Javier Laorden (*)
Justicia: 100 días de ilusión, sorpresa, controversia y estupor
30/07/2004

Ilusión

Cuando una nación sufre un atentado salvaje como el del 11 de marzo en víspera de unas elecciones generales es más que lógico que entre la ciudadanía se produzca una acusada pérdida de confianza hacia el partido en el poder. También es lógico que el nuevo Gobierno, salido de las urnas tras un vuelco electoral inesperado, sea el encargado de devolver la esperanza sustraída por la barbarie terrorista y sea el depositario del deber de recuperar la ilusión perdida. No puede ser de otra manera.

En materia de Justicia hubo dos factores que indujeron a pensar que el cambio podía tener fuertes raíces: el nombramiento de Juan Fernando López Aguilar como Ministro de Justicia y el programa electoral socialista, que contemplaba un aumento de medios materiales y humanos y un plan de choque de actualización de la Justicia.

La trayectoria de López Aguilar era de sobra conocida: un jurista de reconocido prestigio y una personalidad abierta y dialogante. Además, se unía a esto que fue impulsor, junto Ángel Acebes, del Pacto para la Reforma de la Justicia, suscrito por el Partido Popular y el Partido Socialista Obrero Español el 31 de mayo de 2001, cuyo objetivo era poner al día en todo a una Justicia que se había quedado anticuada.

Sus palabras, ante la Comisión de Justicia del Congreso de los Diputados, el 25 de mayo pasado, nos indujeron a pensar que López Aguilar tomaría el testigo y reimpulsaría el Pacto, aunque llamándolo de otra forma y con alguna modificación añadida. Entonces se refirió al "penelopismo", ya saben, la estrategia que aplicó Penélope, la mujer de Ulises, para ganar tiempo y evitar casarse de nuevo porque creía firmemente que su marido no estaba muerto y que algún día volvería a Ítaca. "El día que termine de tejer el sudario de Laertes me casaré", anunció Penélope a todos sus pretendientes. Lo que no contó es que durante el día tejía y por la noche lo destejía, con lo que nunca terminaba.

López Aguilar se mostró como un pragmático. Lo suyo no era el "penelopismo". No eran dos pasos adelante y uno atrás. Ni tampoco la búsqueda del impacto mediático a toda costa. "Ni legislar precipitadamente", dijo. "La primera meta de cualquier gobierno progresista y solidario ha de ser que la justicia funcione como un servicio de calidad, rápido, eficaz, ágil, pero también y sobre todo, no discriminatorio, es decir, igualitario". Son palabras que pronunció aquel día ante sus señorías, los diputados.

Sorpresa

El problema con las palabras es que el que las pronuncia se convierte en su esclavo. De ahí mi sorpresa cuando López Aguilar, garante como Ministro de Justicia del principio de legalidad constitucional de los proyectos de Ley preparados por el Gobierno, apoyó de forma incondicional e incondicionada el polémico proyecto de Ley Integral contra la Violencia de Género, sobre el que el Consejo General del Poder Judicial emitió un informe crítico. ¿Por qué? Porque entendimos que era un proyecto de Ley "poco hecho", poco jurídico -técnicamente hablando-, y precipitado en su elaboración. Tenía que ser presentado a toda costa ante el Parlamento antes del 30 de junio porque así lo había comprometido José Luis Rodríguez Zapatero, el presidente del Gobierno.

En este sentido, la calidad y claridad de las leyes es elemento imprescindible para alcanzar ese bien tan preciado que es la seguridad jurídica. Una cosa es el debate político, con su carga retórica, y cosa bien distinta es el sentido común y rigor que debe inspirar la acción de gobierno de cualquier poder del Estado. Creo que desde el CGPJ hemos dado muestras de que este principio ha motivado nuestra actuación.

No hay duda de que nos encontramos ante un grave problema que afecta básicamente a las mujeres y que una sociedad moderna no puede tolerar. Tampoco hay duda de que desde el Consejo no se ha discutido la necesidad y oportunidad de una "iniciativa ambiciosa" que pretende atajar de forma integral este lacra social.

Es decir, compartimos la filosofía y urgencia del proyecto; compartimos la necesidad de discriminar positivamente a favor de las mujeres maltratadas con la idea de modificar hábitos de conducta; compartimos la inclusión en una Ley de medidas de sensibilización e intervención social para erradicar esta locura; compartimos la oportunidad de establecer un catálogo de derechos de las mujeres víctimas de la violencia; en conclusión, compartimos muchas cosas.

Las discrepancias se refieren exclusivamente al concepto, mal concebido, de discriminación positiva que produce desigualdad y a la idoneidad de los mecanismos penales y judiciales diseñados por el actual Gobierno, para combatir este grave problema, basados más en la espectacularidad que en la eficacia y la racionalidad.

