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El sábado, el corazón
de Madrid, se convertirá en una
fortaleza a la que no se podrá acceder
más que a pié ya que estará cerrada
a cal y canto. Un avión de la ONU
sobrevolará el cielo de la capital
para evitar sorpresas desagradables
y algunas salidas del metro permanecerán
selladas durante todo el día porque
nadie quiere que un incidente, por
pequeño e insignificante que sea,
arruine la boda del Príncipe
Felipe y Letizia Ortiz.
Un acontecimiento muy esperado,
que congregará a la créme de la
creme política, económica y social,
al que se espera que asistan mil
cuatrocientos invitados. Entre otros
los representantes de 40 casas reales.
Nunca antes Madrid había acogido
a tantas "testas" coronadas,
algunas tan exóticas como los de
Arabia Saudí, Oman, Kuwait, Jordania,
Marruecos o Brunei.
Es la primera vez desde hace cien
años que un heredero de la Corona
de España se casa en la capital
del Reino. Antes que él lo hicieron
Alfonso XII y Alfonso
XIII pero eran Reyes. Los entonces
Príncipes de España Don Juan
Carlos y Doña Sofía se
casaron en Atenas. Así pues en la
memoria de los españoles no hay
más referencia que las de las Infantas
Elena y Cristina que
se celebraron en Sevilla y Barcelona
y que fueron seguidas por más de
ochocientos millones de espectadores
de todo el mundo. Algo impensable
en otros tiempos pero que hoy es
lo habitual en cualquier acontecimiento
relevante que se celebre. De ahí
que parte de la decoración esté
pensada más para ver por televisión
que para lo que pueda tener de interesante
para el ciudadano.
No exagero si digo que Madrid es
ya un gran plató de televisión,
en el que no faltan las cámaras,
ni los focos, ni los técnicos encargados
de "pinchar" todos aquellos
lugares por donde han de pasar los
ilustres invitados -la mayoría de
ellos hospedados en el Ritz, en
el Palace, en el Villamagna, o en
el Santo Mauro-, y por supuesto
los novios.
Aunque no se conoce el recorrido
con exactitud sí se sabe que tanto
el Príncipe como Leticia se vestirán
en el Palacio Real y de allí se
dirigirán andando hasta la Catedral
de la Almudena que, aunque no es
una joya arquitectónica desde luego,
cumplirá su papel tal y como se
demostró en el funeral que tuvo
lugar en honor de las victimas del
11M. Finalizada la ceremonia los
novios se dirigirán a la Basílica
de la Virgen de Atocha, donde la
ya Princesa de Asturias depositará
su ramo de novia -antes que ella
ya lo hicieron sus antecesoras por
estar muy vinculada a la Corona
Española-,. De la Basílica se dirigirán
a Atocha en recuerdo a las victimas
del 11M -tan presentes ese día en
la menta de los madrileños-, y de
allí a Cibeles, Gran Vía, Plaza
de España para finalizar en el Palacio
de Oriente desde donde se espera
que saluden al pueblo de Madrid.
El beso desde el balcón del Palacio
se ha convertido en un Clásico de
todas las bodas reales. Baste recordar
el de Carlos y Diana
-toco madera-, y el último el de
Federico de Dinamarca y Mary
Donaldson, el pasado fin de
semana en Copenhague. Después de
lo cuál los novios se unirán con
sus invitados y dará lugar un almuerzo
que se le ha encargado al restaurante
Jockey de Madrid.
Teniendo en cuenta que una boda
real es siempre un buen escaparate
para vender las excelencias del
país, en este caso las de un Madrid
que ha dado un cambio espectacular,
-al que todos criticamos pero del
que ninguno queremos marcharnos
porque tiene algo que atrapa al
visitante- son muchos los que consultan
estos días con los meteorólogos
para saber qué tiempo hará ese día.
Me han dicho que el más preocupado
por este tema es Don Felipe y por
supuesto la novia. Sería una pena
que la lluvia desluciera un acontecimiento
que llevamos esperando tantos años.
Ojalá que no, ojalá que los madrileños
se echen ese día a la calle como
lo hicieron los sevillanos y los
barceloneses. Sería el mejor regalo
para una pareja que ha elegido Madrid
como lugar de residencia y a la
que tan unidos se sienten.
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