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Valorar la gestión
de un Gobierno después de un trimestre
es difícil y osado, puesto que cien
días no es un plazo con la suficiente
entidad para acometer actuaciones
con resultados plausibles. No obstante,
estos primeros meses de Gobierno
del Partido Socialista parecen ofrecer
nuevos aires y se presentan como
un respiro tras los ocho años del
Partido Popular, marcados, en su
última época por la imposición y
la falta de respeto hacia la opinión
de los ciudadanos y otras fuerzas
parlamentarias.
En este momento de la Legislatura
debemos aplaudir el cambio de talante
que ha introducido el nuevo presidente
del Gobierno, y el hecho de que
sus primeras actuaciones en el ámbito
legislativo se orienten a la regeneración
democrática, elemento tristemente
olvidado por su predecesor. Sin
embargo, no podemos olvidar que
una Legislatura se prolonga durante
cuatro años, y que exclusivamente
con el talante no se define una
política progresista.
El retorno de las tropas de Irak,
la aprobación de la propuesta para
avanzar hacia la consideración del
derecho al matrimonio de las personas
homosexuales, la propuesta de una
ley contra la violencia sobre las
mujeres, o la revisión del Plan
Hidrológico Nacional marcan una
política positiva, si bien, esta
tendencia no está tan clara en las
propuestas que empiezan a asomar
en el aspecto económico. Las ideas
lanzadas por el Ministro de Economía,
Pedro Solbes, o la renuncia
a la reforma fiscal se mantienen
en una línea continuista con el
Gobierno del Partido Popular. Después
del verano se inicia la tramitación
de los Presupuestos Generales del
Estado y aquí se nos presenta una
dura batalla y un espejo claro de
las políticas que pretenderá desarrollar
el Gobierno. Solbes debería revisar
sus tendencias para desarrollar
una política económica que haga
posible las políticas sociales.
Es necesaria una nueva política
económica que no se sustente sobre
el déficit 0, y el cumplimiento
del compromiso de establecer un
tipo único para las plusvalías.
Nuestro papel ahora es un papel
de exigencia y de impulso. Nuestro
grupo parlamentario trabajará en
cuatro frentes: el ecológico, la
implantación efectiva de la España
plurinacional y más democrática,
una política exterior por la paz
y una política económica que permita
hacer frente a los retos sociales.
En lo ecológico ha dado un paso
adelante en la implantación de una
nueva cultura del agua y con la
derogación del trasvase del Ebro.
Ahora debe impulsar una nueva cultura
de la energía exigiendo el respeto
a los compromisos de Kyoto y gravando
el uso de energía fósil.
Reclamaremos del Gobierno el reconocimiento
de una España plural y plurinacional
que se plasme a través de la modificación
del Senado y con el respeto hacia
los Estatutos autonómicos y su reforma;
y un desarrollo de las políticas
democráticas parejo a los retos
que nos trasmite la inmigración.
Hay que volver al ideal de la Ley
4/2000 y aceptar la pertenencia
de los inmigrantes a nuestra sociedad
ampliando su opción del voto.
España, en este momento, debe sacar
conclusiones de las primeras actividades
del Gobierno, y fundamentalmente
del retorno de las tropas de Irak.
El Gobierno debe abogar por la implantación
de una cultura de la paz y el envío
de tropas a Afganistán no es una
buena noticia.
Pero sin duda, tras estos primeros
100 días, lo más urgente es la reorientación
de la política económica del Gobierno.
La economía española debe cortar
las dependencias con el ladrillo
y sustentarse sobre bases más sólidas
y menos dependientes del endeudamiento
familiar. Y sin duda, es en el marco
macroeconómico, fiscal y presupuestario
donde se fijarán las bases para
una política que afronte las desigualdades
o las consolide.
Otorgaremos un voto de confianza,
pero mantendremos los ojos bien
abiertos y empujaremos para que
se modifiquen las políticas económicas,
se amplíen las políticas ecológicas
y se ahonde en la regeneración democrática
y en la defensa de los derechos
de las personas, ciudadanos o no.
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