Consuelo Sánchez-Vicente
Madrid, parque temático nupcial
16/05/2004

Sobre gustos no hay nada escrito. Y a mí la madrileña catedral de la Almudena me parece feita. No me gusta. Creo que su estética es más propia de un mausoleo que de una catedral. Quienes sostienen que es una pena que habiendo en España catedrales tan bellas, -entre ellas la de la patria chica de la novia, la catedral de Oviedo-, la boda del Príncipe de Asturias con Doña Letizia Ortíz tenga que celebrarse en la Almudena porque en Madrid no hay un templo más amplio y porque políticamente conviene que el Heredero de la Corona se case en "la capital", desde mi punto de vista, tienen toda la razón. Engalanar la Almudena con tapices históricos y guirnaldas de flores para "taparla" me parece, por lo tanto, una gran idea. Pero, ¡de ahí a "tapar" Madrid...!

Nada tengo que objetar al "Bosque de los Ausentes" que se ha levantado en Atocha en homenaje a las víctimas del 11-M. Marcada como está por esos atroces atentados la boda, idear un bosque ante el que los novios puedan recordar a los muertos antes de que la futura Reina deposite su ramo, como manda la tradición, en la Iglesia de la Virgen de Atocha, me parece adecuado. Poético. Pero cubrir calles y edificios de flores, guirnaldas y colgaduras, es tapar el alma de la ciudad. En cierto sentido, aunque suene "racial" -la verdad es que no sé de que otra forma decirlo-, el alma de España.

El trayecto que los reales novios tienen que recorrer para que Doña Letizia pueda ofrendar su ramo a esa Virgen, une físicamente dos realidades muy distintas -el Madrid noble y palaciego de los Austrias y el más popular, arrabalero y castizo- por un puente: todo un símbolo de lo que Don Juan Carlos ha querido que sea la Corona española. Aunque sea fruto de la casualidad, como "mensaje de boda" del Heredero, el recorrido es un auténtico hallazgo.

Es verdad que esos dos "madriles" están llenos de obras por la modernización del centro. De zanjas y de andamios. Pero, es que el país entero, no sólo Madrid, está en obras. Es decir, vivo. ¿Qué es lo que queremos "tapar", la realidad?. Disfrazar entraña cierta impostura. Y a Madrid no la están embelleciendo para la boda, la están disfrazando. De Ópera a Atocha, esto ya no es una ciudad sino un parque temático nupcial. Lo que el sábado le van a enseñar las televisiones al mundo es un decorado. Como símbolo del futuro reinado de Don Felipe, algo ciertamente desafortunado. Dicho lo cual: suerte a los novios, que no tienen la culpa.

OTR/PRESS