Joaquín Zamorano (Universidad Complutense)
Los primeros cien días económicos del Gobierno (I)
En tiempos de bonanza no toques nada
20/07/2004

Cualquier valoración del esfuerzo realizado por el actual Gobierno en materia económica debe considerar su génesis. Así, el Ministerio de Economía fue el único del que se anunció quién sería el titular antes de las elecciones: el Sr. Sebastián, y así actuó en los días inmediatos a la celebración de los comicios. Poco después, sin embargo, se nombró a otra persona, el Sr. Solbes. Nunca fueron explicadas claramente las razones de ese cambio ni fueron tampoco exigidas, acaso porque se aceptó como una medida necesaria para introducir dosis de credibilidad en la realización de la política económica. Estas consideraciones serían de tono menor si no fuera porque el programa económico con el que el Partido Socialista se presentó a las elecciones fue realizado y defendido por el Sr. Sebastián, con lo cual estaríamos juzgando a un partido que, en el momento de su toma de poder, abandonó sus directrices económicas programáticas sin que hayan sido sustituidas de forma explícita, al menos hasta la fecha, y dejando apartado al autor de ellas, aun con cargo. O, por el contrario, el partido, considerando convenientes las directrices, entendió no adecuada a la persona que las confeccionó, pero la dejó al frente de un poder económico paralelo, no se sabe si para seguir el cumplimiento del programa y/o del ministro. Cualquiera que sea la razón última, no deja de ser un condicionante para la valoración de la gestión económica de este gobierno pues descarta casi de raíz cualquier comparación con lo prometido: el nuevo no tiene por qué vincularse, en estas circunstancias, con lo confeccionado por su antecesor/sucesor(?) in pectore.

Dicho esto, el actual ministro ha venido realizando muy bien su principal cometido pues ha sido el que ha introducido no sólo la credibilidad exigida, sino también la cordura que se suponía, que no es sino otra forma de llamar a la credibilidad en estos tiempos. Y la ha introducido por defecto, es decir, corrigiendo los excesos o los desconocimientos del resto de sus colegas del Consejo de Ministros. Algunos ellos y sus equipos, dicho sea de paso, están tomando un tiempo de adquisición de conocimiento mayor de lo que sería deseable e, incluso, esperado.

Respecto a las formas, no se han producido lo que algunos creíamos que iba a ocurrir: medidas impacto, con más calado mediático que repercusión económica, como alguna actuación alrededor de la CNMV y de las funciones de supervisión del Banco de España, modificaciones impositivas inmediatas, de reglamentos de los comercios que indicasen por donde caminaría el Gobierno o sobre los equipos actuales de las empresas privatizadas por el anterior ejecutivo.

Sin descartar actuaciones futuras en estos temas, parece que se ha preferido la práctica del tanteo, a ver cómo se recibe tal intención o consideración. Esto no hace sino contribuir a esa sensación de confusión que, con respecto a las medidas que se están adoptando, parece existir en la actualidad. De hecho, las batallas más importantes se están dando en otros ministerios, sobre todo en el de Industria, ante el silencio del ministro de Economía y vicepresidente segundo del Gobierno, que algo debería decir, pues estas medidas y las que se están estudiando tienen una capacidad clara de limitar el efecto de la política económica.

Todo parece indicar que se ha optado por la no beligerancia como garantía de seguir aprovechándose de la bonanza económica del momento. Y parece que con la complacencia de determinados ex altos cargos socialistas (Sr. Solchaga).

(continúa...)