Viaje al corazón de la sociovergencia
A cuatro días escasos del final de la campaña electoral, tan jaleada por los medios de comunicación generalistas, nos adentramos en un distrito barcelonés, el de Sarrià-Sant Gervasi, casa matriz o casi, pero hogar seguro de lo que, vaya el lector a saber con qué intenciones, se considera la sociovergencia. En este distrito de zona alta tienen su domicilio significados cargos no sólo de CiU y el PSC, sino del PP y hasta de Iniciativa per Catalunya.
27/10/2006
Paco Vilariño / Diariocrítico / Barcelona
¿Dónde empieza y dónde termina el distrito de marras? Por el Este, por encima de la avenida Diagonal, seguro. Lo de arriba es Barcelona y lo demás, son barrios bajos, incluyendo el centro histórico de la capital catalana, cuando no periféricos y/o suburbiales. Pancartas -pocas-y banderolas de todos los partidos aparte, los habitantes de un distrito que tiene a gala ser la
crece de la crece
barcelonesa, o sea, la repanocha, nivel no asociado necesariamente a estado de cuentas bancarias, parece que lo de las elecciones se lo toman con muchísima calma, incluso en la sede del PSC, incrustada en el corazón de la antigua villa de Sarrià.
N la sede de los socialista apenas se nota que estamos en campaña electoral, salvo por un aviso colocado tanto en el tablón de anuncios como en los cristales del local (un bajo de la calle Majar de Sarrià). En él se pone un número de teléfono para acudir, en autobús pagado por el partido, al mitin de cierre de la campaña (a las 19 horas del próximo lunes, 30 de octubre, en el Pabellón Blaugrana) en el que intervendrán José Luis Rodríguez Zapatero y el candidato José Montilla. ¿Expectativas de victoria? La docena escasa de militantes que, por una circunstancia u otra, están presentes en la sede del distrito, no lo tienen muy claro. En ellos ha hecho mella el resultado de las últimas encuestas:
"un tripartito es posible"
, dicen basándose en una elemental aritmética de posibles pactos en función del número de escaños. Que ERC esté por la labor, eso es harina de otro costal, acaban conviniendo.
En la sede de Convergència i Unió del distrito, tan poco concurrida como la de sus adversarios socialistas, ni hay euforia, ni derrotismo. O sea, están a verlas venir, pese a lo que anuncian las encuestas, tan contradictorias (50-52 diputados la del CIS, 43-47 el último Sermómetro de la SER), el pacto que desearía la militancia más nacionalista, considerado incluso como mal menor, sería con Esquerra Republicana. Formalmente, a la vista de análisis sociológicos previos, resultaría un contrasentido, dado que ERC, el factor hooligan del tan denostado tripartito, es la que se lleva todos los palos del rechazo. ¿E ir coaligados con el PSC, como en Alemania? Aquí la respuesta de las bases locales es unánime:
"los del PSC no se dejarán"
. ¿Ni aunque lo digan en Madrid, dado que según CiU, son sucursalistas?
"Eso, diga lo que diga Artur Mas -afirman-queda muy lejos, como mínimo hasta el 2 de noviembre".
La presencia militante del PP y de ICV es, a nivel organizativo, puramente residual en el distrito de Sarrià-Sant Gervasi. En él viven cargos y significados militantes de ambas formaciones, pero digamos que ni siquiera ejercen orgánicamente en el distrito, más allá de ocasionales incursiones en bares del Paseo de la Bosanova (gente del PP) o de restaurantes pequeños y discretos (los de ICV). En ese tipo de locales, por otra parte considerados como zona de nadie o, en el caso catalán, definidos como zona de
"pau i treva"
(de paz y de tregua, al modo medieval contemplado en el antiguo código de los
Usatges
, inspirado por el Abat Oliba, luego obispo de Vic), concurren los unos y los otros, de forma civilizada y, en el caso de las inminentes elecciones, sin lanzarse pullas más allá de lo que aconseja la buena educación y el mutuo conocimiento de años. Tanto para los militantes/votantes de CiU, PSC, PP e ICV los que no son de su cuerda, pero sí de su distrito, vienen a ser como mables excentricidades sociales, a todo tirar, variables del ecosistema barcelonés.
Y un detalle, captado al vuelo por el observador desprejuiciado: sea cual se no ya el resultado electoral, sino los pactos que, a tenor, de los comicios del 1-N, se puedan propiciar, todos formarán parte del orden natural --¿previsible?-- de las cosas. ¿Oasis catalán o marasmo de una parte de la sociedad europea del bienestar? .
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