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·Han abandonado cualquier intento de
política de centro y se han ido muy rápidamente
a la derecha más derecha que se recuerda”
-García-Escudero (PP) le pone como condición que
regrese al pacto constitucional
Con una de cal de y otra de arena ha
puesto Rodríguez Zapatero el broche final al Debate
sobre el Estado de las Autonomías en el Senado.
El presidente hizo una oferta al PP para que “sin
condiciones, olvidando todo lo que ha dicho [el
PP] estos días” se sumen a los diez grupos parlamentarios
que van a negociar la reforma del Estatuto de Cataluña.
Pero antes de tan ‘generosa’ oferta, arremetió contra
el portavoz popular, García-Escudero, y su partido,
del que dijo que está “a la derecha más derecha
que se recuerda”, le reprochó la guerra de Irak
y su actuación tras el 11-M y les espetó que “si
no tienen ganas ni buena voluntad para reformar
esta institución [el Senado], no voy ni a intentarlo,
¿para qué?”. En fin, que parece muy difícil
llegar a un acuerdo, sobre todo porque, en la réplica,
García-Escudero le puso como condición para llegar
a un acuerdo el que su Gobierno regrese al pacto
constitucional. En fin, la situación se ve muy difícil.
9/11/2005
Manuel Ángel Menéndez/Madrid
Discurso final de José Luis Rodríguez Zapatero
en el Senado para el que utilizó el viejo método
del palo y de la zanahoria para referirse al principal
partido de la oposición, el PP. Cierto que una intervención
anterior del portavoz popular, Pío
García Escudero, con la que se abrió la
tercera y última jornada del Debate sobre el Estado
de las Autonomías, había sido extremadamente dura,
llegando a acusar al Gobierno socialista de “impulsar
un proyecto de quiebra institucional”. Pero
la respuesta de Zapatero fue tan acerada que llegó
a decir al PP que no sólo “han abandonado cualquier
intento de política de centro”, sino que “se
han ido muy rápidamente a la derecha más derecha
que se recuerda”.
En fin, que a García-Escudero –no fue buena su intervención
inicial, todo hay que decirlo, y desde luego, en
absoluto colaboracionista- le acusó Zapatero de
“falta de originalidad y reiteración de eslóganes
y reiteraciones” y de “una falta de respeto
a los hechos objetivos”: “Decir que soy un presidente
que desprecia al Senado es faltar a la verdad de
los hechos y a la racionalidad y al sentido común.
Entonces, ¿qué le parece que hacía el anterior presidente?”,
es decir, José María Aznar, que faltó
al Senado y no respondió ni a una sola pregunta
de control de la Cámara Alta.
Psicología de rechazo al 14-M
Era la primera en la frente, porque, en un tono
especialmente duro –tanto, al menos, como el que
utilizó un día atrás Zapatero para replicar a la
también popular Esperanza Aguirre-, les dijo
a los populares que en ninguna cuestión seria de
las que afectan a España ha advertido ninguna posibilidad
de consenso con el principal partido de la oposición,
y ello porque en el “fondo, psicológicamente,
han negado el resultado electoral del 14 de marzo
y niegan cada día hechos evidentes que este gobierno
está haciendo con el Senado y con las Comunidades
Autónomas. Ése es el problema que tienen”.
Resultó evidente que a Zapatero le había dolido
la acusación que le dirigió García-Escudero sobre
que él personalmente alentaba una “crisis institucional”.
Pareció como si el popular hubiera tocado un resorte
de respuesta inmediata en el presidente del Gobierno,
que le reprochó al PP que desde las elecciones del
14 de marzo estén “descentrados, en el doble
sentido de la expresión”, y les hiciera un relato
de las fuerzas que no sólo “no ven ninguna crisis
institucional en España”, sino que todas están
por la reforma política y todas, o casi todas, han
sido “fundadoras” del consenso constitucional,
desde el propio PSOE hasta CiU, pasando por IU (en
su tiempo, PCE), y hasta el PNV que, si bien no
estuvo en el consenso con el que se aprobó la Constitución
–se abstuvo, como todo el mundo sabe- sí se incorporó,
no obstante, al “consenso estatutario” que
hizo posible el Estatuto de Guernica.
En fin, clarísima, y expresísima reflexión sobre
la soledad política que vive el PP de Mariano
Rajoy: “De once fuerzas parlamentarias, es
difícil entender que diez crean positivo que se
puedan hacer reformas y sólo una [el PP] crea que
se va a desvertebrar este país”. “¿Quién
debe reflexionar, diez fuerzas políticas o una?”,
se preguntó Zapatero, antes de aconsejarles prudencia
para que “no les pase lo que les ha pasado tanto
en la historia: que el Título VIII no lo querían,
que la ley del divorcio no la querían... no hago
comentarios”. Bueno, los comentarios ya estaban
hechos.
