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Mira que se ha
resistido uno a escribir sobre la
boda. Básicamente, para no hacer
lo mismo que los demás. Pero ya
es imposible: cómo evitar lo inevitable.
Para colmo, uno es periodista y
a ver quién es el guapo que sortea
la noticia que está en boca de todos,
la noticia que está cambiando el
paisaje de tu ciudad y que está
llevando a muy sesudas disquisiciones
sobre la forma del Estado, el papel
de las monarquías en el mundo moderno
o si Don Felipe ha heredado
el carisma de su padre, de modo
que los españoles juancarlistas
se conviertan en felipistas.
No quisiera yo, en un simple artículo
como éste, abordar de golpe lo que
requiriría varios tratados de ciencia
política, sociología y hasta relaciones
internacionales. Pero, como España,
esta España nuestra tan binaria,
tan de blancos y negros, tan cainita
y tan poco dada a los matices y
a la tolerancia, se ha dividido
ya en los pro-boda y los anti-boda,
yo debo declararme, para comenzar,
radicalmente favorable a este enlace
entre el Príncipe y la periodista,
perdón, ex periodista (habría que
ver, no obstante, si es posible
dejar de ser periodista, algo que
quizá sea más un estado de espíritu
que una profesión).
Estoy a favor, como lo está, pienso,
la mayoría de los españoles, porque
no creo que haya que cambiar las
cosas que están dando buen resultado.
No, al menos, por principio. Y porque
he tenido la oportunidad de conocer
algo a Don Felipe y algo a Doña
Letizia (lo suficientemente
poco como para no estar invitado
a una ceremonia a la que confieso
que me hubiese encantado asistir);
pienso que los dos están perfectamente
capacitados para entender el papel
de una Monarquía en estos tiempos
de cambio radical, tan poco dados
a creer en sistemas feudales, en
tradiciones arcaicas, en vasallajes
o en regalar respeto a quien no
lo merece. La Corona, ya le ocurrió
en parte a Juan Carlos I,
se conquista día a día, por méritos
propios. Y quien será Felipe
VI y su esposa representarán
bien a los españoles y a sus intereses
en el exterior y en el interior.
Porque ¿qué otra cosa es un Rey
que un equilibrio suprapartidario
de las tensiones internas y el primer
representante comercial y de imagen
del país en el mundo?
Las primeras sensaciones, en ambos
sentidos, son positivas: recuérdese
la magnífica acogida del pasado
fin de semana en Dinamarca. Y es
cierto que ciertos aspectos de la
biografía de doña Letizia no gustan
en algunos segmentos de la sociedad
española, pero, en cambio, a otros
sectores, entre los que me cuento,
son precisamente los que les parecen
más acordes con los tiempos en los
que vivimos, los que más acercan
la personalidad de la periodista
al común de los mortales.
El interés desbordante que ha suscitado
este enlace muestra que la pareja
tiene carisma y que cuenta no sé
si aún con la declarada simpatía,
pero sí con el indudable interés
de la mayor parte de los ciudadanos.
Ahora sólo falta todo lo demás.
Pero esa es tarea que tendrán que
ir cumpliendo, día a día, el futuro
Rey y la futura Reina de una España
que sabe que está iniciando una
nueva era.
OTR/PRESS
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