sólo una vez al mes!". Lo dicho, simplemente genial.

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