Fernando Reinlein
La boda
17/05/2004

Es como cuando se hablaba del Partido. Solamente había uno. El Partido Comunista de España (PCE) había copado la semántica de tal manera que nadie le llamaba por su nombre. Algunos llegaban a lo del "pece". La mayoría, simplemente, decía, "el Partido".

Ahora pasa lo mismo con "la Boda". Nadie dice la boda del príncipe con Letizia Ortiz. O la boda del heredero de la Corona. Ni siquiera la boda de Felipe con Letizia. Solamente se dice "la Boda". Todos saben a que nos referimos si utilizamos esas dos palabras.

Y monárquicos y republicanos comenzaron su ofensiva, sin saber, a mi juicio, que al pueblo llano esas ofensivas se las traen bastante al pairo. Ellos, a lo suyo. Les gusta la campechanía de la Familia Real, siguen el evento por televisión y están dispuestos a pasar por carros y carretas en Madrid, para que "la Boda" salga como es debido. Pero no son fatuos y recuerden que quienes gritaron cuando se fue Isabel II, aclamaron a su hijo Alfonso.

Los monárquicos, digo, comenzaron a poner a parir la cosa por aquello de que Letizia era plebeya y pidieron perdón a "la Sartoriuos", por ejemplo, porque le pusieron la proa al no alcanzar las cotas de "limpieza de sangre" que le exigían, aunque fuera entonces su sangre "más limpia" - aristocráticamente hablando - que la de la actual próxima Princesa de Asturias. Pero tampoco les hacía mucha gracia entonces y menos se la hace ahora.

Algunos republicanos, a su vez, alzan la voz y convocan a actos "anti - Boda" que a un servidor le parecen igual de fuera de lugar y de fatuos que las críticas de los puristas monárquicos. Pero a este mismo servidor sí le toca las narices que le hagan comulgar con ruedas de molino y que, a través de los medios de comunicación "incrustados" en el evento, se haya llegado a un pacto del éxito que justifica - cuando no ensalza - todo lo habido y por haber. Sean, por ejemplo, restricciones a la hora de entrar en la ciudad, a la hora de mermar su vida cotidiana o a la hora de restringir derechos adquiridos en aras de la seguridad cuando no del boato.

Pues no. Ya dije desde esta misma tribuna que nací un 14 de abril y que mis celulillas republicanas de vez en cuando se alborotan. No es el caso. Lo que se alborota en esta situación a la que nos llevan es otra cosa. Creo en la Monarquía en España siempre y cuando nos sea útil como nos lo ha sido hasta ahora. Pero quienes quieren defenderla en estos momentos mirando al futuro, colocando piedras y bloques de hormigón para ahormarla de manera espurea, aprovechando esta boda, a lo mejor - ellos deberían decir a lo peor - están labrando la llegada de una República que nada tendrá que ver con los actuales republicanos activos, pero que será el reflejo de la voluntad de los españoles.

Les deseo a los novios toda la felicidad que quiero para mi en estos días. ¡Ojalá los oficiosos de siempre no se la hurten a ellos ni a los demás!