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Sobre gustos
no hay nada escrito. Y a mí
la madrileña catedral de la
Almudena me parece feita.
No me gusta. Creo que su estética
es más propia de un mausoleo
que de una catedral. Quienes
sostienen que es una pena
que habiendo en España catedrales
tan bellas, -entre ellas la
de la patria chica de la novia,
la catedral de Oviedo-, la
boda del Príncipe de Asturias
con Doña Letizia Ortíz
tenga que celebrarse en
la Almudena porque en Madrid
no hay un templo más amplio
y porque políticamente conviene
que el Heredero de la Corona
se case en "la capital",
desde mi punto de vista, tienen
toda la razón. Engalanar la
Almudena con tapices históricos
y guirnaldas de flores para
"taparla" me parece,
por lo tanto, una gran idea.
Pero, ¡de ahí a "tapar"
Madrid...!
Nada tengo que objetar al
"Bosque de los Ausentes" que
se ha levantado en Atocha
en homenaje a las víctimas
del 11-M. Marcada como está
por esos atroces atentados
la boda, idear un bosque ante
el que los novios puedan recordar
a los muertos antes de que
la futura Reina deposite su
ramo, como manda la tradición,
en la Iglesia de la Virgen
de Atocha, me parece adecuado.
Poético. Pero cubrir calles
y edificios de flores, guirnaldas
y colgaduras, es tapar el
alma de la ciudad. En cierto
sentido, aunque suene "racial"
-la verdad es que no sé de
que otra forma decirlo-, el
alma de España.
El trayecto que los reales
novios tienen que recorrer
para que Doña Letizia pueda
ofrendar su ramo a esa Virgen,
une físicamente dos realidades
muy distintas -el Madrid noble
y palaciego de los Austrias
y el más popular, arrabalero
y castizo- por un puente:
todo un símbolo de lo que
Don Juan Carlos ha querido
que sea la Corona española.
Aunque sea fruto de la casualidad,
como "mensaje de boda"
del Heredero, el recorrido
es un auténtico hallazgo.
Es verdad que esos dos
"madriles" están llenos
de obras por la modernización
del centro. De zanjas y de
andamios. Pero, es que el
país entero, no sólo
Madrid, está en obras. Es
decir, vivo. ¿Qué es lo que
queremos "tapar", la
realidad?. Disfrazar entraña
cierta impostura. Y a Madrid
no la están embelleciendo
para la boda, la están disfrazando.
De Ópera a Atocha, esto ya
no es una ciudad sino un parque
temático nupcial. Lo que el
sábado le van a enseñar las
televisiones al mundo es un
decorado. Como símbolo del
futuro reinado de Don Felipe,
algo ciertamente desafortunado.
Dicho lo cual: suerte a los
novios, que no tienen la culpa.
OTR/PRESS
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