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Todo indica que
se asiste de nuevo a esos momentos
que se producen cuando un partido
socialista alcanza el poder: el
miedo a su propia definición. No
es sólo el miedo al castigo de los
mercados ante el nuevo rumbo, sino
el miedo a ser como uno es. Esta
situación no es nueva en este país
y ya deberíamos haber aprendido
la lección. No parece que sea así.
De nuevo parece que las dudas han
hecho su aparición. No se trata
de tirarse al monte ni del asalto
a cualquier Palacio de Invierno,
sino de expresar el convencimiento
que otra forma de funcionamiento
de la economía es posible, que ese
miedo al castigo de los mercados
se produce más ante la indefinición
de los programas económicos que
por los intentos de nuevas vías
de funcionamiento. Y que una victoria
como la lograda por el Partido Socialista
el pasado mes de marzo no puede
conformarse con dejarse llevar para
aprovechar estas inercias expansivas.
Sería cicatero.
Esta nueva definición del funcionamiento
de la economía sería conveniente
por las siguientes razones:
· Porque la anterior forma
de crecimiento llevó aparejada elementos
inaceptables para un gobierno socialista,
como la distribución desigual de
la renta, la utilización de la precariedad
del trabajo, un retroceso en la
igualdad de oportunidades, el endeudamiento
de toda una generación de jóvenes
durante 30 años por la compra de
un piso, bien para vivir, bien para
invertir, lo que les obligará a
realizar sus ajustes en la enseñanza
de sus hijos…
· En cuanto el partido de
la oposición deje de intentar satisfacer
sus egos y se ponga a trabajar en
lo que le corresponde, va a iniciar
la madre de todas las batallas y
el terreno elegido será el terreno
económico. Y conviene que encuentre
una economía distinta y con un dinamismo
nuevo.
· Porque el anterior modelo
está próximo a extenuarse. El crecimiento
económico anterior, muy bien recibido,
se basaba en el disfrute de unos
abundantes Fondos de Cohesión Europeos
(20.411 millones de euros en los
últimos14 años) y de un crecimiento
de los beneficios empresariales
extraordinario fruto de la reducción
de los costes financieros ante la
bajada histórica de los tipos de
interés; del ahorro de costes laborales,
ante la aparición de una abundante
mano de obra sin cualificar y barata
y, por último, de una ampliación
de sus márgenes de explotación derivados
de la introducción del euro. Esto
supuso un crecimiento basado, en
términos generales, casi en su totalidad,
en el consumo y confiando la generación
de empleo en el solapamiento oportuno
entre sectores: al informático le
sucedió el de la seguridad y a este,
parcialmente pues todavía no se
ha agotado, el siempre presente
sector de la construcción. ¿Cuál
será ahora el sector encargado de
absorber esa mano de obra?
· Todos los indicadores adelantados
señalan que el actual ciclo expansivo
mundial será de corta duración,
con la desaceleración del crecimiento
económico apareciendo a mediados
del próximo año y que se irá haciendo
más visible a lo largo del 2006.
Si se cumple, asistiremos a una
caída generalizada de los mercados
de renta variable, descenso de los
precios de las materias primas y
del petróleo y una apreciación gradual
del dólar en la medida que se siga
elevando los tipos de interés.
· España es probable que
resulte más perjudicada que el resto
de sus socios europeos ya que
a) La caída de la bolsa puede ser
mayor debido a la gran exposición
de las grandes empresas cotizadas
a Latinoamérica.
b) La coincidencia de la caída bursátil
con el ajuste inevitable de los
precios inmobiliarios.
c) El descenso de los mercados -y
de los fondos de inversión- unido
al descenso inmobiliario afectará
gravemente a la economía de las
familias y a su disposición de gasto
o de aceptar mayores niveles de
riesgo en sus decisiones de inversión.
d) Consecuentemente, no cabe esperar
que se mantengan los diferenciales
positivos que en términos de crecimiento
y de creación de empleo España ha
venido registrando en relación a
la media europea en los últimos
años. En este marco, las empresas
tratarán de ajustarse al descenso
de la actividad mejorando su productividad
y en la medida que lo consigan,
el nivel de empleo se verá afectado.
En esta ocasión, la mayor o menor
exposición sectorial a la competencia
internacional no va a ser una variable
relevante. Esto sin citar los problemas
adicionales que aparecerían si se
intensifica el proceso de deslocalización.
Aunque el Gobierno dispone de escaso
margen de maniobra para variar este
estado de cosas, sí lo tiene para
hacerles frente. Debería ser cuidadoso
en cuanto a las repercusiones que
para el sistema financiero y crediticio
español pudieran derivarse de la
situación descrita. Es de temer
que tanto los gestores como las
agencias de calificación pongan
a la banca española en su punto
de mira. La mayor o menor exposición
a Latinoamérica y la intensidad
de la crisis inmobiliarias marcarán
las diferencias, pero la imagen,
en conjunto, no va a ser positiva.
Respecto a las Cajas de Ahorro,
podría pensarse que están en mejor
situación al limitarse al ámbito
nacional, pero cabe señalar que
han ido de la mano de la banca en
la competencia por la captación
de las hipotecas, y en algunos casos
la concentración de riesgo en esta
área es superior y, en fin, en otras
líneas de activo sus márgenes son
inferiores. Parecería adecuado avanzar
decididamente por la vía del Acuerdo
de Basilea II sin ceder a las presiones
del sector. Asimismo, este cambio
de ciclo afectará al marco de protección
social actual o futuro. Obviamente,
no sólo la Seguridad Social sino
el resto de los programas de gasto
resultarían afectados. Y a la presión
fiscal, estrella en las promesas
electorales y clave en el diseño
del nuevo funcionamiento de la economía.
No parece prudente rebajarla. Como
puede observarse, no parece que
lo más oportuno sea continuar con
el inmovilismo. No se trata de redefinir
por redefinir, sino para diferenciarse
y, sobre todo, para crear un modo
de crecimiento de la economía adecuado
a las aspiraciones de los votantes
del partido socialista y del entono
económico que viene.
(Lea también la primera parte:
En
tiempos de bonanza no toques nada)
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