Javier Madrazo
La hora de la verdad
16/07/2004

Como coordinador general de Ezker Batua/Berdeak, me corresponde valorar la actuación del Gobierno del PSOE, en sus primeros 100 días de acción, en relación con su política respecto al País Vasco. En este sentido, debo reconocer, con pesar, que hemos pasado de la expectativa inicial a una decepción, derivada en gran parte de la incapacidad del Ejecutivo de Zapatero para abordar el llamado "conflicto vasco", desde el diálogo democrático y el respeto a la voluntad popular libremente expresada.

El pasado 30 de mayo se cumplió un año de inactividad por parte de la organización terrorista ETA. La violencia callejera se ha reducido, igualmente, a un nivel prácticamente testimonial, y esta circunstancia no puede pasar inadvertidas a un Gobierno comprometido con la solución de los problemas que inciden directamente en la ciudadanía. Consideramos, en este contexto, que debemos propiciar gestos de distensión, tales como el acercamiento de todas las personas presas a sus lugares de origen y la disposición favorable a participar en una mesa de debate en el Parlamento Vasco, que siente las bases de un proceso de normalización política y convivencia.

Lamentablemente, no es ésta la posición política mayoritaria en el seno del Partido Socialista. Es verdad que Rodríguez Zapatero cumplió su palabra y ordenó la retirada de las tropas españolas en Iraq, pero le ha faltado audacia y valentía para realizar una política alternativa al Partido Popular y pasar página en relación al mal llamado Pacto Antiterrorista y a la Ley de Partidos.

Desde Ezker batua/Berdeak, entendemos que en política hay que arriesgar; los problemas no se solucionan sólo con palabras grandilocuentes sino con hechos concretos. Rodríguez Zapatero, sin embargo, prefiere apostar por la imagen. Prueba de ello es que su disposición favorable al diálogo con las instituciones vascas no se ha traducido en ningún compromiso efectivo. Las transferencias pendientes -37 en materias claves- continúan en el "congelador", guardadas bajo siete candados en el ministerio que dirige Jordi Sevilla, y nuestras exigencias para que retiren el recurso interpuesto contra los derechos de las parejas vascas a adoptar hijos e hijas prosigue su tramitación en el Tribunal Constitucional. ¿Es éste un ejemplo de izquierda progresista? ¿qué ocurre con las personas inmigrantes? ¿y con la República? ¿qué ocurre con las trabajadoras y trabajadores de los astilleros? Me gustaría creer que el gobierno del PSOE negociará todas estas cuestiones con la izquierda en el Congreso, pero me temo que antes o después Rodríguez Zapatero, como hizo Felipe González, mirará a la derecha