Fernando Jáuregui
¿Qué le faltó a Zapatero?
15/04/2004


Buen discurso en el fondo, buena y atinada forma, escasos olvidos. Esa es mi opinión inicial inmediatamente después de haber escuchado las ofertas con las que Zapatero se ha garantizado el pasaporte a La Moncloa. Estuvo moderadamente elegante, aunque le faltó un reconocimiento más explícito de los logros de sus antecesores: obviamente, no hay sintonía, aunque sí corrección, entre él y Aznar, ese Aznar al que ha enviado al Consejo de Estado, que adquiere un nuevo papel.

Insisto: me pareció bien, hasta muy bien, el discurso de Zapatero. Es lo que necesitaba la ciudadanía: tranquilidad y cambio moderado. No un discurso de tono socialista, ni siquiera partidario, sino regeneracionista. Pero, en este ámbito, faltaron referencias más explícitas a medidas de profundización de la democracia (reformas en la ley electoral, desbloqueando, por ejemplo, las candidaturas electorales, reforma de la financiación de los partidos). O al Plan Ibarretxe, al que no se puede incluir en la genérica pretensión de reformar algunos estatutos de autonomía.

Se le veía a Zapatero algo presionado por la necesidad de contar con los votos de algunos nacionalistas, y por ello fue ambiguo en ese terreno, aunque sus palabras, sin duda, suponen un avance sobre lo que existía. Se le notaba, también, necesitado del apoyo catalán, y por ello la inmediata suspensión de la ley de Calidad de la Enseñanza. Habló poco del otro vértice del estado de bienestar, la sanidad. Y, desde luego, a todos nos pareció que, en cuestión de política exterior, se hacía menos hincapié en una fecha concreta para la retirada de las tropas de Irak.

Ni tampoco habló de la reforma de los servicios de inteligencia. Uno de los temas pendientes desde siempre.

Pero no es cierto, como dijeron los portavoces del Partido Popular, que el discurso fuese vacío, exento de compromisos. Sí los hubo -más de una veintena, de distinta importancia y trascendencia-. Un discurso de Estado, cargado de buenos propósitos y, como el propio Zapatero dijo, acaso de algo de utopía. Pero ¿no es hora ya de incorporar algo de utopía a la vida política? Incluso, puestos a hacer honor al título de este artículo, pienso que en este terreno de quedó algo corto.