Encarnación Valenzuela
Cien dias de gestos
08/07/2004

Dicen que a José Luis Rodríguez Zapatero le asesora una empresa de publicidad, que le repasa los discursos para intercalarle frases que, convertidas en titulares, sirvan para transmitir los mensajes de transparencia, buen talante y amabilidad de los que el Gobierno ha presumido en estos cien días. Si el rumor no es cierto, sí resulta verosímil. Lo mejor de estos cien días del Ejecutivo socialista han sido precisamente eso, los gestos. Lo peor, el que a estas alturas no sepamos en qué consiste su proyecto político más allá de su fachada.

Elegido presidente del Gobierno con un programa electoral diseñado para desempeñar alegremente la oposición, Zapatero se vio maniatado antes incluso de tomar posesión por su promesa de nombrar tantas ministras como ministros. A algunas de las integrantes de su "cuota femenina" se les nota desde el primer día que son eso, cuota y poco más. La cohesión del Ejecutivo, por otra parte, brilla por su ausencia y los dos vicepresidentes han tenido que ocuparse, en privado y, lo peor para ellos, en público, en desdecir a los ministros conforme muchos de ellos/ellas han ido anunciando sus planes, con frecuencia descabellados, para esta Legislatura.

Sin política económica hasta septiembre, cuando Solbes tenga que presentar irremediablemente los Presupuestos Generales del Estado para el año que viene y definir sus objetivos y prioridades, y sin que Zapatero se haya erigido en árbitro de las tensiones territoriales que se acumulan en su partido, lo que también tendrá que hacer este otoño, el Ejecutivo socialista se ha dedicado a hacer gestos de los que contentan a su electorado y resultan gratis, como la retirada de las tropas de Irak, el Proyecto de Ley Integral sobre la Violencia de Género, la voluntad expresa de permitir el matrimonio entre homosexuales y el anuncio de que se ampliarán los requisitos para poder abortar. La pregunta que flota en el aire cuando se cumplen estos cien primeros días de Zapatero en La Moncloa es la de si su Gobierno aguantará no solo cien, sino mil días a base de gestos.