|
Como coordinador
general de Ezker Batua/Berdeak,
me corresponde valorar la actuación
del Gobierno del PSOE, en sus primeros
100 días de acción, en relación
con su política respecto al País
Vasco. En este sentido, debo reconocer,
con pesar, que hemos pasado de la
expectativa inicial a una decepción,
derivada en gran parte de la incapacidad
del Ejecutivo de Zapatero
para abordar el llamado "conflicto
vasco", desde el diálogo democrático
y el respeto a la voluntad popular
libremente expresada.
El pasado 30 de mayo se cumplió
un año de inactividad por parte
de la organización terrorista ETA.
La violencia callejera se ha reducido,
igualmente, a un nivel prácticamente
testimonial, y esta circunstancia
no puede pasar inadvertidas a un
Gobierno comprometido con la solución
de los problemas que inciden directamente
en la ciudadanía. Consideramos,
en este contexto, que debemos propiciar
gestos de distensión, tales como
el acercamiento de todas las personas
presas a sus lugares de origen y
la disposición favorable a participar
en una mesa de debate en el Parlamento
Vasco, que siente las bases de un
proceso de normalización política
y convivencia.
Lamentablemente, no es ésta la posición
política mayoritaria en el seno
del Partido Socialista. Es verdad
que Rodríguez Zapatero cumplió su
palabra y ordenó la retirada de
las tropas españolas en Iraq, pero
le ha faltado audacia y valentía
para realizar una política alternativa
al Partido Popular y pasar página
en relación al mal llamado Pacto
Antiterrorista y a la Ley de Partidos.
Desde Ezker batua/Berdeak, entendemos
que en política hay que arriesgar;
los problemas no se solucionan sólo
con palabras grandilocuentes sino
con hechos concretos. Rodríguez
Zapatero, sin embargo, prefiere
apostar por la imagen. Prueba de
ello es que su disposición favorable
al diálogo con las instituciones
vascas no se ha traducido en ningún
compromiso efectivo. Las transferencias
pendientes -37 en materias claves-
continúan en el "congelador",
guardadas bajo siete candados en
el ministerio que dirige Jordi
Sevilla, y nuestras exigencias
para que retiren el recurso interpuesto
contra los derechos de las parejas
vascas a adoptar hijos e hijas prosigue
su tramitación en el Tribunal Constitucional.
¿Es éste un ejemplo de izquierda
progresista? ¿qué ocurre con las
personas inmigrantes? ¿y con la
República? ¿qué ocurre con las trabajadoras
y trabajadores de los astilleros?
Me gustaría creer que el gobierno
del PSOE negociará todas estas cuestiones
con la izquierda en el Congreso,
pero me temo que antes o después
Rodríguez Zapatero, como hizo Felipe
González, mirará a la derecha
|