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Es como cuando
se hablaba del Partido. Solamente
había uno. El Partido Comunista
de España (PCE) había copado la
semántica de tal manera que nadie
le llamaba por su nombre. Algunos
llegaban a lo del "pece".
La mayoría, simplemente, decía,
"el Partido".
Ahora pasa lo mismo con "la Boda".
Nadie dice la boda del príncipe
con Letizia Ortiz. O la boda
del heredero de la Corona. Ni siquiera
la boda de Felipe con Letizia.
Solamente se dice "la Boda".
Todos saben a que nos referimos
si utilizamos esas dos palabras.
Y monárquicos y republicanos comenzaron
su ofensiva, sin saber, a mi juicio,
que al pueblo llano esas ofensivas
se las traen bastante al pairo.
Ellos, a lo suyo. Les gusta la campechanía
de la Familia Real, siguen el evento
por televisión y están dispuestos
a pasar por carros y carretas en
Madrid, para que "la Boda" salga
como es debido. Pero no son fatuos
y recuerden que quienes gritaron
cuando se fue Isabel II,
aclamaron a su hijo Alfonso.
Los monárquicos, digo, comenzaron
a poner a parir la cosa por aquello
de que Letizia era plebeya y pidieron
perdón a "la Sartoriuos",
por ejemplo, porque le pusieron
la proa al no alcanzar las cotas
de "limpieza de sangre" que
le exigían, aunque fuera entonces
su sangre "más limpia" -
aristocráticamente hablando - que
la de la actual próxima Princesa
de Asturias. Pero tampoco les hacía
mucha gracia entonces y menos se
la hace ahora.
Algunos republicanos, a su vez,
alzan la voz y convocan a actos
"anti - Boda" que a un servidor
le parecen igual de fuera de lugar
y de fatuos que las críticas de
los puristas monárquicos. Pero a
este mismo servidor sí le toca las
narices que le hagan comulgar con
ruedas de molino y que, a través
de los medios de comunicación "incrustados"
en el evento, se haya llegado a
un pacto del éxito que justifica
- cuando no ensalza - todo lo habido
y por haber. Sean, por ejemplo,
restricciones a la hora de entrar
en la ciudad, a la hora de mermar
su vida cotidiana o a la hora de
restringir derechos adquiridos en
aras de la seguridad cuando no del
boato.
Pues no. Ya dije desde esta misma
tribuna que nací un 14 de abril
y que mis celulillas republicanas
de vez en cuando se alborotan. No
es el caso. Lo que se alborota en
esta situación a la que nos llevan
es otra cosa. Creo en la Monarquía
en España siempre y cuando nos sea
útil como nos lo ha sido hasta ahora.
Pero quienes quieren defenderla
en estos momentos mirando al futuro,
colocando piedras y bloques de hormigón
para ahormarla de manera espurea,
aprovechando esta boda, a lo mejor
- ellos deberían decir a lo peor
- están labrando la llegada de una
República que nada tendrá que ver
con los actuales republicanos activos,
pero que será el reflejo de la voluntad
de los españoles.
Les deseo a los novios toda la felicidad
que quiero para mi en estos días.
¡Ojalá los oficiosos de siempre
no se la hurten a ellos ni a los
demás!
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