Pilar Cernuda
Moratinos da un vuelco a la política exterior y Zapatero puso su sello personal
23/07/2004

Los analistas pondrán el acento en que Zapatero puso su sello personal en la política exterior al decidir el regreso inmediato de las tropas destinadas en Irak antes incluso de que tomaran posesión los nuevos ministros. Sin embargo, el cambio en política exterior ha sido mucho más profundo: en apenas cien días, el giro ha sido de ciento ochenta grados, con un distanciamiento claro respecto a Estados Unidos, acercamiento a quienes habían sido adversarios de Aznar en la Unión Europea, Alemania y Francia, acercamiento a los palestinos en la siempre conflictiva situación de Oriente Medio, y mayor aproximación política a Iberoamérica.

En cambio, pocas novedades aportaron Rodríguez Zapatero y Miguel Ángel Moratinos, titular de Exteriores, respecto a dos cuestiones siempre vitales en nuestras relaciones con otros países, Marruecos y Gibraltar. Zapatero, como habían hecho en su momento los anteriores presidentes, tuvo a Marruecos como su primer destino extranjero después de tomar posesión. Fue recibido con todos los honores por Mohamed VI, que se deshizo en palabras de elogio hacia España y hacia los lazos de amistad entre los dos países; dos días después el rey marroquí firmaba un acuerdo con Bush por el que Marruecos se convertía en país prioritario para Estados Unidos. Es decir, en caso de conflicto o tensiones, EE.UU. se pondría del lado de los marroquíes, cuestión preocupante para España.

En cuanto a Gibraltar, el problema para España llegó cuando los gibraltareños quisieron celebrar el tercer centenario del Tratado de Utrech por todo lo alto, con presencia de un miembro destacado de la Familia Real, la Princesa Ana. Coincidieron esas celebraciones con una nueva "visita" del submarino nuclear Tireless al Peñón. Moratinos presentó protestas ante el Foreing Office, pero el Tireless permaneció en al ensenada el tiempo que consideró conveniente, dando muestras así los británicos de que les tiene sin cuidado lo que piensen los españoles sobre Gibraltar y sobre su soberanía. Al final, los socialistas han hecho suya la teoría que ya inició Piqué: lo que hay que negociar es que Gibraltar esté sometida a las normas que rigen en la Unión Europea, puesto que es territorio europeo, ya que es una colonia británica. Si se aplican esas normas, se viene abajo su economía y el futuro de sus treinta mil habitantes.

Con Iberoamérica se han estrechado lazos políticos, después de años de distanciamiento y de mirar hacia ese continente dando prioridad a la cooperación y a las inversiones económicas y, en la crisis de Oriente Medio, Moratinos ha hecho lo previsible, posicionarse muy cerca de los palestinos y de Arafat, en detrimento de Israel y de Sharon. POr otra parte es la línea que sigue la Unió Europea.

Y es precisamente en la política europea donde el cambio ha sido más evidente en la política exterior de los primeros cien días de gobierno. Aznar se marchó de Moncloa con Francia y Alemania enfrentadas al gobierno español, y con esos dos países, más el Reino Unido e Italia, decididas a dejar a España con un papel muy disminuido respecto al reparto de poder pactado en Niza. Aznar había amenazado con el veto precisamente si no conseguía más representación, pero Zapatero dio nuevas instrucciones: negociar y aparecer con un talante más flexible.

Finalmente España consiguió un acuerdo que permitió dar luz verde a la Constitución europea, y además logró más poder institucional del que se le ofrecía en un principio, pero es evidente que queda en condiciones peores que las aprobadas en Niza, como bien se ha encargado de recordar la oposición del PP.

Sin embargo, la política exterior ha estado impregnada fundamentalmente por la decisión de ordenar el regreso de las tropas de Irak: Eso ha provocado un alejamiento de Estados Unidos, pero en cambio Zapatero presenta un panorama mucho mejor respecto a Europa: Chirac y Schröder le han recibido con los brazos abiertos, ya no hablan de eje Paris-Berlín sino de relaciones a tres bandas y, para demostrarlo de forma más gráfica, en septiembre celebraran una "cumbre" a tres en Madrid. Una cumbre que pretende ser un espaldarazo al presidente español.