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No es fácil llevar
a cabo en los estrechos márgenes
de un artículo el juicio de una
labor de gobierno, aunque sea la
valoración de sus primeros 100 días.
Sin embargo, sí hay cosas importantes
que pueden resumirse mucho. Por
ejemplo, glosar algo en lo que todo
el mundo que no se encuentre en
la esfera del PP -y yo diría que
mucha gente del PP también, porque
hay gentes de base democrática no
precisamente reciente también en
el PP- coincide. Ha cambiado el
clima, y ha cambiado a mejor.
La era aznarista había llegado a
alcanzar tales e insoportables niveles
de autoritarismo y de desprecio
al diálogo, que la sola entrada
del nuevo gobierno ha sido como
un bálsamo. Qué les voy a contar
yo desde el Parlamento Vasco, antaño
convertido cada viernes en plató
del espectáculo de turno montado
mayormente por el PP (muchas veces
con la colaboración de los socialistas,
todo hay que decirlo), para mayor
gloria del telediario de Urdaci!
Coincidimos, pues, y en esto es
difícil ser original, en que la
entrada del equipo de Zapatero
representa la llegada de un nuevo
talante, que, por contraposición
a esa colección de malhumorados
"riñones" -Zaplana,
Michavila, Acebes...-,
capitaneados por un Presidente ciego,
terco y maleducado en su soberbia,
ya representa un cambio cualitativo
importante.
Pero el talante no es suficiente.
Hay que pasar del talante al talento,
y eso ya no es tan fácil, sobre
todo cuando quienes tienen que poner
el talento en el gobierno no habían
hecho los cálculos de que iban a
ganar, y para los que estaban preparados
era para la oposición. Y a fe que
se ha notado estos primeros meses,
con tanto anuncio y marcha atrás,
con tanta descoordinación, con tanto
pardillismo a la hora de hacer declaraciones.
En todo caso, y más allá de los
aciertos -alguno podía haber sido
mayor, si, por ejemplo, Zapatero
hubiera llevado al Congreso de los
Diputados la retirada de Irak- y
del esfuerzo por acercar el gobierno
central a la sociedad, hay cuestiones
en general, y desde la perspectiva
del Pais Vasco en particular, que
van a requerir movimientos audaces
por parte del PSOE y su gobierno,
y que no se acaban de ver por ninguna
parte.
Que se siga insistiendo en la Ley
de Partidos; que se sigan produciendo
situaciones tan kafkianas como la
detención del consejero delegado
de Egunkaria y que el juez
Del Olmo fije una fianza
-no aval- primero de 600.000 euros
y ahora de 450.000, para su libertad,
sin que el Fiscal General del Estado
llame al orden a nadie; que un periódico,
atentando a las libertades constitucionales
de expresión y de información, siga
clausurado "cautelarmente"
después de más de 16 meses; que
el exvicepresidente del Gobierno
Vasco en el exilio y figura preclara
de la cultura y la política vasca,
Martín Ugalde, con 83 años
y enfermo de Alzheimer, siga con
sus cuentas bloqueadas por ser Presidente
de Honor de ese diario..., en definitiva,
que persistan estos y otros tantos
desafueros, entre ellos el cometido
contra el Parlamento Vasco, propiciados
por el malhadado Pacto Antiterrorista
(que como dijo Mayor Oreja,
era un Pacto contra el nacionalismo),
es algo difícil de digerir para
un estómago sensible a las libertades
democráticas. El PSOE, por razones
electorales, no quiere hacer determinados
movimientos en Euskadi, ni presentar
una alternativa seria al llamado
Plan Ibarretxe, porque piensa en
las elecciones vascas del 2005.
Así que habrá que esperar hasta
entonces, para ver hasta dónde llegan
sus agallas democráticas, si es
que para entonces se ha liberado
de la losa de su Pacto con el PP.
En cuestiones de Euskadi, y en política
general de Estado, está por ver
qué es capaz de hacer el equipo
de Zapatero. No se trata de que
nos paguen lo que nos deben, por
ejemplo, de los 32 millones que
el PP nos birló en las cuentas de
Sanidad, o los cerca de 50 que nos
hemos gastado en limpiar nuestras
cosas después de lo del Prestige,
sino de temas de más enjundia. Qué
pasa con el listado de transferencias
acordado incluso con el PSE en 1995;
qué pasa con las transferencias
de empleo, con el Régimen Económico
de la Seguridad Social, o con el
robo a mano armada en materia de
Investigación. Y qué piensan hacer,
de una vez por todas, en materia
de pacificación y normalización
política en Euskadi, es decir, si
se van a desprender o no del largo
manto del PP; o si van a ser lo
suficientemente valientes como para
llamar a las cosas por su nombre
y reconocer que el Estado es un
estado compuesto, que hay una realidad
plurinacional, plurilingüística
y cultural, y, consecuentemente,
se pongan como se pongan algunos,
ámbitos plurinacionales que requieren
el reconocimiento de ámbitos decisionales
diversos, desde los cuales se deberá
acordar lo que se deba.
Pasar, en suma, del talante, que
hasta ahora tiene más de forma que
de fondo, al talento, que requiere
hablar de contenidos, y negociarlos
con una realidad plural. El talento
no se circunscribe a una vocación,
a unas maneras, a un diseño de actuación.
El talento precisa sobre todo de
decisión, audacia, ejecución. Decía
Ortega que "intelectual es
el nombre de una vocación, y talento
el nombre de una dote. Y aunque
aquélla suele coincidir con ésta,
hay ocasiones en que no van juntas".
Y Gaston de Lévis, por su parte,
opinaba que "la imaginación pinta,
el ingenio compara, el gusto escoge
y el talento ejecuta". Concedamos
que estos chicos y chicas del PSOE
tienen proyectos serios y viables
de gobierno (tengo mis dudas, tras
ver, por ejemplo, la boutade de
crear un Ministerio de Vivienda
cuando las competencias están transferidas
a las CC.AA). Pero vamos a ver si
son capaces de ejecutarlos, y de
poner la audacia que el resolver
problemas territoriales requiere.
Desde luego, con documentos como
el de Santillana del Mar, reacciones
como las de Rodríguez Ibarra al
documento-guión de índice de materias
para el nuevo Estatut catalán o
editoriales como la de El País -recuérdese
el título, "maragalladas"-
antes del Congreso del PSOE, mal
vamos.
En definitiva, no me parece mal
el talante, pero algunos queremos
más talento.
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