Paco Vilariño
Bodón y cuenta nueva
24/05/2004

Acabados los fastos nupciales, marchitas las flores, ajadas las banderolas de la no muy afortunada decoración callejera, el alivio se adueña del alma del ciudadano. Este gran publirreportaje, reiterativo, monocorde, palaciego y cortesano de los de cerviz servilmente abatida, ha finalizado. ¿Sale con ello la Monarquía fortalecida? El tiempo lo dirá. La vigilia del enlace, el Gobierno decidió mojarse y calificó el enlace matrimonial del heredero de la Corona de boda de Estado. Ya era hora. La duda se despeja: si es una boda de Estado, hasta la última croqueta y el último chupito de orujo que consuman los invitados va a cargo del contribuyente. Quizá ahora consigamos poner en claro, negro sobre blanco, las cuentas del enlace.

José Luis Rodríguez Zapatero llegó a La Moncloa prometiendo, entre otras cosas, transparencia. Durante los últimos siete días, con todos los preparativos del enlace en marcha y la sociedad española letiziada hasta la saciedad, el Ejecutivo se ha mostrado remiso a dar la cifra real del coste del festejo. Hombre, si empezamos a fallar por ahí... El evasivo argumento de la vicepresidenta Fernández de la Vega de que, en todo caso, la boda resulta rentable para España, no es precisamente lo que pensábamos escuchar. Quizá esta reserva gubernamental vaya al hilo de la percepción de derroche que la boda del Príncipe de Asturias con Letizia Ortiz Rocasolano ha dejado en los ciudadanos.

Los españoles empezamos a despertar del sueño nupcial. Cierto que la pareja de esposos despierta simpatía: son jóvenes, guapos y se quieren, pero... Ese pero es el de una ciudadanía adulta, ¿realmente hacía falta todo este despliegue? ¿Las cosas debían desarrollarse precisamente así, como se hicieron? Algo más de austeridad en las formas. Algo más de sentido común al establecer las medidas de seguridad. Algo más de contención en los ditirambos que todos los medios y los profesionales que los hacemos dirigimos a los contrayentes y sus respectivas familias y quizá el bocado hubiese resultado más digerible.

Letizia Ortiz Rocasolano, la periodista de clase media-media, es desde hoy y por matrimonio, S.A.R. la Princesa de Asturias. No deja de ser un título protocolario, ya que la única función del heredero de don Juan Carlos I, la que justifica su razón de ser, es la de procrear y estar en la reserva para acceder un día al trono. Que las normas de protocolo no pasen nunca por encima de la Constitución, porque mucho me temo que la tendencia puede ser ésta. Y, este, con o sin Monarquía, es un país de ciudadanos, que no de súbditos. De momento -y a ver, quéremedio, habrá que decir eso de bodón y cuenta nueva.