 |
 |
Rafael
Torres
La ultraderecha
24/01/2005 |
Se
sabía que la inexistencia en España de un
partido fuerte de ultraderecha obedecía
al hecho de que encontraba su sitio al sol
de la política en el ala extrema del PP,
pero a pocos se les ocurrió pensar qué pasaría
en el caso, producido desgraciadamente en
los últimos tiempos, de que representantes
de ese sector de la extrema derecha pasaran
a controlar órganos de dirección del partido
de la calle de Génova. A los pocos que sí
se nos ocurrió no puede extrañarnos, aunque
sí sumirnos en la más absoluta consternación,
lo sucedido en Madrid durante la manifestación-trampa
que, so capa de reafirmar el apoyo social
a las víctimas del terrorismo de ETA, no
tenía otro objetivo que hostigar, insultar
y desacreditar al Gobierno de España, y
justo cuando éste, por cierto, había señalado
a la ciudadanía un portillo de esperanza
para acabar para siempre, de una vez por
todas, con la violencia etarra.
Según Interior, no fueron nazis, ni cabezas
rapadas, ni marginales de la cruz gamada,
quienes agredieron al ministro de Defensa,
Bono, que asistía a título particular,
entre la gente, a la manifestación: fueron,
cual nos muestran las fotos, personas 'normales',
si es que cabe calificar de normales a quienes,
tras intoxicarse con arengas radiofónicas
franquistas al más puro estilo Queipo
de Llano, convierten un acto contra
la violencia en un acto violento y cobarde.
Los "mueras" de la manifestación
no iban dirigidos a ETA, sino a los miembros
del Gobierno, en tanto que los "vivas"
de ese aquelarre fruto del fanatismo y la
sinrazón iban dirigidos a Acebes,
el duro que representa, al parecer, a esa
grey vociferante y con la mano suelta. Las
declaraciones del presidente de la Asociación
Víctimas del Terrorismo, en las que venía
a justificar los incidentes por la ausencia
del presidente del Gobierno y del Comisionado
Peces-Barba (¿para qué querían que
estuvieran? ¿Para que fueran injuriados
y golpeados también?) no vino sino a reforzar
el paisaje severamente manipulado y antidemocrático
que el extremismo de derecha, despreciando
a las víctimas y a cualquier atisbo de paz,
pintó con colores sombríos, el pasado sábado,
en Madrid. |
|
|