Manuel Ángel Menéndez
Acebes, el increíble hombre escapante
28/07/2004

Lo comentó un diputado -no precisamente afecto al PP, sino más bien todo lo contrario- en un intervalo de la Comisión del 11-M: "A ver, tú, que cómo se nota que Acebes lleva un mes preparándose a fondo su intervención. Ha dejado muy pocos resquicios por donde poder atacarle". Chico listo de colegio de bien, con disciplina legionaria cristiana -doble disciplina, por cierto- y sucesor in péctore de Mariano Rajoy como éste no lo remedie, Ángel Acebes acudió a la Comisión de Investigación del 11-M como el repelente niño resabido que acudía en tiempos ha a los 'finales' del colegio con los deberes hechos, los libros memorizados, los datos ordenados, la frente despejada y clara y, además, vestido como de respetable ejecutivo con un futuro brillante. Una pesadilla, vamos.

Pero así fue. Acebes acudió a la Comisión del 11-M a hacer política, a vender su producto y lo hizo a las mil maravillas. De entrada, larguísima introducción que hacía adivinar por dónde iba a transcurrir el interrogatorio, y cuyo cauce no fue otro que el que marcó el ex ministro sin salirse ni un ápice de su guión. Un guión de once folios y muchos puntos, pero que, como los Diez Mandamientos, se resume en uno solo: hubo una gran conspiración etarro-islamista dirigida por un "autor intelectual" desconocido que diseñó el brutal atentado, el cual fue seguido por una confabulación político-mediática interna para rematar el deseo último de los terroristas, es decir, cambiar el Gobierno de Aznar. Todo lo demás son asuntos sin mayor importancia.

Acebes fue todo contundencia -su reconocimiento es de rigor- basada en una inaudita conversión sauliana a la inversa: ha interiorizado de tal forma que está en la verdad, que expresa lo que expresa absolutamente convencido de que dice la verdad. Donde hay convencimiento, no hay pecado, y donde no hay pecado, no tiene por qué haber expiación. Fue contundente hasta en el juego de palabras: "Yo no dije Titadyne" en su rueda de prensa en la tarde del 11-M. Y dice verdad, porque lo que dijo fue que los terroristas utilizaron el tipo de explosivo "habitual" de ETA. Su teoría es que el Gobierno no mintió, que dijo sólo lo que la Policía le informaba en cada momento y que lo hizo a tiempo real. Y que solamente descartó la 'pista prioritaria' de ETA en la tarde-noche del sábado, cuando se encontró y tradujo la cinta de vídeo reivindicativa del atentado.

Sus coartadas estaban perfectamente planificadas y ni siquiera el siempre combativo Joan Puig, de ERC, consiguió sacarle del todo de sus casillas: bastaba con que el ministro le dijera algo así como "y Carod-Rovira más" para que el diputado nacionalista perdiera el hilo de su argumentario. En muchos aspectos Puig llevaba más razón que el ex ministro, pero resultaba menos convincente. Algo parecido a lo que le ocurrió a Gaspar Llamazares, más entrenado, quizá, que Puig para, al menos, poner nervioso a un chico de bien que tiene a 'los de la pancarta' completamente atravesados. Llamazares, más incisivo y, como médico que es, más con el bisturí sobre la llaga, sólo consiguió de Acebes una muestra de mal talante, pero no hacerle incurrir en contradicción o en grave error. Acebes se presentó realmente con la lección aprendida. Pero no por ello se dice más verdad.

Después de diez horas y diez minutos de comparecencia, es cierto que Acebes salió incólume, o casi, del interrogatorio. Curiosa sensación la dejada por el ex ministro: dejó algo así como un sentir general de que no ha dicho la verdad, o toda la verdad, pero sin que se la haya podido pillar en flagrante contradicción. Como se descuide Rajoy -y puede que lo haga- le quitan el cargo.