Gaspar Llamazares (Coordinador de IU)
La nueva etapa que se abre para España
15/04/2004


Izquierda Unida ha abordado la sesión de investidura de José Luis Rodríguez Zapatero desde el sentir de que somos parte de la rebelión democrática contra la mentira y contra la guerra demostrada en los resultados de los comicios del 14-M y de las esperanzas depositadas por nuestros 1.300.000 votantes para que seamos capaces de abrir un nuevo periodo en la vida política y social en nuestro país.

Los cerca de 16 millones de votantes de los distintos partidos democráticos de izquierdas esperan de sus diferentes dirigentes que seamos capaces de reconducir la realidad actual de confrontación política e institucional hacia un camino de diálogo y de convivencia, donde los problemas no se resuelvan mediante las trincheras, sino construyendo puentes y escuchando.

Se espera también que el crecimiento económico redistribuya sus beneficios de una manera más equitativa, que se ponga fin a la cultura del pelotazo, de la aristocracia de los negocios y de los contratos basura, del deterioro de los servicios públicos y de los beneficios escandalosos de toda suerte de especuladores.

Para nuestra formación, los desafíos exigen salirse de los trillados caminos de la razón de Estado, del pragmatismo sin sustancia, de las ataduras autoimpuestas, de los gobiernos sin la ciudadanía, de la "política sin complejos" sobre la base de la supresión de cualquier pensamiento crítico. Es tiempo para otra política, de otra forma, con otros medios. Si esas expectativas se cumplen razonablemente ayudaremos enormemente al fortalecimiento de nuestros sistemas sociales y democráticos de derecho. Y habremos hecho más: hacer inviables en los discursos y en las prácticas las políticas del neoliberalismo ultramontano y violento que han gobernado en nuestro país.

Las elecciones del 14-M pusieron fin a un periodo nefasto. Nunca antes habíamos vivido con tanta intensidad y dramatismo tanta prepotencia sectaria, tanta intolerancia y confrontación. No puede haber ninguna duda de la legitimidad democrática de los resultados. No fue un voto cobarde, como pretenden los neoconservadores de la Casa Blanca. Fue un voto en libertad, una victoria de la democracia. Tampoco los resultados han sido fruto de ninguna conspiración diabólica, sino de una legítima reacción ciudadana. La perspectiva de cuatro años más del Partido Popular en el Gobierno resultaba simplemente insoportable para una mayoría de ciudadanos.

La "marea ciudadana" de las elecciones fue también el efecto de la huelga general contra el "decretazo", de las movilizaciones contra la Ley Orgánica de Universidades, la Ley de Calidad de la Enseñanza, el Prestige y, singularmente, contra el apoyo del gobierno a la guerra de Iraq.

Ante todo, para iniciar con buen pie la VIII Legislatura, tenemos la obligación de desactivar por mandato ciudadano el colapso democrático producido en torno a los atroces atentados terroristas del 11 de Marzo, las mentiras de Estado y la guerra.

Las amenazas de nuevos atentados contra la ciudadanía son de tal magnitud que obligan a una recuperación inmediata de la unidad de todas las fuerzas democráticas contra el terrorismo. Por ello, reclamamos el compromiso inmediato de superar el Pacto Antiterrorista, hasta ahora circunscrito a los dos partidos firmantes, a través de una comisión parlamentaria permanente contra el terrorismo, en la que estén representados todos los grupos parlamentarios sin excepción, en aras de una mayor eficacia, una mejor información y una acertada estrategia, evitando de este modo que nadie obtenga dividendos políticos particulares.

Para IU, la primera prioridad tiene por referencia la decisión sobre nuestra presencia militar en Iraq. La retirada de las tropas españolas es una condición "sine qua non". Tomar esta decisión es un acto de soberanía. No es ceder a ninguna amenaza terrorista. Sabemos que sacar las tropas de Iraq no nos da un seguro de vida frente al terrorismo global. Pero lo que está en juego, aquí y ahora, es nuestro derecho a decidir libremente, en representación de la voluntad inequívoca de la ciudadanía. Se trata, simplemente, de rectificar la decisión del señor Aznar de comprometer a España en una guerra injusta e ilegal.

