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Madrid le regaló al Príncipe
Felipe y a doña Letizia
una pieza sinfónica de nueve minutos,
obra de Nacho Cano, que dejaba
entrever el alargamiento a que había
sometido a la composición original
de tres minutos pero que, entre
los presentes al acto, motivó numerosas
palabras de satisfacción. No tuve
ocasión de escuchar los comentarios
de personajes de la música como
Plácido Domingo o Miguel
Bosé que, antes de la entrega
de la Medalla de Honor al Príncipe,
comentaban sus últimos trabajos
-la puesta en escena de "La dama
de picas"; Bosé su último disco
"Por vos muero"-. Quienes
morían a pocos metros eran todas
las periodistas que no perdían comba
de sus paseos mientras comentaban
lo guapo que estaba, ni los periodistas
que hablábamos de necesarios pactos
con el diablo.
La entrega de la Medalla de Honor
empezó con tremenda puntualidad.
Tocaba las campanas del carillón
de la Casa de la Villa y aparecían
los coches oficiales. Dentro, desde
media hora antes, esperaba un centenar
de invitados. Allí charlaba el presidente
del Senado, Javier Rojo,
con el ex alcalde Juan Barranco;
el presidente del Real Madrid, Florentino
Pérez -no dejaba de decir eso
de "unas veces se gana y otras
se pierde"- con los secretarios
generales de CCOO Madrid y UGT Madrid,
Javier López y José Ricardo
Martínez; el periodista Jaime
Peñafiel con el también ex alcalde
José María Álvarez del Manzano;
la actriz Nuria Espert con
el director Luis García Berlanga.
Y todos ellos entre sí. Allí estaban
también el coreografo Víctor
Ullate, el escultor Salvador
Ochoa, el juez Baltasar Garzón,
el secretario de Estado para el
Deporte, Jaime Lissavetsky;
el presidente de la Cámara de Comercio,
Fernando Fernández Tapias;
el director general de Deportes
de la Comunidad, Antonio Garde,
y los Cronistas de la Villa que,
por primera vez, asistíamos a un
acto preparativo de una boda real.
No hay que olvidar que desde 1906
Madrid no celebra un acto parecido
y ya ha llovido desde aquello.
El acto institucional se ajustó
a lo previsto: revista de la Policía
Municipal de gala y a caballo; discurso
en los que el alcalde Alberto
Ruiz Gallardón dejó patente
la relación de Madrid con la Familia
Real y, sin olvidar el 11-M, puso
la vista en el futuro al decirle
al Príncipe: "habéis dado a Madrid,
Alteza, una valiosa oportunidad
de levantarse y seguir adelante.
La capital podrá volver a ser ella
misma"; entrega de la medalla
que el Príncipe quiso que Ruiz-Gallardón
le prendiera en la solapa; discurso
del Príncipe con alabanzas al "coraje"
y la "solidaridad" de esta
ciudad y, de nuevo, mirada al futuro,
al decir: "pero el deber de la
responsabilidad y el compromiso
con la vida nos exigen que sigamos
adelante, para ser capaces, entre
otras cosas, de evitar que atrocidades
semejantes vuelvan a producirse".
Más distendida fue la entrega del
regalo. La gran carpa, con capacidad
para los 64 músicos de la Orquesta
Sinfónica de Madrid que interpretaron
la pieza Música para una boda,
los concejales y el centenar largo
de invitados, daba a la parte trasera
del Ayuntamiento -la que da a la
calle Sacramento- un aire nuevo.
Durante varios días esta carpa se
mantendrá, ya que se quiere celebrar
en ella el pase del corte olímpico
el próximo día 18. Después de que
la Orquesta terminara su interpretación,
el alcalde llamó a Nacho Cano para
que saludara al Príncipe y a su
prometida. A partir de ese momento,
el protocolo dio paso a una charla
distendida entre don Felipe, doña
Letizia y los invitados que duró
más de una hora. Cuando el Príncipe
y doña Letizia abandonaron la carpa
pudieron comprobar cómo los ciudadanos
seguían esperando en la plaza de
la Villa para expresarles su apoyo,
en un aperitivo de lo que será el
próximo día 22.
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