|
Cualquier valoración
del esfuerzo realizado por el actual
Gobierno en materia económica debe
considerar su génesis. Así, el Ministerio
de Economía fue el único del que
se anunció quién sería el titular
antes de las elecciones: el Sr.
Sebastián, y así actuó en
los días inmediatos a la celebración
de los comicios. Poco después, sin
embargo, se nombró a otra persona,
el Sr. Solbes. Nunca fueron
explicadas claramente las razones
de ese cambio ni fueron tampoco
exigidas, acaso porque se aceptó
como una medida necesaria para introducir
dosis de credibilidad en la realización
de la política económica. Estas
consideraciones serían de tono menor
si no fuera porque el programa económico
con el que el Partido Socialista
se presentó a las elecciones fue
realizado y defendido por el Sr.
Sebastián, con lo cual estaríamos
juzgando a un partido que, en el
momento de su toma de poder, abandonó
sus directrices económicas programáticas
sin que hayan sido sustituidas de
forma explícita, al menos hasta
la fecha, y dejando apartado al
autor de ellas, aun con cargo. O,
por el contrario, el partido, considerando
convenientes las directrices, entendió
no adecuada a la persona que las
confeccionó, pero la dejó al frente
de un poder económico paralelo,
no se sabe si para seguir el cumplimiento
del programa y/o del ministro. Cualquiera
que sea la razón última, no deja
de ser un condicionante para la
valoración de la gestión económica
de este gobierno pues descarta casi
de raíz cualquier comparación con
lo prometido: el nuevo no tiene
por qué vincularse, en estas circunstancias,
con lo confeccionado por su antecesor/sucesor(?)
in pectore.
Dicho esto, el actual ministro ha
venido realizando muy bien su principal
cometido pues ha sido el que ha
introducido no sólo la credibilidad
exigida, sino también la cordura
que se suponía, que no es sino otra
forma de llamar a la credibilidad
en estos tiempos. Y la ha introducido
por defecto, es decir, corrigiendo
los excesos o los desconocimientos
del resto de sus colegas del Consejo
de Ministros. Algunos ellos y sus
equipos, dicho sea de paso, están
tomando un tiempo de adquisición
de conocimiento mayor de lo que
sería deseable e, incluso, esperado.
Respecto a las formas, no se han
producido lo que algunos creíamos
que iba a ocurrir: medidas impacto,
con más calado mediático que repercusión
económica, como alguna actuación
alrededor de la CNMV y de las funciones
de supervisión del Banco de España,
modificaciones impositivas inmediatas,
de reglamentos de los comercios
que indicasen por donde caminaría
el Gobierno o sobre los equipos
actuales de las empresas privatizadas
por el anterior ejecutivo.
Sin descartar actuaciones futuras
en estos temas, parece que se ha
preferido la práctica del tanteo,
a ver cómo se recibe tal intención
o consideración. Esto no hace sino
contribuir a esa sensación de confusión
que, con respecto a las medidas
que se están adoptando, parece existir
en la actualidad. De hecho, las
batallas más importantes se están
dando en otros ministerios, sobre
todo en el de Industria, ante el
silencio del ministro de Economía
y vicepresidente segundo del Gobierno,
que algo debería decir, pues estas
medidas y las que se están estudiando
tienen una capacidad clara de limitar
el efecto de la política económica.
Todo parece indicar que se ha optado
por la no beligerancia como garantía
de seguir aprovechándose de la bonanza
económica del momento. Y parece
que con la complacencia de determinados
ex altos cargos socialistas (Sr.
Solchaga).
(continúa...)
|