Joaquín Zamorano (Universidad Complutense)
Los primeros cien días económicos del Gobierno (y II)
El miedo a ser como somos
21/07/2004

Todo indica que se asiste de nuevo a esos momentos que se producen cuando un partido socialista alcanza el poder: el miedo a su propia definición. No es sólo el miedo al castigo de los mercados ante el nuevo rumbo, sino el miedo a ser como uno es. Esta situación no es nueva en este país y ya deberíamos haber aprendido la lección. No parece que sea así. De nuevo parece que las dudas han hecho su aparición. No se trata de tirarse al monte ni del asalto a cualquier Palacio de Invierno, sino de expresar el convencimiento que otra forma de funcionamiento de la economía es posible, que ese miedo al castigo de los mercados se produce más ante la indefinición de los programas económicos que por los intentos de nuevas vías de funcionamiento. Y que una victoria como la lograda por el Partido Socialista el pasado mes de marzo no puede conformarse con dejarse llevar para aprovechar estas inercias expansivas. Sería cicatero.

Esta nueva definición del funcionamiento de la economía sería conveniente por las siguientes razones:

· Porque la anterior forma de crecimiento llevó aparejada elementos inaceptables para un gobierno socialista, como la distribución desigual de la renta, la utilización de la precariedad del trabajo, un retroceso en la igualdad de oportunidades, el endeudamiento de toda una generación de jóvenes durante 30 años por la compra de un piso, bien para vivir, bien para invertir, lo que les obligará a realizar sus ajustes en la enseñanza de sus hijos…

· En cuanto el partido de la oposición deje de intentar satisfacer sus egos y se ponga a trabajar en lo que le corresponde, va a iniciar la madre de todas las batallas y el terreno elegido será el terreno económico. Y conviene que encuentre una economía distinta y con un dinamismo nuevo.

· Porque el anterior modelo está próximo a extenuarse. El crecimiento económico anterior, muy bien recibido, se basaba en el disfrute de unos abundantes Fondos de Cohesión Europeos (20.411 millones de euros en los últimos14 años) y de un crecimiento de los beneficios empresariales extraordinario fruto de la reducción de los costes financieros ante la bajada histórica de los tipos de interés; del ahorro de costes laborales, ante la aparición de una abundante mano de obra sin cualificar y barata y, por último, de una ampliación de sus márgenes de explotación derivados de la introducción del euro. Esto supuso un crecimiento basado, en términos generales, casi en su totalidad, en el consumo y confiando la generación de empleo en el solapamiento oportuno entre sectores: al informático le sucedió el de la seguridad y a este, parcialmente pues todavía no se ha agotado, el siempre presente sector de la construcción. ¿Cuál será ahora el sector encargado de absorber esa mano de obra?

· Todos los indicadores adelantados señalan que el actual ciclo expansivo mundial será de corta duración, con la desaceleración del crecimiento económico apareciendo a mediados del próximo año y que se irá haciendo más visible a lo largo del 2006. Si se cumple, asistiremos a una caída generalizada de los mercados de renta variable, descenso de los precios de las materias primas y del petróleo y una apreciación gradual del dólar en la medida que se siga elevando los tipos de interés.

· España es probable que resulte más perjudicada que el resto de sus socios europeos ya que

a) La caída de la bolsa puede ser mayor debido a la gran exposición de las grandes empresas cotizadas a Latinoamérica.

b) La coincidencia de la caída bursátil con el ajuste inevitable de los precios inmobiliarios.

c) El descenso de los mercados -y de los fondos de inversión- unido al descenso inmobiliario afectará gravemente a la economía de las familias y a su disposición de gasto o de aceptar mayores niveles de riesgo en sus decisiones de inversión.

d) Consecuentemente, no cabe esperar que se mantengan los diferenciales positivos que en términos de crecimiento y de creación de empleo España ha venido registrando en relación a la media europea en los últimos años. En este marco, las empresas tratarán de ajustarse al descenso de la actividad mejorando su productividad y en la medida que lo consigan, el nivel de empleo se verá afectado. En esta ocasión, la mayor o menor exposición sectorial a la competencia internacional no va a ser una variable relevante. Esto sin citar los problemas adicionales que aparecerían si se intensifica el proceso de deslocalización.

Aunque el Gobierno dispone de escaso margen de maniobra para variar este estado de cosas, sí lo tiene para hacerles frente. Debería ser cuidadoso en cuanto a las repercusiones que para el sistema financiero y crediticio español pudieran derivarse de la situación descrita. Es de temer que tanto los gestores como las agencias de calificación pongan a la banca española en su punto de mira. La mayor o menor exposición a Latinoamérica y la intensidad de la crisis inmobiliarias marcarán las diferencias, pero la imagen, en conjunto, no va a ser positiva. Respecto a las Cajas de Ahorro, podría pensarse que están en mejor situación al limitarse al ámbito nacional, pero cabe señalar que han ido de la mano de la banca en la competencia por la captación de las hipotecas, y en algunos casos la concentración de riesgo en esta área es superior y, en fin, en otras líneas de activo sus márgenes son inferiores. Parecería adecuado avanzar decididamente por la vía del Acuerdo de Basilea II sin ceder a las presiones del sector. Asimismo, este cambio de ciclo afectará al marco de protección social actual o futuro. Obviamente, no sólo la Seguridad Social sino el resto de los programas de gasto resultarían afectados. Y a la presión fiscal, estrella en las promesas electorales y clave en el diseño del nuevo funcionamiento de la economía. No parece prudente rebajarla. Como puede observarse, no parece que lo más oportuno sea continuar con el inmovilismo. No se trata de redefinir por redefinir, sino para diferenciarse y, sobre todo, para crear un modo de crecimiento de la economía adecuado a las aspiraciones de los votantes del partido socialista y del entono económico que viene.


(Lea también la primera parte: En tiempos de bonanza no toques nada)