Rosa Villacastín
¡Vivan los novios!
20/05/2004

El sábado, el corazón de Madrid, se convertirá en una fortaleza a la que no se podrá acceder más que a pié ya que estará cerrada a cal y canto. Un avión de la ONU sobrevolará el cielo de la capital para evitar sorpresas desagradables y algunas salidas del metro permanecerán selladas durante todo el día porque nadie quiere que un incidente, por pequeño e insignificante que sea, arruine la boda del Príncipe Felipe y Letizia Ortiz. Un acontecimiento muy esperado, que congregará a la créme de la creme política, económica y social, al que se espera que asistan mil cuatrocientos invitados. Entre otros los representantes de 40 casas reales. Nunca antes Madrid había acogido a tantas "testas" coronadas, algunas tan exóticas como los de Arabia Saudí, Oman, Kuwait, Jordania, Marruecos o Brunei.

Es la primera vez desde hace cien años que un heredero de la Corona de España se casa en la capital del Reino. Antes que él lo hicieron Alfonso XII y Alfonso XIII pero eran Reyes. Los entonces Príncipes de España Don Juan Carlos y Doña Sofía se casaron en Atenas. Así pues en la memoria de los españoles no hay más referencia que las de las Infantas Elena y Cristina que se celebraron en Sevilla y Barcelona y que fueron seguidas por más de ochocientos millones de espectadores de todo el mundo. Algo impensable en otros tiempos pero que hoy es lo habitual en cualquier acontecimiento relevante que se celebre. De ahí que parte de la decoración esté pensada más para ver por televisión que para lo que pueda tener de interesante para el ciudadano.

No exagero si digo que Madrid es ya un gran plató de televisión, en el que no faltan las cámaras, ni los focos, ni los técnicos encargados de "pinchar" todos aquellos lugares por donde han de pasar los ilustres invitados -la mayoría de ellos hospedados en el Ritz, en el Palace, en el Villamagna, o en el Santo Mauro-, y por supuesto los novios.

Aunque no se conoce el recorrido con exactitud sí se sabe que tanto el Príncipe como Leticia se vestirán en el Palacio Real y de allí se dirigirán andando hasta la Catedral de la Almudena que, aunque no es una joya arquitectónica desde luego, cumplirá su papel tal y como se demostró en el funeral que tuvo lugar en honor de las victimas del 11M. Finalizada la ceremonia los novios se dirigirán a la Basílica de la Virgen de Atocha, donde la ya Princesa de Asturias depositará su ramo de novia -antes que ella ya lo hicieron sus antecesoras por estar muy vinculada a la Corona Española-,. De la Basílica se dirigirán a Atocha en recuerdo a las victimas del 11M -tan presentes ese día en la menta de los madrileños-, y de allí a Cibeles, Gran Vía, Plaza de España para finalizar en el Palacio de Oriente desde donde se espera que saluden al pueblo de Madrid.

El beso desde el balcón del Palacio se ha convertido en un Clásico de todas las bodas reales. Baste recordar el de Carlos y Diana -toco madera-, y el último el de Federico de Dinamarca y Mary Donaldson, el pasado fin de semana en Copenhague. Después de lo cuál los novios se unirán con sus invitados y dará lugar un almuerzo que se le ha encargado al restaurante Jockey de Madrid.

Teniendo en cuenta que una boda real es siempre un buen escaparate para vender las excelencias del país, en este caso las de un Madrid que ha dado un cambio espectacular, -al que todos criticamos pero del que ninguno queremos marcharnos porque tiene algo que atrapa al visitante- son muchos los que consultan estos días con los meteorólogos para saber qué tiempo hará ese día. Me han dicho que el más preocupado por este tema es Don Felipe y por supuesto la novia. Sería una pena que la lluvia desluciera un acontecimiento que llevamos esperando tantos años. Ojalá que no, ojalá que los madrileños se echen ese día a la calle como lo hicieron los sevillanos y los barceloneses. Sería el mejor regalo para una pareja que ha elegido Madrid como lugar de residencia y a la que tan unidos se sienten.