José Cavero
La boda que hace republicanos
20/05/2004


Es la broma del momento, -esta boda me está haciendo republicano- que, sin embargo, habría que considerar con cierta prevención: son, en efecto, muchos los ciudadanos que vienen expresando algún grado de queja o de protesta por alguna clase de los inevitables inconvenientes que origina la boda del Príncipe don Felipe y doña Letizia. Son expresiones espontáneas que han provocado las extraordinarias medidas de seguridad adoptadas, los cortes de determinadas calles de la ciudad, las desviaciones del tráfico en otras... Luego, a poco que se consideran esas quejas, sucede que la mayor parte de quienes las expresan son y se muestran perfectamente comprensivos: es normal que se hayan adoptado medidas extraordinarias de seguridad, es lógico que la tragedia del 11-M haya hecho extremar esas medidas, sobre todo, ante la presencia de varios centenares de personalidades que han llegado de todo el mundo para asistir a la ceremonia religiosa y civil por cuya virtud la Monarquía española dispondrá de la esperada vía para su continuidad.

Pero no es menos cierto que resulta sumamente difícil determinar en qué punto una celebración empieza a resultar una tortura o un suplicio difíciles de soportar. La programación de las televisiones, por ejemplo, han bordeado, también, los límites de lo tolerable. Me contaba un amigo, que se declara escasamente "televisionario", que en estos últimos días ha llegado a ver hasta cinco veces, en distintos programas de televisión, las imágenes del bautizo del infante don Felipe, príncipe de Asturias. Se han recuperado imágenes del novio correspondientes a su más tierna infancia, de jovencito, de escolar, de alumno de las escuelas militares... Y desde el mediodía del sábado deberemos estar mentalizados para contemplar una y otra vez el "sí, quiero" de los novios, que ya serán esposos, herederos de la Corona de España. Es inevitable, y bastará recordar los años durante los que la pregunta que se hacía una y otra vez tanto al Príncipe como a sus padres era la misma: Cuándo se casará...

Pues bien, llega el momento. Dicen quienes han tratado al príncipe don Felipe que su relación con doña Letizia, en los últimos meses, lo ha hecho más tratable, simpático y abierto. Más inclinado a participar de los problemas de sus conciudadanos. O lo que es lo mismo, que doña Letizia ejerce sobre él una influencia positiva. Ojalá se mantenga y perviva mucho más allá de la ilusión inicial o de los primeros años.

El presidente Rodríguez Zapatero expresaba días atrás su deseo de que la felicidad de los novios refleje la felicidad de los ciudadanos de la Nación. O viceversa: que la pareja real venga a ser reflejo de un pueblo que "progresa razonablemente", como dicen ahora las anotaciones escolares.

El pueblo, la ciudadanía, con toda certeza, se ha sumado a esa clase de buenos deseos y, a su modo y por su cuenta, habrá tenido su propia celebración y adhesión a las ceremonias...

OTR/PRESS