José Cavero
Todo resultó perfectamente
23/05/2004

La boda del siglo, según se ha venido denominando, se llevó a cabo de acuerdo con los preparativos realizados y sin que nada ni nadie turbara ese desarrollo. Con la lluvia también se contaba: la habían anunciado como inevitable los hombres del tiempo y estuvo profusa y abundante. Ojalá haya sido el vaticinio de la fertilidad que, también se espera de la pareja.

Y ahora, después de una jornada en la que las televisiones proporcionaron una y otra vez las imágenes de los asistentes y una vez que los presuntos especialistas debatieron acerca de la oportunidad de cada modelo, y determinaron los mejores y los menos adecuados, estamos en la situación en la que ya tenemos Príncipes herederos de la Corona española, parece que entusiasmados y enamorados, por más que se hayan podido escuchar algunas críticas como una cierta ausencia de pasión visible, de besos apasionados, entre los contrayentes.

Después de todo, el público, presente o ausente, reclamaba lo mismo que hace en cualquiera de las bodas a las que es invitado: que se besen, y a esa voluntad resultaron escasamente complacientes los novios. Pero hay que decir que funcionaron perfectamente los servicios del Estado, o del Municipio, puestos en marcha para atender a las necesidades que planteaba esta boda "de Estado y por amor", al mismo tiempo. Los veinte mil policías que dieron seguridad al acontecimiento estaban en su lugar desde las seis de la mañana.

Y la guardia real, y los policías de las Harley Davidson, y los servicios de limpieza, y los sanitarios del Samur, y el cardenal Rouco, y el alcalde Gallardón. Cada cual estuvo donde debía. Y a los postres del ágape de ilustrísimos invitados, el Príncipe dijo lo que de él cabía esperar: "Soy un hombre feliz porque me he casado con la mujer que amo". Sin que faltara el gran propósito de actuación de la pareja recién constituida: "Siempre pensaremos en España", dijo.

Y don Juan Carlos, jefe de la Casa Real y padre del Príncipe heredero, recordó y destacó de la pareja que les "anima la pasión de servir a este gran país, diverso y plural". Probablemente fue el mensaje más político y trascendente, por cuanto recordaba la razón de ser de la institución monárquica -servir al país-, y el tipo o circunstancia del país al que servirán en su momento: Un país grande, diverso y plural.