Juan Fernando López Aguilar
Cien días de Justicia
29/07/2004

Hace cien días tuve el honor de asumir el Ministerio de Justicia. Para acometer sus retos es aconsejable evitar dos posibles inercias igualmente contraproducentes: el adanismo, creer que se está partiendo siempre de cero, haciendo tábula rasa de todo lo anterior; y su reverso, el penelopismo: un continuo tejer y destejer. Así, con prudencia, abriendo el debate sobre nuestras iniciativas a todas las otras fuerzas políticas y sectores implicados y con total conciencia de lo muchísimo que queda por andar, hemos tomado nuestras primeras decisiones.

Es muy poco el tiempo transcurrido, por lo que sería ilusorio alardear de que se han hecho muchas cosas en un sector de la actividad pública tan singular como es el de Justicia. La Justicia, como ninguna otra, es una materia que requiere de políticas continuadas durante años para dar sus frutos y de ahí que todo lo positivo que se realice en esta Legislatura sólo se podrá visualizar claramente cuando hayan pasado tres, cuatro o cinco años desde su finalización.

Pero cumpliendo con la tradición, una vez culminado este tramo de cien días, se suele hacer el primer balance de la gestión del Gobierno constituido tras una nueva mayoría emanada de la libre voluntad de los ciudadanos. Desde la responsabilidad que estamos ejerciendo al frente de este Ministerio, tenemos muy claro que son muchos los aspectos que deben cambiar en nuestra Justicia para adaptarla a las necesidades de la sociedad española del siglo XXI. Y a ello hemos empezado a contribuir con nuestro trabajo. No sólo debemos aprobar nuevas leyes -y aquí hay que destacar el Proyecto de Ley Integral contra la Violencia de Género, en cuya elaboración este Ministerio ha participado activamente-, sino que también es imprescindible modificar hábitos. Por eso hemos iniciado acciones para hacer más transparente nuestra Administración de Justicia, con la puesta en marcha de una nueva oficina judicial integrada por profesionales motivados y volcados en el mejor servicio de los ciudadanos. Por eso también hemos creado nuevos órganos judiciales especializados en materia mercantil y , por eso en tres meses hemos desarrollado el reglamento de la Ley Penal del Menor, una medida que había sido demorada durante cuatro años por el anterior Gobierno, y que demandaban con insistencia todas las comunidades autónomas.

En estos cien días también hemos avanzado en el ámbito de la construcción del espacio de libertad y seguridad en Europa. La firma de un acuerdo para la interconexión de los registros de antecedentes penales de España, Francia y Alemania garantizará un mayor grado de eficacia en las investigaciones policiales y pondrá aún más difícil que cualquier delito, pero en especial los referidos a terrorismo, libertad sexual y tráfico de drogas, quede impune.

Los objetivos están claros y su núcleo esencial ha de ser compartido por todos. Tenemos que lograr una Justicia ágil y de calidad, y para conseguirlo es indispensable avanzar en su modernización. Con ese fin, daremos un impulso a las nuevas tecnologías, que tanto pueden ayudar a que el sistema judicial sea más rápido, y ampliaremos el horario de atención al ciudadano. Pero además incrementaremos los medios personales, creando mil nuevas plazas de jueces y fiscales, y pondremos en marcha los juicios rápidos en materia civil.

Nuestra meta es aproximar la Justicia a los ciudadanos y conseguir que confíen en ella. Una Justicia ineficaz no es sólo un lastre económico y social, un obstáculo en la eficiencia de los mercados, del tráfico y de la vida económica; una Justicia ineficaz constituye, además, una fuente de erosión al crédito del Estado y un déficit democrático potencialmente insoportable para una sociedad avanzada. Debemos transformar la Justicia para mejorar la sociedad. Y a ello debemos dedicarnos en los próximos cuatro años.