Lunes, 20 de junio
Por Carballeira

Nuestros ensabanados favoritos sacan pecho y se congratulan de los resultados obtenidos. En público, los de la Santa Compaña fantasmean a modo y no se besan pasionalmente a sí mismos, simplemente porque no se llegan... Los del Partido Popular, con el desabrido Fraga a la cabeza ronean de ser la fuerza más votada (y ciertamente lo es) y la de mayor implantación territorial. Pero, al modo ignaciano deberían hacerse la pregunta ¿de qué sirve tener más votos si se pierde el Gobierno?

En casa de los bloqueiros alguien ha comenzado a citar, al modo de las brujas macbethianas, el nombre proscrito de Beiras, y, además nada disimuladamente, a Anxo Quintana le van a pasar factura por los malos resultados obtenidos en Ourense...

Y tampoco andan las cosas muy boyantes en la cofradía socialista. Eso de que Emilio Pérez Touriño, a las primeras de cambio, se precipitase en presentarse como presidente de todos los gallegos está muy bien, siempre y cuando se hubiese despejado la incógnita del recuento del voto de los emigrantes, cosa que no sucederá hasta dentro de siete días, ha dejado un cierto malestar entre veteranos y fogueados cuadros de comarcas, los encargados de hacer funcionar la cosechadora de votos. Porque siempre hay tiempo para echar las campanas al vuelo, si cuadra con repique de solemnidad grande, al modo de las de la catedral compostelana.

Se terminó la Santa Campaña con su estrambote de la noche electoral. Todo parece decidido, aunque sigue en el aire la mayoría absoluta de los peperos. Y por ella van a pelear hasta el último voto en la circunscripción de Pontevedra. Bueno, hasta el último voto y la última triquiñuela.

Porque, hasta el día 18 de julio, fecha de constitución del nuevo Parlamento gallego, la Santa Compaña de los vivos sigue en activo. Aunque no vague sin rumbo como la de las ánimas de los aparecidos, ya que todos tienen una dirección: la del poder.

Lea la anterior entrega de la Santa Campaña

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