ESPECIAL
OPINIÓN 2005 |
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Manuel
Marín
Una reforma tan urgente como
merecida
15/12/2004 |
A nadie se le oculta que el Congreso es
percibido por la mayoría de los ciudadanos
como una institución alejada de sus intereses,
apartada de la actualidad, lenta y anquilosada.
Los datos que arrojan las encuestas de opinión
no dejan lugar a dudas: el Parlamento figura
entre las instituciones que menos confianza
despiertan en la ciudadanía, y el 70% de
los españoles tiene poco o ningún interés
en las actividades que se desarrollan en
la Carrera de San Jerónimo.
Esta situación preocupante no es nueva.
Tampoco lo es el intento de reformar el
Congreso. Desde hace más de 15 años se ha
intentado modificar el Reglamento de la
Cámara con unos objetivos claros: incorporar
la actualidad al debate político, ejercer
un control efectivo sobre el Ejecutivo,
y responder con celeridad y eficacia a las
necesidades de los ciudadanos. En suma:
colocar al Parlamento en el centro de la
vida pública española. El motivo por el
que los bienintencionados intentos de legislaturas
anteriores no prosperaron parece ser siempre
el mismo: el Congreso y su reforma se convertían
irremediablemente en el ajuste final de
los encuentros y desencuentros de la política
española.
Por eso, es necesario acometer esta medida
ahora, con la legislatura estrenada hace
no demasiados meses. Porque una vez inmersos
en la agenda política del año que viene,
el referéndum sobre la Constitución Europea
o la reforma de los Estatutos de Autonomía,
será muy difícil llevarla a cabo sin interferencias
ajenas a lo que son las necesidades del
Parlamento. Y es necesario aclarar que una
tramitación ágil no perjudicará la calidad
de la reforma por una razón de peso: somos
herederos de los consensos y pactos alcanzados
durante todo este tiempo. Hace ya dos años
y medio se cifraba el acuerdo sobre el nuevo
Reglamento en un 85%. Sólo asuntos como
el uso de las lenguas cooficiales necesitan
aún de un mayor consenso.
¿Cuáles son los principales puntos esta
reforma con la que pretendemos "poner
al día" a la Cámara Baja? Básicamente,
los siguientes:
Reforzar y agilizar el control que, desde
el Legislativo se ejerce sobre el Ejecutivo:
resulta difícil de entender que entre la
presentación de las preguntas para la sesión
de control y su efectiva formulación en
el Pleno pase una semana, tiempo más que
suficiente para que el asunto sobre el que
se inquiere haya dejado de tener interés.
Con el nuevo Reglamento las preguntas podrían
presentarse hasta con 24 horas de antelación,
con lo que el control al Gobierno versaría
sobre temas de máxima actualidad. Además,
se podrá interpelar al presidente del Ejecutivo
con una frecuencia aproximada de una vez
por trimestre, en lo que puede considerarse
un mini debate de política general.
En el procedimiento legislativo, trasladar
las cuestiones técnicas a las Comisiones,
y reservar la parte política y generalista
para el debate en el Pleno, que ganaría
en interés. No es extraño que a los
ciudadanos les resulten incomprensibles
y farragosos los debates legislativos en
el Hemiciclo: hay que reservarlos para valorar
la oportunidad de las normas y el trabajo
de las Comisiones, pero las votaciones sobre
enmiendas deben tratarse en Comisión, y
no en el Pleno.
Crear una oficina presupuestaria,
encargada de verificar la ejecución del
gasto presupuestario y de dotar a las cuentas
públicas de una mayor transparencia y control.
Reformar las condiciones para la constitución
de grupos parlamentarios, de forma que
se adecuen mejor a la realidad política
y social.
Potenciar el papel del diputado individual,
favoreciendo turnos de libre intervención
en los grandes debates. Probablemente nos
sorprenderá la capacidad y el talento de
muchos de nuestros representantes.
Cambiar los requisitos para constituir
comisiones de investigación. Con el
nuevo Reglamento, una vez presentada la
solicitud de creación por un grupo parlamentario
se entenderá constituida si en 15 días ningún
grupo se opone. Y dicha oposición habrá
de fundamentarse por mayoría absoluta.
Estos son, en suma, los pilares en que,
creo, debe asentarse el nuevo Reglamento
del Congreso de los Diputados. Confiemos
en que, ni la batalla política diaria, ni
los vaivenes de los dos principales partidos
(cuando se pasa de la oposición al Gobierno,
se sigue "queriendo" al Parlamento,
pero quizás algo menos que antes, y viceversa),
den al traste con una reforma que esta casa
lleva quince años mereciendo.
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