Pilar Cernuda
La boda del año
14/05/2004


No sé si saben que se celebra una boda en España el día 22 de mayo. Bromas aparte, es la noticia del año aunque ha sido un año aciago en terrorismo y se ha producido un cambio de gobierno contra todo pronóstico. El atentado brutal, sobrecogedor, ha provocado que las medidas de seguridad de esa boda sean exageradas pero absolutamente necesarias. Sin embargo lo que importa es que se celebra una boda que pondrá a una periodista española en el camino que conduce directamente al salón del trono.

No es fácil el camino que recorre Doña Letizia, pero está bien acompañada. El Príncipe, se nota, no es solo un hombre enamorado, sino que está seguro de que ha elegido con el mejor criterio y que lleva al altar a una mujer de la que los españoles se sentirán orgullosos a corto plazo. Y está acompañada también Doña Letizia por el afecto profundo que le demuestran los Reyes desde el primer día que entró en La Zarzuela, hace menos de un año, y por la complicidad que le demuestran las Infantas desde que la conocieron.

Un sector de la sociedad es muy crítico. Con el Príncipe, no con la que dentro de pocas fechas será Princesa de Asturias. Alega ese sector, que es más numeroso de lo que gustaría a los Reyes y menos influyente de lo que a ellos gustaría, que el responsable de esta situación que aceptan mal es D. Felipe, por no elegir a quienes consideraban que debía elegir, una mujer sin pasado y a ser posible perteneciente a una familia aristocrática. Y en cuanto pueden mencionan a D. Juan de quien dicen que, si viviera, no habría consentido este enlace.

Es rastrero utilizar el nombre de quien no puede dar su opinión sobre la boda de su nieto, de la boda del nieto que va a ser Rey. D. Juan, hombre cabal, seguramente habría aceptado a una Leticia que ha puesto la sonrisa en el rostro del Príncipe y brillo en sus ojos y que, desde el mismo día en que se anunció su compromiso, ha demostrado su afán por aprender, mantenerse en sitio y asumir responsabilidades que en algunos casos obligan a muchas renuncias. Aparte de demostrar que los comentarios, las falsedades y las especulaciones, aunque duelan como duelen, no pueden hacer mella en su proyecto de vida junto al Príncipe, con todo lo que eso significa.

Merecen, el Príncipe y Letizia, un voto de confianza. Merecen ser felices, formar una familia y que se les deje ejercer sus funciones de Estado. Tienen madera para salir del reto con la cabeza alta por el trabajo bien hecho. Madera de gente noble por dentro, que es donde debe estar la nobleza..