Joan Puigcercós i Boixassa
Secretario general de ERC y su portavoz en el Congreso
100 días más para que llegue la hora de la verdad
27/07/2004

Los 100 primeros días del ejecutivo de Zapatero han coincidido prácticamente con el período de evaluación académico. En estos términos, si tuviéramos que valorar la acción del Gobierno socialista de estos tres largos meses lo calificaríamos con un aprobado. Un aprobado holgado, tirando hacia el bien.

Y es que Zapatero y su equipo han implantado una nueva manera de hacer las cosas. Han devuelto la política al Congreso, han devuelto el diálogo. Las formas, a veces, son tan o más importantes que el fondo y Zapatero lo sabe. También hay que reconocer que su antecesor en el cargo le puso las cosas fáciles: los últimos años de Gobierno popular fueron de una extrema tensión y prepotencia de Aznar y los suyos que, con un poco de mano izquierda, era fácil caer mejor.

La cara de la acción de Gobierno más tangible puede concretarse en cuatro hechos. El primero, el restablecimiento de la política internacional: el Estado español ha vuelto a Europa y ha visto la luz al fondo de un largo túnel en que se había instalado en política internacional. La retirada de las tropas de Irak ha sido buena prueba de ello. El segundo y no por ello menos importante -al contrario- ha sido la derogación de un transvase del Ebro basado en buscar el enfrentamiento entre territorios y favorecer los intereses de los empresarios del cemento, la especulación urbanística y los campos de golf: el modelo obsoleto de turismo de los populares. También es altamente destacable el compromiso de modificación de la Ley de Estabilidad Presupuestaria para que sean las comunidades las que puedan decidir su propio nivel de endeudamiento.

Pero detrás de una cara siempre aparece la cruz. El Gobierno de Zapatero y Montilla ha pecado en timidez a la hora de reformar algunas herencias de sus antecesores populares así como las contradicciones que han emergido entre ministros a la hora de tramitar la Ley de Horarios Comerciales o la de Subvenciones. Además, ha faltado decisión para derogar la LOCE, la denominada ley de calidad de la enseñanza que sacó masivamente a la calle a estudiantes, profesores y padres. Se debería haber llegado hasta el final.

Pero una vez pasados los cien primeros días deberemos esperar otros 100 para hacer el verdadero balance que permitirá desterrar algunas dudas surgidas a lo largo de estos meses. El balance de verdad. Será entonces, poco después de iniciar el nuevo curso, cuando el calendario marcará el comienzo de la negociación de los presupuestos para el 2005. Las cuentas del Estado para el año que viene serán la piedra de toque del ejecutivo del PSOE y Esquerra tiene claro que no podrá apoyarlas sin un giro pronunciado a la izquierda y un abandono de la excesiva concentración de recursos en Madrid en detrimento de las denominadas, por algunos, 'periferias'.

ERC no piensa asumir un papel de conseguidor que busca únicamente arrancar partidas presupuestarias concretas para poder vender estos logros y obtener con ellos réditos electorales. La izquierda independentista catalana asumió el compromiso sellado por los tres partidos de progreso catalanes y piensa defenderlo en Madrid. El acuerdo del Saló del Tinell es el marco que dio origen al gobierno catalanista y de izquierdas, un acuerdo de País, y éste será la base de la negociación para los presupuestos del 2005.

Unas cuentas en las que ERC tiene bien claras sus prioridades: superar el déficit endémico de infraestructuras que padece el arco mediterráneo, los Països Catalans; destinar partidas para poder atender a la nueva inmigración que llega en masa a tierras catalanas y que está dejando vacías las arcas de ayuntamientos y instituciones que se están vaciando en esfuerzos para poder dar una atención digna a los nuevos catalanes; en materia ambiental la implementación de protocolo de Kioto; en el ámbito económico redistribuir la presión fiscal de manera que mejoren las condiciones para las PYMES y los autónomos además de invertir -en serio y no minucias- en I+D+i. Por último, destinar recursos para potenciar la lengua y cultura catalanas. Sin cultura normalizada para todas y todos los catalanes no hay sociedad de progreso.

Dentro de 100 días el PSOE deberá demostrar que la tan nombrada España plural es una pretendida realidad o bien una entelequia de algunos. Deberá visualizarse si un sector importante del partido que gobierna el Estado apuesta por la pluralidad como valor de riqueza y no como un estorbo. Más allá de pronósticos, lo único realmente seguro es que acabará siendo el tiempo -como siempre- quien ponga las cosas en su sitio. En 100 días lo comprobaremos.