De las bombas de Irak a los muertos del 11-M
Y si ésa era la primera en la frente de Mariano
Rajoy, pero utilizando la testa de García-Escudero,
la segunda fue la archimanida pero aún no asimilada
por el PP guerra de Irak y sus famosas no-armas
de destrucción masiva. Y la tercera, la no menos
dolorosa para los populares situación originada
con la respuesta del Gobierno Aznar a los atentados
del 11-M: “Dijeron cosas, la han intentado mantener,
no acertaron, se equivocaron intentando mantener
posiciones increíbles” con “las acusaciones
más espurias para justificar cómo habían respondido
sobre esa tragedia”.
Antiguos fantasmas que merecerían un duro reproche
por parte de García-Escudero en la réplica, sacando
a relucir el popular que “usted no es quien para
dar lecciones sobre la democracia y la Constitución
al PP” porque “en su partido, como en el
mío, ha muerto mucha gente por defender la democracia”.
En fin, que siguiendo con la intervención de Zapatero,
la tercera, en el pecho, fue la de recriminarles
que con la reforma del Estatuto de Cataluña “sólo
se les ocurre decir que se va a romper España y
que estamos ante una crisis institucional muy grave”,
avisándoles de que “les va a pasar lo mismo que
con las armas de destrucción masiva y con las consecuencias
del 11 de marzo”.
Del ataque a la defensa.
Tanto se le ha preguntado por su modelo de Estado,
que el presidente, al final, se ha salido por la
tangente: “Mi modelo de Estado es el de la Constitución
Española de 1978”, en la que hay un derecho
de autogobierno, al Estado le corresponde ser el
garante de la igualdad, tiene unas competencias
exclusivas que debe preservar y en el momento que
se pueda compartir con las autonomías... y, en fin,
que para que todo funcione mejor se precisan algunas
reformas, como la del Senado “y es esencial que
a esa reforma se sume el PP”.
Una obviedad, sin duda, porque se necesita mayoría
absoluta reforzada, es decir, se necesitan obligatoriamente
los votos del PP, pero, observando los pitidos de
la bancada popular -“les pierde cierta fruición
por el combate y la confrontación”, diría un
Zapatero que había sido interrumpido-, sólo podría
reconocer: “Si no tienen ganas ni buena voluntad
para reformar esta institución, no voy ni a intentarlo,
¿para qué?... Yo creo que no tienen ganas, vamos
a verlo”.
¿Volver
al pacto constitucional?
La respuesta a esta incógnita la obtendría Zapatero
minutos después, en la réplica de Garcia-Escudero:
“Señor Zapatero, ¿quiere usted que nos sumemos
a la reforma del Senado? Nosotros lo haremos, con
una sola condición: que regrese al pacto constitucional”.
Es decir, que, en definitiva, no habrá acuerdo,
dado el escaso eco que esa propuesta, realizada
por Mariano Rajoy hasta la saciedad, ha tenido en
el actual Gobierno socialista.
Por si no fuera posible sumar a los populares al
pacto por la reforma del Senado, una segunda oferta
les lanzó Zapatero con la mejor de sus sonrisas
–de ahí lo que señalábamos de la política del palo
y de la zanahoria-: para la reforma del Estatuto
Cataluña “siempre tendrán la puerta abierta,
hagan enmiendas o no (...) Estén ahí, participen,
les esperamos sin condiciones, olvidando todo lo
que ha dicho estos días”.
Sacarles las castañas del fuego
Ya hemos señalado la respuesta dada por García-Escudero,
pero sí es interesante añadir que el popular también
demostró saber tirar con honda, porque en su réplica,
y contestando a las acusaciones sobre soledad política
que les había dirigido el presidente, le ‘recordó’
que el PP le había ‘sacado las castañas del fuego’
al PSOE al menos en tres asuntos vitales: votar
con el PSOE el rechazo al Plan Ibarretxe –de “cuestión
de estado”, lo denominó el popular-, hacer hecho
campaña favorable en el referéndum sobre la Constitución
Europea –un empeño personal de Zapatero-, y cuando
han pedido autorización para enviar soldados al
extranjero. “Dígame usted dónde estaban entonces
sus socios parlamentarios”. A eso se le llama
hurgar en la herida, porque, efectivamente, ERC
e IU estuvieron en contra de la posición socialista
en esas tres ocasiones vitales.
En otro orden de cosas, y en la respuesta de Rodríguez
Zapatero a otros portavoces parlamentarios, el presidente
confirmó que su Gobierno está por la labor de reformar
el Estatuto de Guernica, pero con un máximo consenso.
“Me hubiera gustado que hubiera estado aquí el
lehendakari. Mi opinión es que debía de haber estado
aquí el lehendakari, para defender su opinión, como
la defendió en el Congreso de los Diputados”,
ya que, además, Ibarretxe “demostró en el Congreso
ser un buen parlamentario”.
Era un piropo a los vascos, mientras que al catalán
Pere Macias le dijo que sin duda llegarán
a un acuerdo sobre el Estatuto de Cataluña. Y no
dio para mucho más la sesión final
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