Rodolfo Benito
Hay otro tono en la vida política
16/07/2004

Los resultados electorales habidos el 14 de marzo han supuesto un cambio radical en el escenario social y político de nuestro país.

Hemos ganado en estabilidad, tanto política como social, alejándonos de esa cultura que impregnó al Gobierno del Partido Popular del "conmigo o contra mí", del "vale todo para alcanzar un objetivo" o de la manipulación en el terreno informativo, cuyo colofón ha sido la gestión política e informativa del atentado terrorista del 11 de marzo, cuestión ésta que no hemos de considerar como un hecho aislado, ya que tiene precedentes no sólo relacionados con la guerra de Irak, sino también con el Prestige, con la huelga general del 20-J, o con aquel grupo de inmigrantes que fueron trasladados a países no precisamente de origen.

En estos primeros cien días del nuevo Gobierno del Partido Socialista, se ha producido un profundo cambio de talante que ha estado acompañado de un nuevo y necesario protagonismo del Parlamento, que hay que vigorizar, creando una nueva y más estrecha relación entre la política y la sociedad.

Se ha adoptado la decisión más esperada y demandada por los ciudadanos, esto es, la salida de tropas españolas de Irak, acompañada de una decisión, en mi opinión, estratégica, la de que sea el Parlamento el que decida sobre la participación militar española en misiones de paz en el extranjero.

Es cierta y hay que reseñarla, la existencia de una excesiva ansiedad a la hora de plantear nuevas iniciativas en el terreno económico, social y político, no exenta de contradicciones en determinadas áreas de gobierno, quizá lógicas por el escaso tiempo transcurrido, pero que requieren de correcciones políticas que eviten contradicciones y, con ello, continuismo en determinadas acciones, fundamentalmente en el terreno económico.

Estos primeros cien días de Gobierno han culminado con una importante declaración, la suscrita por Gobierno y agentes sociales, que es, además, un compromiso necesario en materia de diálogo social, y que prioriza en el terreno económico y sociolaboral el abordaje de cuestiones tan importantes y estratégicas para la economía española y el mercado de trabajo, como son la competitividad, el empleo estable y la cohesión social.

Declaración que ha estado precedida de un fuerte incremento en el Salario Mínimo Interprofesional que, aún con algunas e importantes insuficiencias, ha supuesto un avance; de la necesaria y positiva Ley Integral contra la violencia de género, que requeriría también de una nueva Ley sobre igualdad en los terrenos social y laboral. La declaración supone, en primer lugar, impulsar el diálogo social, después de varios años en el que éste ha estado presidido por la unilateralidad del Gobierno, quebrantando los mecanismos de negociación, fundamentalmente con los sindicatos, adoptando medidas regresivas en materia social y laboral, que han supuesto un repunte de la precariedad, una regresión importante en materia de derechos para los trabajadores y una importante disminución del gasto social.

Sin duda, esta declaración no exime de complejidad y de dificultades también al proceso de negociación que se va a iniciar y que debe pivotar sobre la necesidad cada vez más urgente de proceder a un cambio en el modelo de crecimiento y desarrollo económico en nuestro país, lo que requiere del impulso de la iniciativa e inversión pública, que debe estar acompañada, y no a la inversa, de la iniciativa e inversión privada, lo que exige favorecer y priorizar la inversión productiva y el tejido industrial, adoptando iniciativas frente a la deslocalización industrial y la desinversión económica y productiva, incrementando de manera importante, por estratégica, la inversión en I+D+i, factor éste fundamental para hacer una economía más competitiva.

Reducir los altos niveles de temporalidad y precariedad que tiene nuestro mercado de trabajo es otra de las prioridades sobre las prioridades, lo que requiere de cambios legales, de la devolución del principio de causalidad a la contratación, de la eliminación de la rotación, del fraude también en los contratos. Todo ello, además, va a exigir de mayores dotaciones en materia de Inspección de Trabajo, de mecanismos de regulación en materia de contratación, de nuevos espacios en materia de negociación colectiva, superando ese cierto anquilosamiento que se viene padeciendo desde hace algunos años, así como de la adopción de medidas positivas con relación a los trabajadores autónomos dependientes, que, cada vez más, se mueven en la nebulosa existente entre dos legislaciones: la laboral y la mercantil.

Abordar una política económica que favorezca la inversión, el desarrollo y la renovación, la competitividad de la propia economía, vinculada a un mercado de trabajo y a un empleo estable con derechos, apoyada en una política de formación continua, es la mejor de las bases para ganar en niveles de productividad.

Es un handicap para ganar en productividad la existencia de un mercado de trabajo precario, con unos niveles de precariedad tan altos como los existentes y, por el contrario, sí es compatible la creación de empleo estable y con derechos con unos mayores niveles de productividad.

La política social, la cohesión y la superación de las desigualdades, es otro de los grandes retos a abordar, y que exigirá, en primer lugar, de un cambio en la tendencia en las prioridades y en el gasto social, en momentos como los actuales, en los que el gasto social en España está muy alejado de lo que ha de ser nuestro referente: la Unión Europea de los 15.

En definitiva, comienza una etapa que requiere de diálogo y negociación y, sobre todo, de compromisos con nuevas propuestas, que corrijan, hasta cambiar, las tendencias que se vienen produciendo en la economía y en el mercado de trabajo.

Una etapa que ha de estar acompañada, en lo político, de ese nuevo talante que ha de tener consecuencias positivas en la vida económica y política del país, en su relación también con la Unión Europea, haciendo una apuesta por más Europa, superando los déficits democráticos y políticos que en la misma existen y que requieren de un amplio debate en lo que ha de ser una cuestión fundamental: la futura Constitución Europea.