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Los hitos mediático-publicitarios
suelen ser caprichosos y arbitrarios
y, a menudo, interesados. Por ejemplo,
¿qué méritos albergaba un tan San
Valentín para ser declarado
patrono de los enamorados? Sólo
el Corte Inglés, su inventor, está
en condiciones de aclarar este enigma.
De igual modo, ponerle a cualquier
Gobierno un plazo de cien días no
deja de ser una arbitrariedad confusa.
Si el plazo es "de gracia",
acabamos de comprobar que el Gobierno
presidido por Rodríguez Zapatero
no ha disfrutado ni de cien días
ni de uno, pues antes de tomar posesión
ya estaba encajando las tarascadas
con las que los defensas leñeros
reciben en el fútbol a los delanteros
finos y estilistas. Si se trata
de hacer un balance, tres meses
son muy poco tiempo.
Mas, sea como sea, los primeros
pasos del nuevo Gobierno sí que
han significado algunos cambios
reseñables. Por ejemplo, en política
internacional. La vuelta de las
tropas españolas que estaban destinadas
en Irak ha representado no sólo
el cumplimiento de una promesa largamente
expresada, también el retorno de
España al seno de la política europea.
Asuntos como las tragedias del Yak-42
o del 11 de marzo no podían sino
marcar la agenda inicial de esta
legislatura. Dos asuntos de los
que el PP, que nunca pensó en perder
las elecciones, no saldrá bien librado.
No porque fuera responsable de hechos
tan luctuosos, sino por la espesa
cortina de manipulaciones, errores
y mentiras que los rodearon.
Algunas leyes, como la integral
sobre el maltrato, ya están en marcha,
y marcarán en breve el camino del
cambio ofrecido, pero será al cabo
de un año cuando se podrá juzgar
con mejor perspectiva la obra de
un Gobierno que habrá de afrontar
no muy tarde las reformas de algunos
estatutos de autonomía y retoques
parciales de la Constitución. A
nadie se le escapa que éste es un
asunto delicado y hasta puede resultar
arriesgado, pero antes, el Gobierno
habrá de tomar la iniciativa en
mucho otros frentes de la vida política.
Por ejemplo, RTVE. A los
grandes imperios mediáticos les
interesa que el Ente Público desaparezca
o se jibarice. La inmensa deuda
acumulada no deja de ser un argumento
fáctico a favor de los "liquidadores"
(por eso, creo yo, se amasó tanta
deuda), pero las razones de fondo
están, como tantas veces, en la
cartera. Vale decir, en la "tarta
publicitaria" de la que disfruta
TVE y que "los privados"
se quieren merendar.
Otro problema que el Gobierno está
abordando es el de la vivienda o,
mejor dicho, el del precio de la
vivienda. Hasta ahora se han anunciado
medidas lubricadas con dinero público,
que intentan acercar a las personas,
en particular a los jóvenes, de
clase media o baja, al alquiler
o a la propiedad. Mas en algún momento
tendrá el Gobierno que afrontar
el verdadero problema, que no es
otro que el precio del suelo, cuya
repercusión es del 60% sobre el
precio final de la vivienda. También
aquí se deberá enfrentar a poderosos
intereses que defenderán con uñas
y dientes la actual Ley del Suelo,
promulgada por el PP en su favor
y en contra del artículo 47 de la
Constitución ("Los poderes públicos
regularán la utilización del suelo
de acuerdo con el interés general").
Pero esto no es el hoy, será el
mañana
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