Francisco Muro de Iscar
A un Príncipe recién casado
23/05/2004


La verdad es que no sé si esto se debe llamar consejos, advertencia, sugerencia... No sé si a un Príncipe se le da algo si él no lo pide, pero lo de menos es cómo se llama, sino lo que es. Decía Maquiavelo que "los hombres, por lo general, juzgan más por los ojos que por las manos, porque el ver pertenece a todos y el tocar, a pocos. Todos ven lo que parece, pero pocos comprenden lo que eres...".

¿Qué por qué se me ha venido esta frase a la cabeza? El sábado por la mañana Madrid, Barcelona, Bilbao... todas las ciudades de España estaban prácticamente vacías. Todos estaban 'tocando' la boda, viendo Madrid, esa ciudad que ha sufrido como pocas el dolor terrorista y que la semana que termina, pese a la lluvia, volvió a salir a la calle, a vivir, a disfrutar, a mostrarse como es. Las calles madrileñas estaban abarrotadas de extranjeros y de españoles venidos de todas las provincias, de multitud de inmigrantes de todos los países y colores que querían ser testigos de una ocasión única en la España que están ayudando a construir. Madrid era la ciudad abierta, acogedora, verde, alegre, con vida en las calles... la ciudad que es casi siempre. Mientras, en las televisiones hablaban muchos. Unos con propiedad, otros... A alguno se le notaba el desconocimiento y a otros, el resentimiento. A algunos le sangraban viejas heridas que no tienen nada que ver con usted. Lo mismo sucede entre los políticos que acudieron a su enlace con doña Letizia. Unos le deseaban lo mejor... y otros, no tanto. Protéjase de los intolerantes, de los aduladores, de los confidentes y, sobre todo, de los fundamentalistas. Los hay en todas partes. En la política, en la religión, en el periodismo, en los monárquicos... El pueblo le quiere. Escuche a los ciudadanos, no a las camarillas.

Ahora toca descansar unos días y trabajar duro inmediatamente después. La Monarquía es hereditaria, pero hay que conquistar el corazón y la cabeza de los españoles. El Rey Juan Carlos lo sabe bien. Hace treinta años nadie daba un duro por él, entre ellos, alguno de los que hoy son monárquicos de toda la vida. Haga oídos sordos a los necios: la boda fue espléndida, sobre todo porque fue una boda por amor. Y si alguien le pregunta como se hace siempre, con una mezcla de indiscreción y mala educación: "Bueno, ¿y el niño, cuándo?" Si le preguntan eso, mándele a tomar vientos.

Felicidades y buena singladura, Alteza.

OTR/PRESS