Cándido Méndez
El diálogo social como motor de progreso
14/07/2004

Una nueva forma de hacer política caracteriza los primeros cien días de Gobierno socialista, la negociación y el consenso frente a la prepotencia y las imposiciones de los ocho años del PP. Desde este punto de vista, el resultado es acusadamente positivo porque se ha avanzado en la renovación democrática, en la recuperación del respeto a la legalidad internacional y en el compromiso de imprimir carácter social y progresista a la política que se desarrolla dentro y fuera de España y en el impulso del diálogo social como motor de progreso.

En este corto periodo de tiempo, se ha puesto fin a la política de oídos sordos y los ciudadanos comienzan a percibir cómo se están dando respuesta a sus demandas.

España ha retirado sus tropas de Irak, conflicto bélico injusto que había marginado a la ONU y violado la legalidad internacional, y en el que nuestro país se había implicado en contra de la voluntad de la gran mayoría de los españoles. Se ha aprobado la moratoria de la Ley de Calidad de la Enseñanza (LOCE), paralización necesaria hasta conseguir el mayor y más amplio acuerdo político y social para elaborar una nueva Ley que sitúe la educación como una prioridad real, al margen de vaivenes políticos. Y se está trabajando para cumplir con los compromisos del Protocolo de Kioto que España ratificó en mayo de 2002, y que el Gobierno del PP ignoró, pero que desde nuestro punto de vista debe realizarse manteniendo el empleo y la actividad productiva en los sectores incluidos en la directiva. Se ha retirado el Plan Hidrológico Nacional y se han presentado alternativas que apuestan por una gestión más sostenible del agua, con mayor racionalidad económica y más contribución a la mejora de la calidad de vida y del medio ambiente.

Destaca también un importante giro social que se pone de manifiesto con medidas como el incremento del 6,6 % del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) hasta situarlo en 490,50€, primer paso para alcanzar el objetivo de los 600 € prometidos para esta legislatura y que ha permitido que sus perceptores, aquellos trabajadores que no tienen un convenio colectivo de aplicación, en particular jóvenes y mujeres, y los perceptores de subsidio por desempleo recuperen el poder adquisitivo perdido de forma injusta durante la etapa del Gobierno del PP.

El Gobierno ha mostrado también desde el principio (incluyendo la creación de un Ministerio específico) su voluntad política para solventar los problemas existentes en el acceso a la vivienda. La entidad del problema precisará, sin duda, de actuaciones de calado, aún sin definir, pero el recientemente aprobado Plan de medidas urgentes supone un primer paso que incluye medidas de ayuda directa a inquilinos y propietarios en alquiler, y crea las condiciones para poder acometer las actuaciones de mayor incidencia.

En este empeño de dar respuesta a las preocupaciones de los ciudadanos, no hay que olvidar el trabajo que está desarrollando para erradicar la execrable lacra de la violencia doméstica, impulsar la igualdad de los ciudadanos en todos los aspectos de nuestra sociedad y destacar el reconocimiento de la migración desde un punto de vista laboral y no de seguridad ciudadana, al asumir sus competencias plenas el Ministerio de Trabajo. De esta forma se podrá desarrollar una política migratoria eficaz y evitar que se condene a la ilegalidad a la mitad de la población inmigrante.

Además este Gobierno nos ha vuelto a involucrar plenamente en la construcción de Europa. Ha participado de forma decisiva en la negociación y posterior aprobación de la Constitución Europea, que supone un avance inequívoco porque, pese a que existen aspectos criticables y claramente mejorables, establece los valores, los objetivos y la carta de derechos fundamentales de los europeos.

Se están cumpliendo compromisos y éstos se alcanzan desde el diálogo, teniendo en cuenta la opinión de todas las partes. Pero queda mucho camino por andar si queremos construir una España más moderna, con una concepción menos centralista del Estado, con mayores oportunidades para todos, más riqueza y mejor redistribuida, así como mayor protección social. Es imprescindible garantizar pensiones dignas, extender la protección por desempleo, desarrollar una política de familia que permita conciliar la vida laboral y familiar, atender a aquellos colectivos con mayores dificultades, personas con discapacidad y dependientes.

Y para ello es preciso asentar el futuro económico del país con medidas que ayuden a equilibrar nuestro modelo de crecimiento sobre bases sólidas, una vez demostrada la ineficacia de un modelo basado en los bajos costes laborales. Tenemos que corregir los grandes desequilibrios de nuestra economía y de nuestro mercado de trabajo para poder competir en el nuevo escenario europeo. Es necesario implantar un modelo productivo que, sin dogmas ni fundamentalismos, permita el desarrollo de la economía real, potencie la inversión productiva y la mayor aportación del sector exterior y prime el objetivo de crecer pero con mayor avance de la productividad.

Y hacia ese camino avanza el proceso de diálogo social que se ha iniciado entre Gobierno, patronal y sindicatos. La "Declaración para el diálogo social 2004", que firmamos el 8 de julio pasado abre un proceso no carente de dificultades en el que, salvando las diferencias, nos posibilitará alcanzar un acuerdo para mejorar la estabilidad del empleo, reforzar la cohesión social y mejorar la productividad de las empresas.

Con esta negociación se abren nuevas expectativas, que no debemos defraudar, para muchos trabajadores, todos aquellos que pretenden un empleo estable y dignamente retribuido, los desempleados, los jóvenes, las mujeres, etc. Todos ellos, colectivos más perjudicados por la actual situación de nuestro mercado laboral, donde será preciso poner en marcha estrategias para reducir el elevado empleo temporal, que perjudica el acceso a la formación profesional y eleva a límites insoportables la siniestralidad laboral, potenciar los servicios públicos de empleo y aumentar la participación de los representantes de los trabajadores, entre otros aspectos.

En este sentido, será preciso abordar reformas, tanto en lo referido a la mejora y la ampliación de la negociación colectiva, en la que el Gobierno se ha comprometido a respetar la autonomía de sindicatos y patronal, como en lo referente a una reorientación del modelo productivo para basarlo en mayor nivel de productividad, más empleos, seguros y de mayor calidad, inversiones públicas y privadas en tecnología e investigación (I+D+i), educación y cualificación, y una política industrial activa, con capacidad de anticipación para evitar la deslocalización de empresas.

Sólo así España será capaz de conseguir un crecimiento sostenible y estable de la actividad económica y un mayor bienestar social para afrontar los retos que se plantean tras la ampliación de la UE.