Joaquín Leguina
Cien días y otras tantas noches
13/07/2004

Los hitos mediático-publicitarios suelen ser caprichosos y arbitrarios y, a menudo, interesados. Por ejemplo, ¿qué méritos albergaba un tan San Valentín para ser declarado patrono de los enamorados? Sólo el Corte Inglés, su inventor, está en condiciones de aclarar este enigma. De igual modo, ponerle a cualquier Gobierno un plazo de cien días no deja de ser una arbitrariedad confusa. Si el plazo es "de gracia", acabamos de comprobar que el Gobierno presidido por Rodríguez Zapatero no ha disfrutado ni de cien días ni de uno, pues antes de tomar posesión ya estaba encajando las tarascadas con las que los defensas leñeros reciben en el fútbol a los delanteros finos y estilistas. Si se trata de hacer un balance, tres meses son muy poco tiempo.

Mas, sea como sea, los primeros pasos del nuevo Gobierno sí que han significado algunos cambios reseñables. Por ejemplo, en política internacional. La vuelta de las tropas españolas que estaban destinadas en Irak ha representado no sólo el cumplimiento de una promesa largamente expresada, también el retorno de España al seno de la política europea.

Asuntos como las tragedias del Yak-42 o del 11 de marzo no podían sino marcar la agenda inicial de esta legislatura. Dos asuntos de los que el PP, que nunca pensó en perder las elecciones, no saldrá bien librado. No porque fuera responsable de hechos tan luctuosos, sino por la espesa cortina de manipulaciones, errores y mentiras que los rodearon.

Algunas leyes, como la integral sobre el maltrato, ya están en marcha, y marcarán en breve el camino del cambio ofrecido, pero será al cabo de un año cuando se podrá juzgar con mejor perspectiva la obra de un Gobierno que habrá de afrontar no muy tarde las reformas de algunos estatutos de autonomía y retoques parciales de la Constitución. A nadie se le escapa que éste es un asunto delicado y hasta puede resultar arriesgado, pero antes, el Gobierno habrá de tomar la iniciativa en mucho otros frentes de la vida política. Por ejemplo, RTVE. A los grandes imperios mediáticos les interesa que el Ente Público desaparezca o se jibarice. La inmensa deuda acumulada no deja de ser un argumento fáctico a favor de los "liquidadores" (por eso, creo yo, se amasó tanta deuda), pero las razones de fondo están, como tantas veces, en la cartera. Vale decir, en la "tarta publicitaria" de la que disfruta TVE y que "los privados" se quieren merendar.

Otro problema que el Gobierno está abordando es el de la vivienda o, mejor dicho, el del precio de la vivienda. Hasta ahora se han anunciado medidas lubricadas con dinero público, que intentan acercar a las personas, en particular a los jóvenes, de clase media o baja, al alquiler o a la propiedad. Mas en algún momento tendrá el Gobierno que afrontar el verdadero problema, que no es otro que el precio del suelo, cuya repercusión es del 60% sobre el precio final de la vivienda. También aquí se deberá enfrentar a poderosos intereses que defenderán con uñas y dientes la actual Ley del Suelo, promulgada por el PP en su favor y en contra del artículo 47 de la Constitución ("Los poderes públicos regularán la utilización del suelo de acuerdo con el interés general").

Pero esto no es el hoy, será el mañana