Se ha puesto fin no sólo a una legislatura, sino a un régimen. Tras un largo periodo de gobiernos neoconservadores, los ciudadanos han rubricado su profundo deseo de cambio, de deconstrucción del régimen autoritario implantado por el señor Aznar, y de profunda renovación de la vida pública.

El cambio tiene ante sí desafíos trascendentales: la regeneración democrática; la apertura de una nueva etapa de desarrollo autonómico y la necesidad de un impulso al empleo y a las políticas sociales y medioambientales.

Ya es hora de que el Parlamento juegue un papel central, con una reforma del Reglamento que proteja y garantice la participación y los derechos de todos los grupos parlamentarios; que potencie el control al Gobierno y agilice las interpelaciones y comparecencias; que facilite la creación de comisiones de investigación y de una Oficina Presupuestaria, tantas veces postergada.

Para que se garantice la independencia de la Justicia y el principio de separación de poderes, estaremos muy atentos al nombramiento del nuevo Fiscal General del Estado y a la elección del próximo presidente y demás miembros del Tribunal Constitucional y del Consejo General del Poder Judicial. Y nos gustaría escuchar el compromiso explícito de fortalecer las competencias de la Fiscalía Anticorrupción.

La construcción de ese modelo económico es un objetivo insoslayable, como también debe serlo la construcción de un modelo social avanzado y el perfeccionamiento de unos servicios públicos universales y de calidad.

Para nosotros es prioritario el impulso a la creación de empleo estable y de calidad. Además de suprimir las disposiciones que permiten contrataciones precarias, claramente abusivas, plantearemos algo tan sencillo como el cumplimiento de la norma legal en materia de contratación, por ejemplo impidiendo el encadenamiento irregular de contratos o la rotación sistemática para cubrir puestos de naturaleza estable.

El Estado de Bienestar social es uno de los mayores logros de la izquierda y una de las más claras señas de identidad del sistema político democrático. Aquí también será necesario recuperar el tiempo perdido por la derecha, en cuyos años de gobierno no ha cesado de aumentar el diferencial de gasto público social de España en relación con la media europea. Un diferencial de 7 puntos del Producto Interior Bruto que nos sitúa en el penúltimo lugar de la Unión Europea.

Para colmar esa diferencia, las prioridades deberían centrarse en una mejor financiación de la Sanidad pública, en el aumento de las pensiones más bajas y en una Ley Básica para la ampliación de los Servicios Públicos Sociales, todavía escasamente desarrollados en nuestro país.

Impulsar la Sanidad, la Educación y la Vivienda públicos, abrir un nuevo periodo de expansión y de renovación democrática, que reconozca nuevas libertades y nuevos derechos sociales y ecológicos resultará fudamental para este nuevo periodo.

Tenemos también una cuestión pendiente, una injusticia que arrastramos como consecuencia de las condiciones históricas propias de la transición democrática en nuestro país. Se trata de la distorsión que afecta especialmente a Izquierda Unida en su representación electoral. Porque no es tolerable que los 1.300.000 votos obtenidos se hayan traducido tan sólo en 5 escaños. Exigimos la reforma de una Ley Orgánica Electoral que nos discrimina y hace que siendo la tercera fuerza más votada seamos sin embargo la sexta en escaños. Para que ninguna otra fuerza política sea perjudicada, proponemos un aumento razonable del número de diputados del Congreso, tal y como lo permite la Constitución, y su atribución proporcional en función de los restos obtenidos por cada partido.

IU tiene la esperanza de que esta sea una legislatura de intensa colaboración parlamentaria, en la que la izquierda construya una amplia zona de entendimiento, sin que por ello nadie tenga que renunciar a sus convicciones políticas. Rodríguez Zapatero ya sabe de primera mano que nosotros vamos a defender nuestro proyecto político y nuestro programa, que vamos a estar vigilantes con su programa de gobierno y que seremos estrictos y rigurosos en su cumplimiento. Pero también tendremos la máxima disposición al diálogo y a la colaboración.