El ministro dimitido reitera su amor a España y la coherencia con sus principios
Bono no aclara, en sus muchas entrevistas, algunas incógnitas de su salida


Este domingo, Bono en todos los periódicos madrileños. Destacando, incluso en los medios más cercanos al PP, su amor a España y su aversión hacia personajes que, como Otegi, van a ser claves presumiblemente en los próximos meses. Pero, aunque todos los medios parecen aceptar que el aún ministro de Defensa se ha marchado por voluntad propia, siguen algunas incógnitas en torno a cómo se gestó y desarrolló la minicrisis del pasado viernes.

La prensa del sábado valoraba de manera diferente la minicrisis sorpresiva anunciada el viernes por la mañana por Rodríguez Zapatero. Periódico había que reflejaba un acuerdo existente desde hace tres meses para que Bono abandonase un puesto en el que yan no se encontraba cómodo. Otros medios, como el diario La Razón, muy próximo a las tesis del PP, hablaba en su titular de portada de "bronca" entre el presidente y el aún ministro de Defensa. Bronca que ha sido negada insistentemente tanto por Bono en sus múltiples entrevistas de las últimas horas como por algunas fuentes de La Moncloa, que guardan especial reserva. "El martes, más", dijo un cercano colaborador del presidente, refiriéndose a las tomas de posesión de los nuevos ministros.


08/04/2006
Diariocritico / Madrid

Porque lo cierto es que los periódicos, los tertulianos presuntamente mejor informados y los columnistas no acaban de ponerse de acuerdo en qué es lo que ocurrió en la tarde-noche del jueves en el entorno monclovita. Bono, en su mejor tradición, explica una versión obviamente edulcorada e incompleta de su abandono, versión en la que mantiene una indudable lealtad hacia el presidente, con quien sus discrepancias eran públicas, notorias e innegables.

Pero está claro que algo concreto ocurrió en esas horas vespertinas del jueves, en las que Bono visitó La Moncloa y el presidente anuló abruptamente su asistencia a la cena de gala que los Reyes ofrecían al secretario general de la ONU, Koffi Annan. Una ausencia que no dejó de suscitar comentarios en el Palacio de Oriente, como es lógico. Aunque nadie imaginó, hasta que a las 9.20 de la mañana del viernes un SMS del portavoz anunciaba a los periodistas que Zapatero iba a comparecer cuarenta minutos más tarde, el alcance de lo que pasaba. El SMS lanzado por las gentes de Moraleda hizo suponer ya a muchos que Zapatero solamente podía anunciar una cosa: algún cambio en su Gabinete, quizá derivado de los nuevos tiempos en el proceso de negociación con ETA.

Los más perspicaces --alguien lo sugirió en una radio autonómica-- intuyeron que ese cambio se referiría especialmente al titular de Defensa, a quien algunos confidenciales presentaban desde hacía meses como "cansado, irritable, nervioso" y cada vez más discrepante en cuestiones concretas de la marcha del Gobierno de Zapatero, como el Estatut de Cataluña y, sobre todo, el inicio de una negociación con el mundo batasuno representado por Arnaldo Otegi. Las declaraciones del titular de Defensa sobre Otegi se hacían incompatibles con las que, al tiempo, realizaban Zapatero y otros miembros del Gobierno. La dureza verbal de Bono hacia Batasuna y sus principales representantes se completaba con las andanadas dirigidas contra el nacionalismo catalán y contra el president de la Generalitat, Pasqual Maragall.

Así, y aunque puede que algún otro ministro comparta --más tibiamente, eso sí-- las posiciones de Bono, lo cierto es que el titular de Defensa se había ido quedando muy solo en el Consejo de Ministros. Y de esto sí se había hablado francamente, desde hace semanas, entre el ex presidente castellano-manchego, el ministro más popular según las encuestas, y su jefe político y ex contrincante en el congreso del PSOE por la sucesión en la secretaría general, José Luis Rodríguez Zapatero.

¿Por qué no esperar cuatro días?

