Gorka Knörr
Del talante al talento
22/07/2004

No es fácil llevar a cabo en los estrechos márgenes de un artículo el juicio de una labor de gobierno, aunque sea la valoración de sus primeros 100 días.

Sin embargo, sí hay cosas importantes que pueden resumirse mucho. Por ejemplo, glosar algo en lo que todo el mundo que no se encuentre en la esfera del PP -y yo diría que mucha gente del PP también, porque hay gentes de base democrática no precisamente reciente también en el PP- coincide. Ha cambiado el clima, y ha cambiado a mejor.

La era aznarista había llegado a alcanzar tales e insoportables niveles de autoritarismo y de desprecio al diálogo, que la sola entrada del nuevo gobierno ha sido como un bálsamo. Qué les voy a contar yo desde el Parlamento Vasco, antaño convertido cada viernes en plató del espectáculo de turno montado mayormente por el PP (muchas veces con la colaboración de los socialistas, todo hay que decirlo), para mayor gloria del telediario de Urdaci!

Coincidimos, pues, y en esto es difícil ser original, en que la entrada del equipo de Zapatero representa la llegada de un nuevo talante, que, por contraposición a esa colección de malhumorados "riñones" -Zaplana, Michavila, Acebes...-, capitaneados por un Presidente ciego, terco y maleducado en su soberbia, ya representa un cambio cualitativo importante.

Pero el talante no es suficiente. Hay que pasar del talante al talento, y eso ya no es tan fácil, sobre todo cuando quienes tienen que poner el talento en el gobierno no habían hecho los cálculos de que iban a ganar, y para los que estaban preparados era para la oposición. Y a fe que se ha notado estos primeros meses, con tanto anuncio y marcha atrás, con tanta descoordinación, con tanto pardillismo a la hora de hacer declaraciones.

En todo caso, y más allá de los aciertos -alguno podía haber sido mayor, si, por ejemplo, Zapatero hubiera llevado al Congreso de los Diputados la retirada de Irak- y del esfuerzo por acercar el gobierno central a la sociedad, hay cuestiones en general, y desde la perspectiva del Pais Vasco en particular, que van a requerir movimientos audaces por parte del PSOE y su gobierno, y que no se acaban de ver por ninguna parte.

Que se siga insistiendo en la Ley de Partidos; que se sigan produciendo situaciones tan kafkianas como la detención del consejero delegado de Egunkaria y que el juez Del Olmo fije una fianza -no aval- primero de 600.000 euros y ahora de 450.000, para su libertad, sin que el Fiscal General del Estado llame al orden a nadie; que un periódico, atentando a las libertades constitucionales de expresión y de información, siga clausurado "cautelarmente" después de más de 16 meses; que el exvicepresidente del Gobierno Vasco en el exilio y figura preclara de la cultura y la política vasca, Martín Ugalde, con 83 años y enfermo de Alzheimer, siga con sus cuentas bloqueadas por ser Presidente de Honor de ese diario..., en definitiva, que persistan estos y otros tantos desafueros, entre ellos el cometido contra el Parlamento Vasco, propiciados por el malhadado Pacto Antiterrorista (que como dijo Mayor Oreja, era un Pacto contra el nacionalismo), es algo difícil de digerir para un estómago sensible a las libertades democráticas. El PSOE, por razones electorales, no quiere hacer determinados movimientos en Euskadi, ni presentar una alternativa seria al llamado Plan Ibarretxe, porque piensa en las elecciones vascas del 2005. Así que habrá que esperar hasta entonces, para ver hasta dónde llegan sus agallas democráticas, si es que para entonces se ha liberado de la losa de su Pacto con el PP.

En cuestiones de Euskadi, y en política general de Estado, está por ver qué es capaz de hacer el equipo de Zapatero. No se trata de que nos paguen lo que nos deben, por ejemplo, de los 32 millones que el PP nos birló en las cuentas de Sanidad, o los cerca de 50 que nos hemos gastado en limpiar nuestras cosas después de lo del Prestige, sino de temas de más enjundia. Qué pasa con el listado de transferencias acordado incluso con el PSE en 1995; qué pasa con las transferencias de empleo, con el Régimen Económico de la Seguridad Social, o con el robo a mano armada en materia de Investigación. Y qué piensan hacer, de una vez por todas, en materia de pacificación y normalización política en Euskadi, es decir, si se van a desprender o no del largo manto del PP; o si van a ser lo suficientemente valientes como para llamar a las cosas por su nombre y reconocer que el Estado es un estado compuesto, que hay una realidad plurinacional, plurilingüística y cultural, y, consecuentemente, se pongan como se pongan algunos, ámbitos plurinacionales que requieren el reconocimiento de ámbitos decisionales diversos, desde los cuales se deberá acordar lo que se deba.

Pasar, en suma, del talante, que hasta ahora tiene más de forma que de fondo, al talento, que requiere hablar de contenidos, y negociarlos con una realidad plural. El talento no se circunscribe a una vocación, a unas maneras, a un diseño de actuación. El talento precisa sobre todo de decisión, audacia, ejecución. Decía Ortega que "intelectual es el nombre de una vocación, y talento el nombre de una dote. Y aunque aquélla suele coincidir con ésta, hay ocasiones en que no van juntas". Y Gaston de Lévis, por su parte, opinaba que "la imaginación pinta, el ingenio compara, el gusto escoge y el talento ejecuta". Concedamos que estos chicos y chicas del PSOE tienen proyectos serios y viables de gobierno (tengo mis dudas, tras ver, por ejemplo, la boutade de crear un Ministerio de Vivienda cuando las competencias están transferidas a las CC.AA). Pero vamos a ver si son capaces de ejecutarlos, y de poner la audacia que el resolver problemas territoriales requiere. Desde luego, con documentos como el de Santillana del Mar, reacciones como las de Rodríguez Ibarra al documento-guión de índice de materias para el nuevo Estatut catalán o editoriales como la de El País -recuérdese el título, "maragalladas"- antes del Congreso del PSOE, mal vamos.

En definitiva, no me parece mal el talante, pero algunos queremos más talento.