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La Orden de Carlos
III fue reglamentada en 2002,
para adecuarla a las muy distintas
condiciones sociales y políticas
de su fundación. Es la mayor de
las distinciones honoríficas del
Estado, de carácter civil. Según
expone el Real Decreto que la regula,
su objetivo es premiar a aquellas
personas que hayan prestado excepcionales
servicios a España. En la categoría
de Gran Cruz, que es la que el gobierno
ha concedido a doña Letizia Ortiz,
se reserva para presidentes del
Gobierno, ministros, presidentes
de Altas Instituciones del Estado
y otros altos cargos de la Administración.
El Gran Canciller de la Orden es
el Presidente del Gobierno, y el
Gran Maestre, el Rey.
Lo siento; pero doña Letizia,
a fecha de 21 de mayo de 2002, no
reúne las condiciones para recibir
esta distinción en su categoría
de Gran Cruz. Seguro que nadie va
a impugnar esta resolución del Consejo
de Ministros, pero resultaría poco
airoso para el gobierno, y por extensión
para la Monarquía que alguien, aunque
solo fuera por buscar notoriedad,
pusiera en marcha un proceso legal.
Supongo que existirá alguna cláusula
adicional según la cual al Gran
Maestre le incumba la responsabilidad
ultima de proponer alguna excepcionalidad
en función de meritos extraordinarios
no contemplados en la literalidad
del texto legal. Supongo. Pero lo
que cuesta admitir es la necesidad
de forzar una norma para que doña
Letizia pueda ostentar una banda.
La ya inminente Princesa de Asturias,
Princesa cuando estas líneas puedan
leerse, aporta, según se ha insistido
hasta el hartazgo en estas fechas,
un aire nuevo, popular, a la Institución
monárquica. Parecería que hay ya
demasiadas personas arrepentidas
de la realidad social que representa
esa atractiva periodista y, no contentos
con vestirla en los mejores modistos,
quisieran adornar su expediente
con una Gran Cruz. Mejor hubiera
sido que el señor Zapatero
la hubiera integrado en el "Consejo
de Sabios" para la radiotelevisión
publica. Para ese cometido y ese
honor si que ha tenido un sabio
aprendizaje, prácticamente un doctorado,
junto a don Alfredo Urdaci,
que tiene todo el derecho del mundo
a reclamar al menos una Encomienda.
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