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La boda del sábado
ha dado motivo a grandes sabios
y eminentes sociólogos para elaborar
teorías muy elocuentes sobre el
acercamiento de la Monarquía al
pueblo. Yo también vi en esa boda
un episodio muy expresivo de acercamiento
de la Monarquía al pueblo, aunque
quizás no es el mismo que esas doctas
personalidades habrán percibido.
El protagonista se llama Froilán.
Froilán de tercer nombre, porque
en realidad se llama Felipe Juan
Froilán y de Todos los Santos de
Marichalar y de Borbón, pero uno
dice sólo Froilán y todos saben
de quién habla. Pues bien, Froilán
estuvo en la boda, y no de mero
espectador, ya que con sus primos
y otros niños entre los que se encontraba
Carla Vigo, sobrina de la
novia, tenía un papel de paje. Ya
se sabe que los niños, con su espontaneidad,
resultan de lo más agradecidos en
una transmisión televisiva.
Se inició la solemne ceremonia.
Todo iba bien. Los infantiles pajes
estaban sentados en sus almohadones.
El realizador televisivo seleccionó
su imagen. Qué bonito era todo.
De pronto, Froilán se levantó y
se fue resueltamente hacia una improvisada
colega de función. Se plantó frente
a ella y le sacudió un patadón que
haría palidecer de envidia a
Benito, el legendario central
madridista. Acto seguido volvió
corriendo a su sitio, y susurró
algo al mayor de sus primos. Éste
se levantó a su vez, y...
En ese preciso momento, se conoce
que al realizador le acometió un
ataque de pánico, cortó la cámara
y 'pinchó' otra que nos mostraba
una escena completamente distinta.
Los mil cien millones de espectadores
nos quedamos sin conocer el final
del lance. El rubio primo Urdangarín,
¿arreó otro bambolete a la inocente
extraña? ¿O no era tan inocente?
¿Qué había hecho antes, merecedor
de tan severo correctivo? La pregunta
no es baladí, porque hay que suponer
que esas criaturas están educadas
en el más estricto protocolo, y
algo muy grave (al menos para sus
pueriles entendederas) tuvo que
haber ocurrido para moverlos a tan
rotunda manifestación de su libertad
de expresión corporal.
Froilán sí que ha acercado la Monarquía
al pueblo. Al menos, al pueblo de
menos de diez años de edad.
OTR/PRESS
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