|
Los analistas pondrán
el acento en que Zapatero
puso su sello personal en la política
exterior al decidir el regreso inmediato
de las tropas destinadas en Irak
antes incluso de que tomaran posesión
los nuevos ministros. Sin embargo,
el cambio en política exterior ha
sido mucho más profundo: en apenas
cien días, el giro ha sido de ciento
ochenta grados, con un distanciamiento
claro respecto a Estados Unidos,
acercamiento a quienes habían sido
adversarios de Aznar en la
Unión Europea, Alemania y Francia,
acercamiento a los palestinos en
la siempre conflictiva situación
de Oriente Medio, y mayor aproximación
política a Iberoamérica.
En cambio, pocas novedades aportaron
Rodríguez Zapatero y Miguel Ángel
Moratinos, titular de Exteriores,
respecto a dos cuestiones siempre
vitales en nuestras relaciones con
otros países, Marruecos y Gibraltar.
Zapatero, como habían hecho en su
momento los anteriores presidentes,
tuvo a Marruecos como su primer
destino extranjero después de tomar
posesión. Fue recibido con todos
los honores por Mohamed VI,
que se deshizo en palabras de elogio
hacia España y hacia los lazos de
amistad entre los dos países; dos
días después el rey marroquí firmaba
un acuerdo con Bush por el que Marruecos
se convertía en país prioritario
para Estados Unidos. Es decir, en
caso de conflicto o tensiones, EE.UU.
se pondría del lado de los marroquíes,
cuestión preocupante para España.
En cuanto a Gibraltar, el problema
para España llegó cuando los gibraltareños
quisieron celebrar el tercer centenario
del Tratado de Utrech por todo lo
alto, con presencia de un miembro
destacado de la Familia Real, la
Princesa Ana. Coincidieron
esas celebraciones con una nueva
"visita" del submarino nuclear
Tireless al Peñón. Moratinos presentó
protestas ante el Foreing Office,
pero el Tireless permaneció
en al ensenada el tiempo que consideró
conveniente, dando muestras así
los británicos de que les tiene
sin cuidado lo que piensen los españoles
sobre Gibraltar y sobre su soberanía.
Al final, los socialistas han hecho
suya la teoría que ya inició Piqué:
lo que hay que negociar es que Gibraltar
esté sometida a las normas que rigen
en la Unión Europea, puesto que
es territorio europeo, ya que es
una colonia británica. Si se aplican
esas normas, se viene abajo su economía
y el futuro de sus treinta mil habitantes.
Con Iberoamérica se han estrechado
lazos políticos, después de años
de distanciamiento y de mirar hacia
ese continente dando prioridad a
la cooperación y a las inversiones
económicas y, en la crisis de Oriente
Medio, Moratinos ha hecho lo previsible,
posicionarse muy cerca de los palestinos
y de Arafat, en detrimento
de Israel y de Sharon. POr otra
parte es la línea que sigue la Unió
Europea.
Y es precisamente en la política
europea donde el cambio ha sido
más evidente en la política exterior
de los primeros cien días de gobierno.
Aznar se marchó de Moncloa con Francia
y Alemania enfrentadas al gobierno
español, y con esos dos países,
más el Reino Unido e Italia, decididas
a dejar a España con un papel muy
disminuido respecto al reparto de
poder pactado en Niza. Aznar
había amenazado con el veto precisamente
si no conseguía más representación,
pero Zapatero dio nuevas instrucciones:
negociar y aparecer con un talante
más flexible.
Finalmente España consiguió un acuerdo
que permitió dar luz verde a la
Constitución europea, y además logró
más poder institucional del que
se le ofrecía en un principio, pero
es evidente que queda en condiciones
peores que las aprobadas en Niza,
como bien se ha encargado de recordar
la oposición del PP.
Sin embargo, la política exterior
ha estado impregnada fundamentalmente
por la decisión de ordenar el regreso
de las tropas de Irak: Eso ha provocado
un alejamiento de Estados Unidos,
pero en cambio Zapatero presenta
un panorama mucho mejor respecto
a Europa: Chirac y Schröder
le han recibido con los brazos abiertos,
ya no hablan de eje Paris-Berlín
sino de relaciones a tres bandas
y, para demostrarlo de forma más
gráfica, en septiembre celebraran
una "cumbre" a tres en Madrid.
Una cumbre que pretende ser un espaldarazo
al presidente español.
|