La impresión general es la de que ZP y Bono se han dicho a la cara cuanto tenían que decirse, y así lo ha confirmado Bono en sus últimas declaraciones. Pero con talante y sin bronca. Y había un acuerdo tácito para que, tras la aprobación parlamentaria de la Ley de Tropa y Marinería, cosa que ocurrió el mismo jueves, Bono se marcharía. Lo que no está claro es que lo debiese hacer con tanta prisa: ¿qué sentido tenía el abrupto anuncio del viernes por la mañana, cuando los Reyes iniciaban un viaje oficial a Arabia Saudí que hará imposible que los nuevos ministros, Alonso, Rubalcaba y Mercedes Cabrera, tomen posesión hasta el martes? La verdad es que, en sus respuestas a las entrevistas periodísticas en El País, El Mundo, ABC y La Razón, Bono evita explicar satisfactoriamente este extremo, cuyo alcance minimiza.

Algún día lo sabremos casi todo. Casi todo. Porque hay cosas que no se pueden medir, como el hartazgo de Bono de un puesto en el que la promoción es imposible, o el cansancio de perder batallas ideológicas, o la irritación ante el rechazo mayoritario a sus tesis por parte del socialismo ahora dominante. Su hostilidad hacia los nacionalistas hacía imposible cualquier 'ascenso' de Bono a la presidencia del Gobierno (o incluso a una vicepresidencia). Y él mismo ha declarado que su hija le pidió, como especial regalo de Reyes, que abandonase la política, un factor que, conociendo la emotividad de Bono, sin duda también --que no exclusivamente, claro-- ha pesado en su decisión de tirar la toalla.

Mas coherencia, menos pluralismo

Otra cosa es cuánta alegría íntima habrá producido a ZP este abandono, diga lo que diga en público, y por mucho que ahora Bono exalte el valor de su amistad con el presidente, cuyas actuaciones evidencian cada vez mayor frialdad y cálculo. La salida de Bono, sustituído a la hora de controlar los servicios secretos por un amigo de muchos años de Zapatero, un José Antonio Alonso que es mucho más juez que político, mucho más discreto que brillante, mucho más leal que ideólogo, refuerza la coherencia del Gobierno, aunque rompa otros equilibrios.

La entrada de Pérez Rubalcaba en Interior --parece que fue una sorpresa incluso para él, que el mismo viernes, a las ocho y media de la mañana, se enteró de su nuevo destino--, en estos momentos de delicadísimo encaje de bolillos con el mundo etarra, simplemente significa continuidad en las funciones que el casi ya ex portavoz parlamentario venía realizando: sin embargo, habría que asegurarse de que es bueno que sea el propio ministro del Interior, y no alguien más desde la sombra, quien lleve las riendas de los contactos. Es cuestión no precisamente menor, que solamente los próximos meses, apasionantes, aclararán. Lo urgente será, no obstante, que Rubalcaba mejore sus relaciones con el PP (y viceversa) para poder afrontar conjuntamente el proceso de pacificación. Tendrá, dicen este domingo algunos comentaristas, que potenciar el pacto antiterrorista y el diálogo con los 'populares'.

Queda, claro, el relevo en Educación. María Jesús San Segundo, buena gente, leal a Zapatero y a su proyecto hasta afrontar una impopularidad que ella trataba de disfrazar de huída de los focos, carecía de muchas cualidades precisas para un ministro. Claro que hay otros/as varios/as miembros del Ejecutivo que comparten esas y más carencias. Los rectores parecen haber sido claves en su salida del Ministerio, curiosamente inmediata tras la aprobación de la Ley de Educación, que no puede atribuirse en exclusiva a ella. De la sustituta, Mercedes Cabrera Calvo-Sotelo, no hemos leído más que elogios, incluyendo, curiosamente, los que han venido de un Partido Popular bastante desconcertado con lo ocurrido, para el que la salida de Bono, por lo que representa de clarificación de las cosas en el tono político del Gobierno, debería ser una buena, y no una mala, noticia: les deja, a los populares, más espacio de juego.

Mucho queda pendiente

Pero queda claro que la verdadera remodelación sigue pendiente: Vivienda, Industria, Cultura, son siempre objeto de polémica, por limitar bastante el alcance de lo que debería ser una crisis de un Gobierno que, en sus dos primeros años de existencia, ha acumulado probablemente más luces que sombras. Aunque nadie podría decir que esta remodelación ha sido perfectamente planificada por el gran improvisador ZP: seguramente, a tenor de todo lo arriba escrito, al presidente le han cambiado el paso, obligándole a acelerarlo. Si hubiese tenido más tiempo de encontrar sustitutos, qué duda cabe de que habría hecho algún cambio más.

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