Carlos Dronda
Zapatero no arriesga en Euskadi
21/02/2005

El presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, está a punto de perder una magnífica oportunidad de empezar a poner los cimientos de la paz en el País Vasco y en España. Aunque dice estar dispuesto a arriesgar por la paz, los hechos no se corresponden con sus palabras.

A las primeras de cambio, en su primera ocasión de llevar a la práctica política real su ya famoso talante, no va a hacer otra cosa sino seguir la estela de Aznar manteniendo ilegalizada a la Izquierda Abertzale e impidiendo, en consecuencia, su participación normalizada en las próximas elecciones autonómicas en Euskadi. El sector del socialismo vasco que encabeza Gema Zabaleta con Odón Elorza y que apuesta por la legalización sigue siendo minoritario, incapaz de hacer ver a sus compañeros de partido que es imposible construir la paz a partir de la exclusión de una de las partes en conflicto.

Paradójicamente, en los centros de poder del tripartito se ha instalado el convencimiento de que el PSOE y la Izquierda Abertzale tienen la cocina lista y a fuego lento, que están hablando y negociando en profundidad; de ahí deducen que aún es probable la sorpresa y que el Gobierno de Zapatero permita a Batasuna presentarse a las elecciones del 17 de abril. Un destacado dirigente peneuvista se mostraba hace pocos días convencido de que ésa es una posibilidad real y de que todavía hay tiempo de que se vea confirmada por los hechos.


Charlas informales

El análisis que hace la Izquierda Abertzale es, sin embargo, radicalmente distinto. Sus dirigentes confirman, nunca lo han ocultado, que sí, que han hablado con dirigentes socialistas, pero en conversaciones de escasa profundidad de contenidos, sin que existiera un serio planteamiento de fondo ni, mucho menos, una negociación. Más podría hablarse de charlas hasta cierto punto informales que de ninguna manera dejan vislumbrar un cambio en la estrategia del Estado contra el independentismo vasco. En contra de las sospechas del PNV, en Batasuna nadie duda de que la Justicia española prohibirá su presencia en los comicios y es ésta la hipótesis en que se trabaja. A su juicio, el rumor que el tripartito trata de extender en sentido contrario obedece a su temor de que el capital político de la Izquierda Abertzale pueda trastocar el esquema bipolar que, según Batasuna, tenían previsto los partidarios del Plan Ibarretxe de cara a las elecciones: un escenario electoral reducido a dos opciones (el lehendakari y Patxi López) que ahora, tras los últimos acontecimientos (la propuesta de paz del Velódromo de Anoeta y el apoyo parcial de Sozialista Abertzaleak al Plan Ibarretxe), empieza a tomar forma de triángulo, uno de cuyos vértices pasaría a ser ocupado por la formación que lidera Arnaldo Otegi.


En las urnas

En cualquier caso, legalizada o no, la Izquierda Abertzale estará en las urnas. Es más, cabe la posibilidad de que sea la propia Batasuna, con su nombre y apellidos, la que se presente, sin recurrir a presentar "listas limpias" que tampoco serían aceptadas por el Estado. En la Izquierda Abertzale existe la creencia de que no es momento de intentar subterfugios legales que en la práctica no conducen a nada, de que ha llegado la hora de mostrar el carácter antidemocrático de un Estado, el español, que hurta sus derechos civiles y políticos a miles de vascos y vascas.

La cuestión, en cualquier caso, no es si Batasuna puede presentarse o no de forma normalizada; el problema de fondo es otro: si la Izquierda Abertzale no está presente en el próximo Parlamento Vasco, éste será un foro invalidado desde su constitución para lograr la paz, lo que significaría un obstáculo más para la consecución de un objetivo que debería ser prioritario para todos. Sería paradójico, además de un error, que el problema más grave de la sociedad vasca no pudiera ser resuelto en la Cámara que representa la voluntad popular. Habría que constituir un nuevo foro o mesa donde la presencia de la Izquierda Abertzale sería imprescindible. El presidente de los socialistas vascos, Jesús Eguiguren, también lo ve así, tal y como confesaba días atrás al diario Gara en una entrevista. Eguiguren admitía que los votos que pueda conseguir Batasuna, aunque no contabilicen para la formación del Parlamento, sí deberán ser tenidos en cuenta a la hora de crear una hipotética mesa para la resolución del conflicto. No deja de ser una demostración de cinismo que eso lo diga alguien que apoya la ilegalización, aunque sí son declaraciones entendibles en periodo preelectoral. Y es que animar, aunque sea indirectamente, el voto a Batasuna es una buena forma de restar fuerza a Ibarretxe, el gran rival de los socialistas.


Compás de espera

Es lo triste de la actual situación. La cercanía de las elecciones hace que la principal preocupación de los partidos sea garantizarse cotas de poder, dejando en un segundo plano la apertura de un proceso de paz real. Por eso, hasta el 18 de abril, hasta conocer los resultados electorales, será difícil que algo se mueva en Euskadi. Será entonces, cuando los ciudadanos den su veredicto, cuando unos y otros empiecen a mover ficha. Eso sí, un sector del PNV, más preocupado por gestionar instituciones que por lograr la paz, lo tiene claro desde ya: si Ibarretxe no logra la mayoría absoluta, no hay otra vía que no sea pactar con el PSE a cambio de rebajar los contenidos del Nuevo Estatuto Político rechazado en el Congreso. Al margen de que eso pueda significar la ruptura de su coalición con EA, la pregunta a responder es si ése es el camino que lleva a la paz.