Antonio Pérez Henares
Tengamos la boda en paz
16/05/2004


Que la tengan los novios, que la tenga España y que en paz quedemos todos. Una boda siempre viene bien para subir los ánimos y falta nos hacen a los españoles después de la que nos cayó el 11-M. Pero para alegrar los espíritus resulta condición indispensable que la cosa acabe bien y en paz. Y eso ya tiene algún problema.

El obvio es que tratándose de la boda que se trata el terrorismo bien pudiera aprovecharla para intentar uno de sus crímenes-espectáculo al mundo. Y aquí tenemos asesinos de dos camadas, los de ETA y los suicidas islamistas. Así que el despliegue de 20.000 policías y militares, misiles y hasta aviones de combate y espias está justificado y ojalá que luego no lo parezca porque no ha pasado nada. España, por desgracia, pero así son las cosas, se siente hoy menos segura y confiada que cuando se casaron las hermanas del Príncipe, aunque ETA la llevábamos a cuestas también entonces.

Pero, siendo esta la cuestión esencial hay otras por las que también pido tener en paz la boda. Un matiz menos profundo pero que molesta lo suyo. Y es que sería muy deseable que dejen de darnos el tremendo latazo a todos, desde los novios a la más humilde y plebeya ciudadanía.

Pero lo curioso es que no sólo lo digo por la lógica, aunque a veces desmesurada atención informativa. Eso hasta se aguanta, aunque las arrobas de almíbar y miel ya están levantado ardores en no pocos estómagos y despertando adormecidos sentimientos republicanos, cada vez mas jóvenes y numerosos por cierto. Lo que ya cada vez aguanto menos es a la banda de autoproclamados consejeros y guardianes de las esencias de la monarquía visigótica que no han dejado de dar la paliza y teorizar, mas bien en contra, de los novios y sobre todo de la novia. Si son mujeres, casi siempre a la que crucifican es a la novia.

Es tal la desmesura de algunos de estos y estas coleópteros de los programas de la tele-braga y tal sus afanosas ganas de figurar y hacer vernos su sabiduría en linajes y coronas, lo contraindicado de la elección y los funestos vaticinios con que amenazan que a fuerza de republicano tranquilo aún los soporto menos a ellos y he acabado por simpatizar con la pareja. ¡Si es que ya, lo que parece, es que no se casan estos novios, sino que sea el Peñafiel el que se casa!. ¡Déjelos en paz hombre!. Y de paso nos deja de dar su lata a todos.


OTR/PRESS