Eduardo Sotillos
La Gran Cruz
21/05/2004

La Orden de Carlos III fue reglamentada en 2002, para adecuarla a las muy distintas condiciones sociales y políticas de su fundación. Es la mayor de las distinciones honoríficas del Estado, de carácter civil. Según expone el Real Decreto que la regula, su objetivo es premiar a aquellas personas que hayan prestado excepcionales servicios a España. En la categoría de Gran Cruz, que es la que el gobierno ha concedido a doña Letizia Ortiz, se reserva para presidentes del Gobierno, ministros, presidentes de Altas Instituciones del Estado y otros altos cargos de la Administración. El Gran Canciller de la Orden es el Presidente del Gobierno, y el Gran Maestre, el Rey.

Lo siento; pero doña Letizia, a fecha de 21 de mayo de 2002, no reúne las condiciones para recibir esta distinción en su categoría de Gran Cruz. Seguro que nadie va a impugnar esta resolución del Consejo de Ministros, pero resultaría poco airoso para el gobierno, y por extensión para la Monarquía que alguien, aunque solo fuera por buscar notoriedad, pusiera en marcha un proceso legal. Supongo que existirá alguna cláusula adicional según la cual al Gran Maestre le incumba la responsabilidad ultima de proponer alguna excepcionalidad en función de meritos extraordinarios no contemplados en la literalidad del texto legal. Supongo. Pero lo que cuesta admitir es la necesidad de forzar una norma para que doña Letizia pueda ostentar una banda. La ya inminente Princesa de Asturias, Princesa cuando estas líneas puedan leerse, aporta, según se ha insistido hasta el hartazgo en estas fechas, un aire nuevo, popular, a la Institución monárquica. Parecería que hay ya demasiadas personas arrepentidas de la realidad social que representa esa atractiva periodista y, no contentos con vestirla en los mejores modistos, quisieran adornar su expediente con una Gran Cruz. Mejor hubiera sido que el señor Zapatero la hubiera integrado en el "Consejo de Sabios" para la radiotelevisión publica. Para ese cometido y ese honor si que ha tenido un sabio aprendizaje, prácticamente un doctorado, junto a don Alfredo Urdaci, que tiene todo el derecho del mundo a reclamar al menos una Encomienda.