Lo que nos movió a los miembros del CGPJ fue el hecho de que el proyecto de Ley introducía el principio de desigualdad penal y judicial por razón de sexo. Si fuera aprobada tal como nos llegó es evidente que habrá una "Justicia de Primera", más rápida y con más medios, para las mujeres víctimas de maltrato en el seno de la familia, y una "Justicia de Segunda", más lenta y con menos medios, para el resto. Da lo mismo que la persona maltratada sean el cónyuge, mayores o menores, que convivan dentro de la familia. Tales colectivos, asimismo maltratados en el ámbito intrafamiliar, aún siendo pocos respecto a las mujeres, también existen.

Las leyes, si queremos que perduren, no pueden hacerse desde el sentimiento y la premura sino que hay que elaborarlas desde la razón y la reflexión, aunque con un cierto grado de sentimiento. El ordenamiento jurídico es un sistema armónico que debe ser mimado y cuidado en aras a la seguridad jurídica. Es sorprendente que López Aguilar no sepa verlo así. Tampoco creía, es cierto, que vería a un Partido Socialista conseguir, consecuencia de un progresismo mal entendido, que una Ley necesaria que debería unirnos a todos esté dividiendo a la sociedad española.

Como he dicho antes, la apuesta del Partido Socialista era por una Justicia como servicio público de calidad, rápido, eficaz y ágil y con medios económicos y humanos suficientes.

Efectivamente, en su programa electoral se decía que el gasto directo en Justicia aumentaría de "modo inmediato" en no menos de 180 millones de euros anuales (30.000 millones de las antiguas pesetas) y proseguiría de modo sostenido con la mira puesta en conseguir a medio plazo un dos por ciento del total del Presupuesto del Estado.

Por otro lado, el Ministro manifestaba en una entrevista del diario Expansión (15 de junio de 2004): "Una buena Justicia mejora el crecimiento económico y su estabilidad". Todo indicaba que el actual Gobierno iba a apostar por los Juzgados de lo Mercantil, en los que se dirimirán los conflictos propios del ámbito empresarial de una manera rápida y diligente, de acuerdo con las nuevas realidades sociales.

Muchos empresarios así lo creyeron. En el mundo moderno que nos ha tocado vivir la Justicia es una garantía de seguridad jurídica para todos, ciudadanos y también empresas. Es un signo que todos los países serios y solventes poseen.

La sorpresa ha sido mayúscula cuando hemos encarado esta "asignatura pendiente". Desde el CGPJ pedimos que se crearan 48 nuevos Juzgados de lo Mercantil, y lo apoyamos con un informe serio y riguroso en el que describíamos las necesidades existentes en toda España. El Gobierno nos respondió con el anuncio de la creación, este año, de 24 Juzgados exclusivos y 12 que, aunque denominados Juzgados de lo Mercantil, son realmente mixtos ya que sus competencias abarcarán asuntos de lo mercantil, civil y en ciertos casos penal.

Desde mi punto de vista, existe cierto "miedo escénico" por parte del Ministerio de Justicia dado que los conflictos de empresa no son tan populares ni tienen tanta trascendencia como aquellos de contenido social, que afectan a un número superior de ciudadanos. No obstante, hay que reconocer que el mundo empresarial ayuda a generar riqueza y crear puestos de trabajo, lo que hace necesario establecer el marco adecuado que permita las mínimas condiciones de seguridad que contribuyan a un crecimiento y desarrollo económico sostenido.

El número de los Juzgados de lo Mercantil es, a todas luces, insuficiente para la carga de trabajo esperada, sobre todo en las grandes ciudades donde, previsiblemente, nazcan colapsados desde el principio.

No ha habido ganas, a pesar del apoyo de las Comunidades Autónomas (que son las que realmente soportarían el 85 por ciento del coste), de las expectativas generadas en el mundo empresarial, de dotar a este proyecto, desde su inicio, con los medios necesarios para que tenga éxito.

Otra "sorpresa" fue el anuncio de la modificación del proceso penal en el que la instrucción, la investigación de los delitos, pasaría del actual modelo, de juez de instrucción, a otro en el que el fiscal asumiría esas funciones, al estilo anglosajón. López Aguilar llegó a anunciar, en la mencionada comparecencia ante el Parlamento, la creación de 600 nuevas plazas de fiscales en la actual legislatura.

Con independencia del debate dogmático, cualquier decisión en materia de justicia debe contemplar dos aspectos fundamentales: Cuánto va a costar y qué efectos va a producir sobre la Administración de Justicia básicamente en cuanto a las dilaciones y retrasos (la lentitud es la principal "enfermedad" que aqueja al sistema judicial).

