Iñaki Anasagasti
Es el viejo PSOE; marketing y venta de humo
14/07/2004

Aunque se conozca es preciso recalcarlo. El PSOE no pensaba haber ganado las elecciones el pasado mes de marzo. Zapatero apuntaba a un buen resultado electoral que le permitiera durante unos años de gobierno precario del PP ir consolidando su mensaje y su liderazgo dentro y fuera del PSOE. Pero no contaba con los atentados del 11 de marzo y que una situación inesperada, así como la pésima administración de una tragedia como la efectuada por Aznar y que un suceso sin precedentes como semejante tragedia pudiera hacer cristalizar todas las energías contenidas contra un Gobierno que nos había embarcado en una guerra, había hecho servilismo político en relación al presidente Bush, se había enfrentado reiteradamente a la opinión pública, había cometido los excesos personales de la boda de su hija, había tapado de mala manera el accidente del Yakolev, y administrado una crisis como la del Prestige tan rematadamente mal. Todo eso cristalizó y el 14 de marzo le permitió decir a Zapatero que había ganado. Y eso era verdad sólo en parte.

Tenía la minoría mayoritaria en el Congreso pero en el Senado el Partido Popular se quedó a cuatro escaños de la mayoría absoluta y en un sistema bicameral como el español, ese dato sigue siendo ocultado a una opinión pública que se ha visto distraída por asuntos que siendo muy importantes en el fondo nadie puede rechazar: un tratamiento especial penal ante el maltrato a las mujeres y todo ese gran debate mediático sobre el matrimonio de los homosexuales y la posibilidad de que éstos puedan adoptar debates que siendo muy importantes no afectan a la médula de la gobernabilidad de un país. Quiero decir que la tinta del calamar de estas dos asignaturas pendientes, que tarde o temprano se tenía que abordar, ha servido para ocultar la inmensa debilidad de un PSOE que sigue actuando como si tuviera mayoría absoluta. Ha hecho falta que a duras penas el acuerdo sobre "estabilidad presupuestaria" pasara al Congreso y llegara al Senado para que nada menos que el muy orgulloso presidente del Gobierno se viera obligado a llamar al lehendakari Ibarretxe para que pudiera sacar este acuerdo en el Senado, ya que nuestro Grupo, como había hecho en el Congreso, pensaba abstenerse. Y la mera abstención del PNV en el Senado hubiera significado la derrota de Zapatero. La primera gran derrota.

Primera constatación por tanto: Zapatero no tiene mayoría para gobernar y de momento no ha hecho pacto alguno con nadie.

La segunda consideración consiste en creer que tras el 14 de marzo, el PP pasaba al museo de los partidos amortizados y que una derrota tan inesperada le iba a permitir a Zapatero cargarse de razón ante la opinión pública española, argumentando la llamada voracidad de los nacionalismos y dentro de su estrategia -y cogiendo como excusa la reforma de la Constitución con el fin de cambiar la posibilidad de que la mujer sea equiparada con el varón en la línea de sucesión y buscar una mayoría absoluta o la mayoría suficiente- para intentar gobernar sin fastidiosas hipotecas. El resultado de las elecciones europeas le ha despertado de su sueño. El PP sigue vivo, Rajoy conecta mejor que Aznar con el ciudadano medio y prepara un Congreso donde la apuesta se dirige al centro derecha de Gallardón y no a la extrema derecha de Aznar, con lo que Zapatero ha de tentarse la ropa antes de iniciar cualquier aventura de adelantamiento de elecciones.

La tercera constatación es que a pesar de las buenas palabras estamos ante el mismo PSOE de siempre, cargado de mañas, improvisaciones, regates en corto, y política al día. Prometió hacer suyo el resultado del planteamiento de Parlamento catalán en cuanto a renovación del Estatuto, y ahora no sabe cómo dilatar el proceso. Se declara campeón del diálogo y gana tiempo antes de hablar con Ibarretxe, porque no tiene respuesta a la pregunta del lehendakari de ¿por qué en Cataluña sí y en Euzkadi no? Trajo las tropas de Irak pero, acomplejado, refuerza el contingente en Afganistán y envía a la Guardia Civil a Haiti, donde no se nos ha perdido nada. Dice que va a investigar el 11-M y no se atreve a llamarle a Aznar como responsable de un Gobierno que trató tan mal una crisis. Se comprometió a ir frecuentemente al Senado y en tres meses sólo ha ido una vez. Desea mantener una estrecha relación con el Rey de Marruecos mientras no sabe cómo gestionar su discurso en relación con la situación del Sahara. Busca sacarse una fotografía con Bush, mientras juega a un cierto progresismo de salón y hace lo posible para que una fuerza como IU sea borrada del mapa. Dice creer en la pluralidad y plantea las elecciones para el Parlamento Europeo como un pugilato a dos tratando de consagrar un bipartidismo que la actual Constitución no contempla. Habla de respeto a esa España plural y no sabe cómo administrar las propuestas de los llamados "Papeles de Salamanca" y de las selecciones deportivas. Promueve a Montilla y deja en el dique seco a Patxi López y a un PSE al que le quita representación en la Ejecutiva del PSOE. Es decir, la política de Zapatero podemos decir que se basa en aquella famosa Yenka de un paso adelante y dos atrás, así como en el marketing, la venta de humo y en el ganar tiempo. En cien días, este hombre no ha hecho absolutamente nada en serio. Vuelve el viejo PSOE.