Crónica resumen del año
El Príncipe Felipe y Letizia Ortiz se casan en un día marcado por la intensa lluvia

- Asistieron de todas las Casas Reales y jefes de Estado y de Gobierno


El matrimonio del Príncipe Felipe ha sido sin duda una de las noticias más relevantes de 2004 y una de las más esperadas de los últimos años. Después de haber capeado repetidamente las indirectas sobre su estado civil, especialmente cada vez que alguna de sus hermanas tenía un bebé, por fin, el 3 de noviembre de 2003 y a sus 36 años anunció su compromiso con una periodista, una relación de la que no había noticia pública y que culminaría con una boda el 22 de mayo de este año, la primera de Estado que se hacía dede la de Alfonso XIII.

Diariocrítico/Agencias (Madrid)

El Príncipe se unía con su elección a la tendencia de otros herederos europeos, cuyas parejas se alejan bastante del cliché tradicional. Letizia Ortiz es una mujer culta, que se ganaba la vida presentando un informativo en Televisión Española, que no procede de una familia de aristócratas y además está divorciada. Un indudable acercamiento de la monarquía al pueblo que fue recibido de manera desigual según los sectores.

Sin embargo, la agenda preparada desde Zarzuela, al anunciarse el compromiso y la boda justo en el momento en que comenzaban los rumores sobre una relación entre los dos, no dio lugar a un posible debate social ni a sondeos sobre la idoneidad de la mujer escogida como pasó con Eva Sannum, la modelo noruega con la que el Príncipe mantuvo una sólida relación durante años y en cuya ruptura fue crucial la opinión pública.

Así, se siguieron con respeto general -sólo roto por los comentarios del afamado periodista Jaime Peñafiel- los datos biográficos que iban surgiendo de la vida de la futura Princesa de Asturias y de su familia, un tanto engrandecidos especialmente a la hora de dibujar el perfil de sus hermanas.

Y entre reportaje y reportaje llegó el gran día; que amaneció meteorológicamente muy alejado también de lo que se supone que tiene que ser un día de ensueño para los que en un futuro serán los Reyes de España. El 22 de mayo cayó en Madrid una tromba de agua como hacía tiempo que no se recordaba, y que fue especialmente intensa en los momentos más esperados del enlace: la salida de Doña Letizia del Palacio Real de camino a la catedral de la Almudena y que provocó que en lugar de hacerlo andando lo hiciera en un Rolls; la salida de los novios del templo, y el paseo por las calles de Madrid, que quedó bastante deslucido por la falta de público.

Rosa, plata y amarillo

La capital, engalanada por Pascua Ortega con unos adornos en tonos rosa, plata y amarillo se atrincheró en cuanto a medidas de seguridad, imprescindibles ante la concentración de jefes de Estado y miembros de todas casas reales europeas, todas presentes en el enlace. Algunos emblemáticos monumentos y edificios de la ciudad como la Puerta de Alcalá, la Biblioteca Nacional y el Palacio de Correos fueron adornados con una vanguardista iluminación que provocó colapsos en el centro de la ciudad durante varios días ante la avalancha de ciudadanos que querían verlos. Al final, se optó por quitar las luces.

Capítulo aparte merece el vestido de la novia, siempre el secreto mejor guardado en este tipo de acontecimientos, que fue diseñado por el veterano Manuel Pertegaz. Letizia lució radiante pese a su evidente pérdida de peso, un vestido de corte princesa en seda natural en color blanco roto con una cola de cuatro metros y medio.

El escote hacía forma de pico, con cuello corola y bordado con motivos heráldicos en hilo de plata y oro. El bordado se repetía en las mangas, largas y acampanadas; en el frente del vestido y en el borde de la falda. Los zapatos fueron diseñados por Pura López. El ramo, en cascada, llevaba lirios como emblema de los Borbones.

La princesa de Asturias llevó también una diadema de estilo imperio de platino y brillantes propiedad de la Reina, que la lució el día de su boda y la ha llevado en varias celebraciones oficiales y ceremonias oficiales. Sujetaba la tiara un manto nupcial que había regalado el Príncipe Felipe a su prometida. De forma triangular, tenía tres metros de largo por dos de ancho en su base, blanco roto y con bordados que mezclaban la flor de lis y la espiga.

El Príncipe Felipe vistió el uniforme de comandante del Ejército de Tierra, con guerrera y pantalón azules de satina de gorina, diseñado por el sastre madrileño Cecilio Serna. Confeccionado por ocho personas, el cuello y las bocamangas estaban bordados en oro. Siguiendo la tradición de la monarquía española, llevó además el Collar de la Orden del Toisón de Oro además de la banda y la placa de la Gran Cruz del Collar de la Orden de Carlos III, consistente en una banda azul celeste unida en sus extremos mediante un rosetón picado de la misma tela y con dos franjas blancas paralelas.

Las patadas de los pajes

Graciosísimos resultaron los pajes, que habían sido vestidos con trajes de inspiración goyesca y que protagonizaron las anécdotas de la jornada al no parar de jugar y darse patadas durante la ceremonia. La Reina Doña Sofía escogió para la ocasión un vestido largo de color champán de Margarita Nuez que no consiguió la crítica favorable de todos los comentaristas sociales del evento.

Un episodio anecdótico para olvidar es la ausencia de Ernesto de Hannover a la ceremonia, al parecer por no haber podido sobreponerse a los encantos de la noche madrileña. Tampoco conviene recordar demasiado el frenesí de los madrileños cuando cesó de llover, que se avalanzaron a las calles para conseguir cualquier objeto relacionado con el evento. Esta fiebre principesca arrasó con la decoración floral -tierra incluida- e incluso las alfombras extendidas en la calle, ya empapadas, por donde había pisado la pareja.

Comentar que la famila de doña Letizia destacó por su elegancia. Tanto la madre, Paloma Rocasolano, como las hermanas, Telma y Erika, lucieron trajes de chaqueta de Felipe Varela con enormes pamelas que recibieron una crítica favorable en los corrillos televisivos que siguieron minuto a minuto la celebración. El banquete se celebró en el Patio de Armas del Palacio Real que se cubrió con una carpa.

Tras el enlace, el siguiente episodio para los Príncipes de Asturias es ineludiblemente el hijo. Si no el nacimiento, será más que probable que el embarazo suceda en algún momento de 2005, más aún teniendo en cuenta la voluntad de los protagonistas, que han manifestado públicamente su intención de tener una familia muy numerosa.

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