El presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero,
está a punto de perder una magnífica oportunidad de empezar
a poner los cimientos de la paz en el País Vasco y en España.
Aunque dice estar dispuesto a arriesgar por la paz, los hechos
no se corresponden con sus palabras.
A las primeras de cambio, en su primera ocasión de llevar
a la práctica política real su ya famoso talante, no va a
hacer otra cosa sino seguir la estela de Aznar manteniendo
ilegalizada a la Izquierda Abertzale e impidiendo, en consecuencia,
su participación normalizada en las próximas elecciones autonómicas
en Euskadi. El sector del socialismo vasco que encabeza Gema
Zabaleta con Odón Elorza y que apuesta por la legalización
sigue siendo minoritario, incapaz de hacer ver a sus compañeros
de partido que es imposible construir la paz a partir de la
exclusión de una de las partes en conflicto.
Paradójicamente, en los centros de poder del tripartito se
ha instalado el convencimiento de que el PSOE y la Izquierda
Abertzale tienen la cocina lista y a fuego lento, que están
hablando y negociando en profundidad; de ahí deducen que aún
es probable la sorpresa y que el Gobierno de Zapatero permita
a Batasuna presentarse a las elecciones del 17 de abril. Un
destacado dirigente peneuvista se mostraba hace pocos días
convencido de que ésa es una posibilidad real y de que todavía
hay tiempo de que se vea confirmada por los hechos.
Charlas informales
El análisis que hace la Izquierda Abertzale es, sin embargo,
radicalmente distinto. Sus dirigentes confirman, nunca lo
han ocultado, que sí, que han hablado con dirigentes socialistas,
pero en conversaciones de escasa profundidad de contenidos,
sin que existiera un serio planteamiento de fondo ni, mucho
menos, una negociación. Más podría hablarse de charlas hasta
cierto punto informales que de ninguna manera dejan vislumbrar
un cambio en la estrategia del Estado contra el independentismo
vasco. En contra de las sospechas del PNV, en Batasuna nadie
duda de que la Justicia española prohibirá su presencia en
los comicios y es ésta la hipótesis en que se trabaja. A su
juicio, el rumor que el tripartito trata de extender en sentido
contrario obedece a su temor de que el capital político de
la Izquierda Abertzale pueda trastocar el esquema bipolar
que, según Batasuna, tenían previsto los partidarios del Plan
Ibarretxe de cara a las elecciones: un escenario electoral
reducido a dos opciones (el lehendakari y Patxi López)
que ahora, tras los últimos acontecimientos (la propuesta
de paz del Velódromo de Anoeta y el apoyo parcial de Sozialista
Abertzaleak al Plan Ibarretxe), empieza a tomar forma de triángulo,
uno de cuyos vértices pasaría a ser ocupado por la formación
que lidera Arnaldo Otegi.
En las urnas
En cualquier caso, legalizada o no, la Izquierda Abertzale
estará en las urnas. Es más, cabe la posibilidad de que sea
la propia Batasuna, con su nombre y apellidos, la que se presente,
sin recurrir a presentar "listas limpias" que tampoco
serían aceptadas por el Estado. En la Izquierda Abertzale
existe la creencia de que no es momento de intentar subterfugios
legales que en la práctica no conducen a nada, de que ha llegado
la hora de mostrar el carácter antidemocrático de un Estado,
el español, que hurta sus derechos civiles y políticos a miles
de vascos y vascas.
La cuestión, en cualquier caso, no es si Batasuna puede presentarse
o no de forma normalizada; el problema de fondo es otro: si
la Izquierda Abertzale no está presente en el próximo Parlamento
Vasco, éste será un foro invalidado desde su constitución
para lograr la paz, lo que significaría un obstáculo más para
la consecución de un objetivo que debería ser prioritario
para todos. Sería paradójico, además de un error, que el problema
más grave de la sociedad vasca no pudiera ser resuelto en
la Cámara que representa la voluntad popular. Habría que constituir
un nuevo foro o mesa donde la presencia de la Izquierda Abertzale
sería imprescindible. El presidente de los socialistas vascos,
Jesús Eguiguren, también lo ve así, tal y como confesaba
días atrás al diario Gara en una entrevista. Eguiguren admitía
que los votos que pueda conseguir Batasuna, aunque no contabilicen
para la formación del Parlamento, sí deberán ser tenidos en
cuenta a la hora de crear una hipotética mesa para la resolución
del conflicto. No deja de ser una demostración de cinismo
que eso lo diga alguien que apoya la ilegalización, aunque
sí son declaraciones entendibles en periodo preelectoral.
Y es que animar, aunque sea indirectamente, el voto a Batasuna
es una buena forma de restar fuerza a Ibarretxe, el gran rival
de los socialistas.
Compás de espera
Es lo triste de la actual situación. La cercanía de las elecciones
hace que la principal preocupación de los partidos sea garantizarse
cotas de poder, dejando en un segundo plano la apertura de
un proceso de paz real. Por eso, hasta el 18 de abril, hasta
conocer los resultados electorales, será difícil que algo
se mueva en Euskadi. Será entonces, cuando los ciudadanos
den su veredicto, cuando unos y otros empiecen a mover ficha.
Eso sí, un sector del PNV, más preocupado por gestionar instituciones
que por lograr la paz, lo tiene claro desde ya: si Ibarretxe
no logra la mayoría absoluta, no hay otra vía que no sea pactar
con el PSE a cambio de rebajar los contenidos del Nuevo Estatuto
Político rechazado en el Congreso. Al margen de que eso pueda
significar la ruptura de su coalición con EA, la pregunta
a responder es si ése es el camino que lleva a la paz.
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