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Cuatro meses después
del catorce de marzo y tras más
de cien días de nuevo Gobierno,
es evidente que la política española
ha experimentado un cambio más que
notable. Los cien primeros días
de nuevo talante ofrecen luces y
sombras pero el balance, hoy día
y sin que ello prejuzgue consideraciones
futuras, puede calificarse como
moderadamente positivo.
Positivo por cuanto la VIII Legislatura
deberá encauzarse necesariamente
por el diálogo y así parece haberlo
entendido el Gobierno aunque sea
sólo por razones de estricta aritmética
parlamentaria. Positivo también
porque, a diferencia de la inactividad
clamorosa que caracteriza el actual
gobierno socialista catalán, Rodríguez
Zapatero ha procedido a adoptar
decisiones desde el primer día,
aunque no siempre acertadas, y positivo
también porque no ha dudado en abordar
algunas cuestiones complejas. Tal
vez de manera precipitada y sin
proponer alternativas, pero lo cierto
es que ha actuado con decisión al
derogar el Plan Hidrológico Nacional
o la Ley de Calidad de la Educación.
El nuevo talante fundado en el diálogo
y de espíritu componedor puede parecernos
una virtud -y sin duda lo es comparándolo
con el áspero endiosamiento precedente-
pero también entraña aspectos preocupantes.
Ningún gobierno puede mantener indefinidamente
una política que quiera complacer
a unos y a otros. El PSOE puede
afirmar que es distinto del PP y
que Rodríguez Zapatero dista mucho
en modos y maneras de la prepotencia
'aznariana'. Sin embargo,
la política antiterrorista fue y
sigue siendo un pacto entre PP y
PSOE, ni modificado ni ampliado,
y actualmente el PSOE parece dispuesto
a ejecutar alguno de los despropósitos
anteriores. Pero además de todo
ello, el nuevo ejecutivo no puede
ser centralista y autonomista a
la vez. No puede decir que apoyará
el nuevo Estatuto catalán que apruebe
el Parlament y, al mismo tiempo,
mantener las posiciones de Santillana
del Mar. No puede, ni debe, pactar
los presupuestos a la vez con Izquierda
Unida o con Convergència i Unió.
El mayor problema del nuevo ejecutivo
es que desgranó su programa de investidura
sin asegurarse antes los votos que
lo puedan hacer posible. El PSOE
accedió al gobierno impensadamente,
más por reacción que por acción,
con un programa difuso y disperso.
Y ahora, ante las nuevas responsabilidades,
mientras busca tiempo para definirse,
intuimos lo que pretende hacer,
pero no sabemos con quién. La cuestión
no es en modo alguno irrelevante.
Lo señalé días atrás con claridad:
en materia de presupuestos, por
ejemplo, el Gobierno puede buscar
apoyos alternativos en el Congreso,
pero en el Senado el voto de CiU
es decisivo. Por tanto, si existe
intención de dialogar o pactar con
nosotros, que nadie espere al último
minuto ni pretenda dialogar con
los presupuestos hechos. Nuestra
formación no ha dado ningún voto
en blanco al PSOE ni se ha comprometido
con su Gobierno.
Por simples y evidentes razones,
el Gobierno debería abordar esta
cuestión sin demora. Ciudadanos
y empresas esperan saber con detalles
qué medidas entrarán en vigor próximamente.
No es lo mismo mantener en el IRPF
la deducción por adquisición de
vivienda que suprimirla. No es lo
mismo un tratamiento de plusvalías
que otro. La claridad política en
materia de autónomos o de pequeñas
o medianas empresas, por ejemplo,
es indispensable para la creación
de nuevos puestos de trabajo. Nadie
invertirá si el Gobierno, en lugar
de ofrecer respuestas concretas,
se dedica a lanzar globos sonda
o a contradecirse entre sí. No es
lo mismo la política de horarios
comerciales que defiende algún ministro
que la liberalización absoluta que
plantean otros sectores del Gobierno.
Las decisiones deben ser claras
e inmediatas ya que nada inhibe
más la economía que las dudas y
la inseguridad.
Sería conveniente que muchas cuestiones
decididas ahora por bandazos intuitivos
se rigieran en el futuro por el
máximo consenso, no ya en este periodo
de sesiones ni en esta Legislatura,
sino a medio y largo plazo. Des
de Convergència i Unió, a la vista
de la modificación súbita de la
LOCE, propusimos de inmediato la
necesidad de un gran pacto de Estado
en materia de enseñanza. Los currículos
no pueden variar cada cuatro años,
en función de quien gobierne. En
este ámbito, el consenso sustancial
resulta indispensable. Y también
debería extenderse a otras muchas
cuestiones. La política exterior
tampoco puede girar como una veleta
según soplen las mayorías, porque
su consolidación y el establecimiento
de posiciones y alianzas sólidas
requiere tiempo y sentido de Estado.
La posición española ante la Unión
Europea no puede variar de un día
a otro como lo ha hecho en estos
meses. Ni el empecinamiento anterior
era aconsejable ni la supeditación
actual resulta conveniente para
el interés del conjunto de la sociedad.
En una legislatura que se inició
con un candidato a la investidura
proponiendo reformas constitucionales,
el consenso y el diálogo son una
necesidad política, no una concesión
graciosa del nuevo talante.
Desde Catalunya todas estas indecisiones
se perciben con mayor claridad.
Ya conocemos la existencia en el
partido socialista de un antes y
un después del 14-M. Las balanzas
fiscales de las comunidades autónomas
fueron reclamadas por los socialistas
con insistencia en las anteriores
legislaturas, pero ahora el PSOE
ha votado en contra de nuestra moción
cuando semanas atrás las reivindicamos
en el Senado. Andalucía vio compensada
ipso facto su pretendida deuda histórica,
pero en Catalunya sólo recibimos
negativas a cualquier propuesta
que mitigue el abrumador déficit
fiscal que padecemos.
Por tanto, el Gobierno debe adoptar
decisiones de manera inmediata.
No basta con instalarse en la perpetua
invocación nebulosa del diálogo,
sino que el Gobierno debe decidir
ya. Debe decidir políticas, establecer
apoyos y generar seguridad. Las
decisiones de escaparate o de cara
a la galería pueden resultar vistosas,
pero una labor de gobierno seria
exige determinar prioridades y objetivos
y afrontarlos con coherencia. Situarse
en la indefinición y no desairar
a nadie puede haber sido una política
moderadamente positiva en estos
primeros cien días, pero si perdura
se convertirá en un grave error.
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