El calado de la reforma era de tal magnitud que treinta y un día después, el 1 de julio, se propuso que la implantación del nuevo sistema se retrasase hasta el 2010. Esto es innegable que ha creado una imagen de improvisación que no beneficia a la Justicia.

Una nueva sorpresa es que ese incremento de medios económicos para la Justicia no se producirá de forma inmediata sino que habrá que esperar hasta el presupuesto del año 2005, habiéndose dado instrucciones por el Ministerio a los diferentes Tribunales Superiores de Justicia en el sentido de que no hay disponibilidad presupuestaria para pagar a magistrados suplentes y jueces sustitutos (jueces que sustituyen a los jueces profesionales por vacaciones, estudios, enfermedades, etc), lo que ha generado una honda preocupación en el sector de la Justicia por los efectos distorsionadores que esta medida pudiera generar.

Adicionalmente, el Ministerio de Justicia ha enviado una carta al Consejo General del Poder Judicial y a todos los Presidentes de Tribunales Superiores de Justicia en las que nos ha dicho que tienen agotado el presupuesto para medidas de refuerzo. Eso quiere decir que, al menos temporalmente, no va a haber jueces de apoyo para continuar poniendo al día los tribunales que tienen más retrasos de toda España.

Por último, se percibe una cierta lentitud en la puesta en marcha de medidas adoptadas por el equipo del Gobierno anterior en relación con la nueva Oficina Judicial, la modernización tecnológica de nuestra Administración de Justicia así como los juicios rápidos civiles, por los que el Partido Popular hizo una fuerte apuesta.

Controversia

Todas estas decisiones con incidencia económica han sido justificadas en la falta de partidas presupuestarias suficientes para hacer frente a las necesidades de una Justicia dinámica. Esto, evidentemente, ha provocado una fuerte controversia. La culpa de todo lo que está sucediendo -y era de esperar-, es del anterior equipo ministerial. Los que se han marchado siempre tienen la culpa. Son los "cabezas de turco" perfectos, aunque sea la primera vez después de ocho años de Gobierno del Partido Popular que se paralizan momentáneamente los Planes de Actuación que estaban en marcha.

Estupor

El estupor nos ha llegado al filo del verano por los mensajes lanzados desde el Ministerio de Justicia y manifestaciones realizadas por el titular de esa cartera. Mensajes para recordar que existen "técnicas jurídicas" para forzar el consenso en el seno del Consejo General del Poder Judicial y manifestaciones exigiendo a este órgano constitucional "sensibilidad" hacia el pluralismo existente en la sociedad española.

Son mensajes y declaraciones que atentan contra el principio de división de poderes y la independencia judicial. Máxime si se tiene en cuenta que este tipo de manifestaciones lo que busca es una mayor capacidad de presión y negociación en la política de nombramientos del CGPJ para quienes representan única y exclusivamente el 10 por ciento de la carrera judicial. Es decir, se pretende que una asociación minoritaria pueda elegir al 40 por ciento de los cargos discreccionales a través de las mayorías reforzadas, soslayando de esta forma el principio de mérito y capacidad de los candidatos.

Las mayorías reforzadas en política de nombramientos son, a mi juicio, un tema planteable. Es un criterio no rechazable per sé, siempre y cuando se plantee como una medida que garantice la toma decisiones importantes. Sin embargo, es a todas luces rechazable cuando lo que se busca es defender intereses corporativos dotándoles "ex lege" (por imperio de la ley) de mayor capacidad de presión y negociación que lo que realmente representan dentro de la carrera judicial.

Por otra parte, no debe olvidarse que lo que el ciudadano reclama es que a los tribunales de mayor categoría accedan los mejores jueces dentro de la carrera judicial y que la diversidad política no sea, en ningún caso, un mérito para obtener este fin.

En este sentido se ha introducido una dinámica que deslegitima las tomas de decisión en el Pleno del CGPJ. Se trata de dar la impresión de que un nombramiento por mayoría "no es bueno", "no es democrático", que es producto del "rodillo". Esto es muy peligroso porque en esos discursos explicativos, cuando los datos acreditan que no existe rodillo, se suele mezclar una pequeñísima porción de verdad y un mucho de demagogia que sin duda daña la imagen de la Justicia.

El balance, cien días después, en el tema de la Justicia no puede ser más evidente: estupor rodeado de controversia, vacunados contra la sorpresa y a punto de perder la ilusión. Sin embargo, la esperanza es lo último que se pierde si existiendo talento, y el Ministro aparentemente lo tiene, hay ganas de escuchar y dialogar a la vez que trabajar de forma coordinada y pensando en un objetivo común: "LA JUSTICIA".

*Vocal del CGPJ